Rojo sangre (Mindf*ck 5) Capítulo 18. Logan
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Capítulo 18. Logan

LOGAN

No aman aquellos que no muestran su amor.

—W ILLIAM S HAKESPEARE

Cuando llego, hay una nota en la puerta. La arranco y la leo mientras sacudo la cabeza. Me guardo el papel en el bolsillo y entro sin llamar.

Encuentro al hombre en la habitación del fondo, en un estado de salud bastante deteriorado. Está en una cama de hospital, conectado a monitores y goteros, probablemente con el fin de mitigar el dolor lo justo para que no pierda el conocimiento.

Tiene los parpados caídos cuando me ve, y yo acerco una silla y me quedo mirándolo fijamente. El tubo que tiene en la boca le impide hablar, pero existen otras formas de obtener respuestas. Al fin y al cabo, soy perfilador. Las microexpresiones son mi especialidad.

—Me alucina que Lana siga sorprendiéndome —digo en voz baja.

Parece confundido, y yo sonrío porque sé que no tiene ni idea de quién es Lana.

—Un psicópata con tendencias narcisistas —afirmo con un suspiro—.

Ese debió de ser el perfil. Un psicópata puede fingir empatía.

Es capaz de imitar la culpa, el remordimiento e incluso el dolor emocional.

Hasta puede convertirse en un actor creíble con una vida bien organizada.

Para ser sinceros, eso los convierte en los más difíciles de detectar.

A veces uno no sabe que su vecino es un psicópata.

Hago un gesto con la mano señalando la casa aparentemente inofensiva en la que vive.

—Tardé un poco en darme cuenta, pero, cuando lo hice, todas las piezas encajaron en su sitio. La madre de Victoria era preciosa, si es que las fotos le hacían justicia —digo, inclinándome hacia delante con los ojos fijos en los suyos.

La máquina que le monitorea el pulso pita un poco más rápido al mencionar a Jasmine Evans.

—Hasta en el momento de su muerte en ese accidente de coche, seguía siendo igual de hermosa que en el instituto.

Es curioso que nunca se me ocurriera investigar su pasado.

Al fin y al cabo, todas las víctimas eran muy parecidas a ella de joven, con la excepción de Rebecca Cannon.

Pero ella murió por un motivo diferente.

Alguien quería que el sheriff se dejara cegar por la ira y estuviera dispuesto a acabar con cualquiera con tal de castigar a alguien.

Me recuesto en la silla, estudiando su expresión cuando entrecierra los ojos. El monitor emite un pitido un poco más rápido.

—Su novio del instituto aparecía con ella en una de las fotos del baile de graduación. No puedo creer que nunca me diera cuenta. Pero en aquel momento tenía la mente ocupada con un asesino completamente diferente. Que resultó ser la chica a la que amo junto con un tipo conocido como Jake Denver.

El monitor comienza a pitar mucho más rápido y sus ojos acusan la sorpresa.

—Victoria Evans no murió esa noche. Jake le salvó la vida.

De nuevo, el aparato empieza a pitar como loco.

—Era guapísima, como su madre, y es sor­pren­dente que Jake, quien apreciaba tanto la belleza masculina como la femenina, nunca la viera como otra cosa que una hermana.

Pero él estaba enamorado de su hermano. Odiaba a todos los que habían contribuido a provocar el desastre que acabó con el amor de su vida.

Él no aparta la mirada, incapaz de hablar, y sé que eso lo está matando.

Un hombre enamorado del poder se encuentra ahora confinado en una cama, viviendo con un dolor agoni­zante y una infinita sensación de impotencia.

Ni siquiera ahora puede articular palabra por el tubo que tiene en la garganta y que lo mantiene con vida, así que lo único que puede hacer es escuchar.

—Ni siquiera puedes mear sin un catéter, ¿a que no? —le pregunto, y entonces me doy cuenta de que las sábanas están mojadas—. Supongo que Olivia decidió quitártelo en tus últimos momentos.

Mis ojos vuelven a encontrarse con los suyos, y percibo la furia que inunda su mirada.

—¿Quieres escribir una nota? —le pregunto, colocándole un boli en su mano dominante.

Intenta agarrarlo torpemente con la mano izquierda, pero no lo consigue y se le cae al suelo. Sonrío como un sádico hijo de puta, que es como me siento ahora mismo. Me complace verlo sufrir.

—De todos modos, prefiero hablar yo —digo encogiéndome de hombros—.

Olivia era la última pieza del rompecabezas.

Me preguntaba por qué Lana… ¿He dicho ya que Victoria es Lana?

Bueno, que por qué ella y Jake no se habían molestado en ir a por el hombre que había iniciado el efecto dominó.

Pero yo estaba buscando una tortura y una muerte similares a las de todos los demás.

Los pitidos del monitor se hacen cada vez más intensos.

—Sin embargo, ellos ya lo tenían todo planeado.

Y comenzaron a torturarte mucho antes que al resto.

Olivia era hermana de Caroline, una de las víctimas originales.

A diferencia de Caroline, Olivia no se parecía en nada a la hermosa Jasmine Evans.

