Capítulo 15. Lana
LANA
Me gustaría yacer a tus pies y morir en tus brazos.
—V oltaire
El dolor se extiende por todo mi cuerpo y lo único que oigo es un rugido constante de disparos interminables.
Grito mientras me hago un torniquete para intentar detener la hemorragia. Me duelen el pecho y la espalda por la cantidad de balas que han impactado en el chaleco, pero no lo han atravesado. Me arde el hombro por el rasguño, aunque queda eclipsado por la bala que me perforó la mano antes.
A continuación, me envuelvo la mano tratando de controlar el temblor mientras lucho contra el dolor. La voz de Jake llega a través de mi auricular, y respiro hondo antes de disparar a los hombres que tengo detrás.
—¡Tienes que salir de una puta vez de ahí, Lana! ¡Saben lo del sótano!
—No puedo —digo con esfuerzo, disparando desde la esquina y acertando a un tipo en la rodilla. Cae al suelo, y su MK 47 sigue descargando balas a lo loco mientras se desploma. Una bala perdida alcanza a otro de los agentes, pero no lo suficiente como para matar a ese cabrón.
—¡Tienes que hacerlo! —espeta Jake—. ¡No has llegado hasta aquí para morirte ahora!
Me niego a dejar que las lágrimas caigan mientras echo la cabeza hacia atrás a tiempo de evitar una nueva ráfaga de disparos. La barrera de escritorios que he construido no seguirá frenando las balas. Los tres juntos solo las aplacarán durante un poco más de tiempo.
—Tengo que hablar con él —digo en voz baja, ahogando un sollozo mientras intento ponerme de pie, pero volviendo a caerme porque me duele demasiado la pierna como para moverla.
—¡No! No vas a despedirte, Lana. No voy a dejar que hables con él. ¡Sal de ahí! La explosión no se puede detener y tú lo sabes. El mecanismo es infalible. Tienes nueve minutos y cincuenta y cuatro segundos.
Golpeo la parte posterior de mi cabeza contra el escritorio con la visión nublada por las lágrimas que se agolpan en mis ojos. Miro fijamente la puerta con desconsuelo. Esos seis metros parecen estar mucho más lejos bajo las interminables ráfagas de fuego implacable.
Son más difíciles de matar de lo que esperaba. No están tan acobardados como habíamos previsto.
En todo lo demás, hemos acertado.
—Te quiero —le digo a Jake, aguantando el dolor mientras me giro para seguir disparando.
—Como te mueras, no te lo perdonaré —dice, enfadado.
Noto la emoción en su voz y siento su angustia desde aquí.
—El fuego se acerca, Lana. Faltan exactamente nueve minutos. Sal. De. Una. Puta. Vez.
—¿Te acuerdas de cuando éramos pequeños y encontramos ese cartucho de dinamita en el sótano de tu padre?
—No, Lana. ¡No hagas esto, joder! —me suplica mientras las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas.
Disparo a ciegas solo para evitar que se acerquen, y levanto el arma.
—Nos dijiste que era demasiado peligroso jugar con eso, pero yo os convencí de que sería divertido. Marcus y tú intentasteis detenerme, pero no os hice caso.
—¡Maldita sea, Lana! ¡Que salgas! ¡Sal ahora mismo!
Intento volver a levantarme, pero grito de dolor al caer al suelo una vez más. Parpadeo para apartar las lágrimas y exhalo profundamente mientras sigo luchando por controlar el dolor y evitar que me abrume.
Ojalá no hubiera rechazado la sugerencia de Jake cuando hace unos meses propuso usar una granada.
Aun así, no podría salir de aquí a tiempo. Me duele demasiado. No puedo mover la pierna, y como no puedo correr, es inútil intentarlo.
—Tú querías analizarlo, pero yo solo quería volar cosas por los aires —digo, riéndome sin ganas.
—No lo hagas —susurra él.
—Así que volamos ese viejo granero que había a las afueras del pueblo.
Yo encendí la mecha y lo lancé, y Marcus te cubrió con su cuerpo cuando estalló.
La explosión no me alcanzó, pero la fuerza del impacto me golpeó en la espalda como si fuera un muro sólido y me lanzó al otro lado del campo.