Su pelo rojo y su tez más clara le resultaban indiferentes al asesino, que buscaba matar a la misma mujer una y otra vez.

Olivia defendió a Robert Evans, dijo que era imposible que él fuera capaz de cometer tales atrocidades.

Ella conocía a Robert, que había estado a solas con su hermana en innumerables ocasiones, siempre echándole una mano para arreglar cualquier cosa que se estropeara en su casa, ya que Olivia estudiaba y ninguno de las dos podía permitirse contratar a un profesional.

Suspiro larga y profundamente, pensando en cómo la vida pudo ser tan cruel con un hombre tan bueno.

—Robert nunca les cobró nada. Era un tipo estupendo.

Probablemente fue por eso por lo que Jasmine se enamoró de él y se olvidó de un hombre que solo era capaz de amarse a sí mismo.

Y seamos sinceros, ese hombre buscó a otra mujer, pero la única persona que le hizo sentir el dolor del rechazo fue la que se enamoró de un hombre que estaba tan por debajo de él que resultaba repugnante.

Odiabas a Robert Evans, pero se te daba muy bien ocultarlo.

Le miro a los ojos, que siguen ardiendo de odio hacia mí, mientras desenmascaro su magistral disfraz.

—Lo odiabas con toda tu alma, pero fingías ser su mejor amigo incluso mientras dirigías la investigación hacia él con el fin de castigarlo por haberte quitado a una mujer. A un hombre como tú . ¿Cómo se atrevía, verdad? ¿Me estoy olvidando de algo, Christopher Denver?

El monitor emite pitidos cada vez más rápidos, lo que me indica que su enfado sigue aumentando.

—Debería haberme dado cuenta de que colocabas todos tus galardones en la parte más alta de las paredes, por encima de los de tu hijo.

Debería haber prestado atención a todas las gra­baciones que guardabas del juicio.

Y a los numerosos vídeos que tenías de Jasmine Evans. Reconociste su voz nada más oírla.

Saco una copia del mismo archivo que preparé para Collins.

—Tu esposa murió después de caer con su coche por un puente.

Murió cuando tu hijo era pequeño. Nadie cuestionó los sospechosos moretones que tenía.

Todo el mundo lo achacó al accidente. Pero no fue un accidente, ¿verdad?

La castigabas constantemente porque Jasmine había elegido a Robert en lugar de a ti, y acabó con su sufrimiento de la única forma que pudo.

Paso a la siguiente página.

—Tu primer asesinato fue en el aniversario de la ruptura con Jasmine. Fue el mismo día de su primera cita con Robert, algo que el perfil había sugerido como detonante de él en lugar del tuyo.

Vuelvo a pasar la hoja y empiezo a leer los datos que he recopilado desde que descubrí la implicación de Olivia.

—Mencionaste que tenías que obligar a tu hijo a venir en vacaciones, pero no hice el cálculo hasta más tarde.

Al fin y al cabo, las disputas familiares suelen ser habituales.

Simplemente no fui consciente de lo mucho que te odiaba hasta que por fin lo comprendí todo.

Jake pasaba más tiempo con la familia Evans que en su propia casa porque incluso entonces ya te odiaba.

No obstante, no supo con certeza que eras un monstruo hasta el año pasado, cuando finalmente lo descubrió todo, más o menos en navidades.

Levanto el expediente e intenta leer entre líneas lo que estoy diciendo. Pensó que era demasiado brillante como para que lo descubrieran.

No tiene ni idea. Su propia arrogancia será su perdición.

—Te creíste más listo que nadie. Después de todo, te habías ido de rositas en innumerables asesinatos.

No te detuviste ni siquiera cuando Evans fue a la cárcel por los crímenes que tú habías cometido.

Porque después mataste a otra chica, como para burlarte del sheriff, utilizando el mismo modus operandi .

Pero luego imitaste a otros asesinos en serie de todo el país copiando su estilo y atribuyéndoles esas muertes.

Cual­quiera que tuviera una victimología similar a la tuya.

Incluso después de tanto tiempo, seguías queriendo castigar a Jasmine Evans.

Sigo pasando las páginas, repasando los innu­merables movimientos de la tarjeta de crédito que situaban a Jake en esta ciudad durante dos semanas completas, más o menos por la misma fecha en que se realizó la primera llamada telefónica a Olivia precisamente desde esta casa.

—Pero lo que no esperabas es que tu hijo fuese más listo que tú —digo, burlándome del hombre, cada vez más furioso—. Nunca te diste cuenta de que había elaborado un plan aún más complejo y magistral que el tuyo.

Sigue ajeno a lo más interesante.

—El año pasado, cuando tu hijo la llamó, Olivia trabajaba como microbióloga en un prestigioso laboratorio.

Fue justo en la época en que pasó dos semanas seguidas en tu casa, probablemente recopilando todas las pruebas que necesitaba para reafirmar su decisión.

Estoy segura de que se lo contó a Lana… Ya no le hace ni pizca de gracia que la llamen Victoria.

Desvía la mirada mientras empieza a intentar encajar las piezas que voy desgranando.