No teníamos ni idea de que fuera tan potente.
—Para —vuelve a decir, incluso cuando oigo el rugido de un motor de fondo.
A estas alturas ya debería estar lejos del pueblo.
—Más tarde me lo explicaste. Me explicaste lo que había pasado.
Estuve dolorida durante unas dos semanas.
Nos reímos. Fue una experiencia cercana a la muerte como nunca habíamos vivido, y la adrenalina nos duró unos cuantos días.
Cada vez que me dolía algo, un chorro de adrenalina me recorría el cuerpo al recordar aquello.
—Para, por favor —repite con apenas un susurro entrecortado.
—Tú siempre eras la voz de la razón. Yo siempre era la cabeza loca. Debí haberte hecho caso —le digo con esfuerzo.
—Sal de ahí —sisea.
—No llores por mí, Jake. He sobrevivido gracias a ti. Tú me mantuviste viva —consigo decir, sin dejar de disparar a ciegas por encima de mi cabeza para que no avancen.
—¡Que no te despidas, me cago en la puta! —me grita antes de que la llamada se corte.
—Adiós —susurro.
Con la mano vendada y palpitando de dolor, intento marcar el número de Logan sin fuerzas. Me cuesta, pero al final lo consigo.
Contesta al segundo.
—Por favor, dime que eres tú —dice con tono angustiado.
—Te quiero —le digo al móvil, todavía disparando a los del otro lado.
—No. No me hagas esto. Lucha, Lana. Sal de ahí. Puedes hacerlo. Sé que puedes. He visto de lo que eres capaz.
Solo de escuchar la desesperación genuina en su voz se me rompe el corazón.
—Me has vuelto a enseñar lo que es vivir. Lo había olvidado —le digo en voz baja, esperando que me oiga por encima del ruido de los disparos de fondo.
—Eres el único motivo por el que sigo respirando, Lana. No te rindas. Ahora no. No después de todo lo que has soportado.
Las lágrimas comienzan a brotar sin control de mis ojos cuando los cierro y dejo que los sonidos continúen zumbando a mi alrededor.
—Tú también eres un superviviente —susurro—. Y haces del mundo un lugar mejor. Nunca dejes de hacerlo.
—¡Lana!
Me grita antes de colgarle cerrando los ojos de nuevo y sin dejar de disparar a mi espalda.
En algún lugar se oye una fuerte explosión, que se asemeja a una nueva ráfaga de disparos. Estoy demasiado débil para mantener los ojos abiertos.
Sé que Logan lo está viendo.
Sé que Hadley también.
Me obligo a abrir los ojos para mirar hacia la cámara más cercana, pero solo veo un agujero negro sin reflejo alguno… Ya no me está viendo. Traje la bolsa con mi nueva identidad; está ahí fuera, esperando a que la recoja.
Hay un quad esperándome para atravesar la zona del bosque a la que no ha llegado el fuego.
Iba a coger un avión y reunirme con Jake en el lugar que habíamos acordado.
Iba a vivir.
Había muchas otras formas de hacerlo, pero en el fondo ambos sabíamos que estaba tentando a la muerte para reunirme con mi familia. Pensaba que era una idea agradable.
Me di cuenta demasiado tarde de que aún quería vivir.
Me di cuenta demasiado tarde de que no estaba preparada para morir.
Grito de dolor mientras lucho en vano por levantarme una vez más, con el rostro bañado en lágrimas. Pero estoy aquí atrapada, inmovilizada. No hay escapatoria.
Moriré con ellos.
Miro hacia los agujeros de las cámaras que me rodean, todos ellos opacos, lo que significa que están apagadas.
Será un final trágico y poético que inmortalizará todo lo que he hecho.
Al menos nadie lo verá.
De repente tengo una cara delante de mí y más lágrimas brotan de mis ojos al ver a mi hermano.
—Marcus —susurro, tocándole la mejilla con las lágrimas corriéndome por la cara.
Su rostro desaparece con mi caricia y yo me derrumbo entre sollozos y dejo de disparar.
La cara de Logan es lo último que pasa por mi mente antes de ver cómo se acerca el fuego.