Capítulo 8. Logan
LOGAN
Presta tu oído a todos, pero la voz solo a unos pocos.
—W ILLIAM S HAKESPEARE
Lana está pegada a mí, con la cabeza apoyada en mi pecho, mientras le acaricio el pelo con los dedos. Son más de las tres de la madrugada y ninguno de los dos se ha planteado dormir.
Así que hemos pasado las últimas horas hablando de todo y de nada. La mayor parte del tiempo han sido cosas mundanas, cuando no estábamos abrazados y haciendo cosas menos comunicativas.
Tiene una pequeña herida en la mejilla por una bala que le pasó demasiado cerca, pero no le sangra. Debería servirle como recordatorio de que no es invencible, pero parece que prefiere las cicatrices que dejan las batallas que las que acarrea ser una víctima.
—¿Así que he estado todo ese tiempo preocupado porque Plemmons te tenía en el punto de mira mientras tú estabas enfadada conmigo por alejarlo de ti? —le pregunto, retomando la conversación que habíamos dejado.
Siento que sonríe contra mi pecho para luego recorrer con los dedos las líneas de mis abdominales.
—Estaba molesta, pero sobre todo me sentía cuidada. Si no lo hubiera querido muerto para evitar que te hiciera daño, habría valorado mucho más toda tu preocupación.
Me da un beso en el pecho y yo la atraigo hacia mí con la mirada fija en el techo, tratando de ordenar mis pensamientos. Tengo la cabeza hecha un lío. Dentro de mí hay un caos total.
Estoy replanteándome todo lo que siempre he defendido.
Nunca he estado de acuerdo con ser juez, jurado y verdugo. He luchado en favor de la legalidad y la verdadera justicia. Todo mi mundo ha girado en torno a ese principio desde que me ofrecieron un puesto en el FBI.
—¿Dónde aprendiste a pelear así?
—No me has visto pelear —dice con un suspiro—. Nunca me pelearía contigo.
Me tiemblan los labios al mirarla. Ella levanta la vista al mismo tiempo.
—¿Comprobamos quién es mejor?
Ella reprime una sonrisa, esforzándose por mantener una expresión seria.
—Agente Bennett, creo que sería humillante para usted que le diera una paliza. Así que no se preocupe, me contendré si alguna vez se arma de valor.
Suelto una risa, pero el sonido me resulta triste. Su sonrisa es igual de sombría en la atmósfera tensa que nos rodea cuando vuelve a recostar la cabeza y continúa trazando círculos sin sentido.
—Ahora que todos tus peores secretos han salido a la luz, podrías hablarme un poco de tu pasado —susurro, y noto cómo se tensa a mi lado y deja de mover los dedos sobre mi pecho.
—Ya has oído todo lo que nos hicieron. ¿Acaso te hacen falta más detalles? —me pregunta con un susurro ronco.
Le levanto la cara y le acaricio la mejilla con la palma de la mano. Ella me mira a los ojos con la misma valentía con la que se enfrenta al resto del mundo, pero sé que en su interior se esconde una chica vulnerable a la que tiene que proteger después de soportar todo lo que le ha pasado.
—Me refería a tu pasado antes de que todo eso ocurriera. Algo que me hable de la chica que eras.
Ella desvía la mirada y suspira.
—La chica que era está muerta. Saber lo ingenua y frágil que era solo servirá para romperte el corazón ahora mismo porque me sustituirás por esa imagen.
Durante todo este tiempo has conocido mi verdadero yo, Logan.
Nada de lo que ha habido entre nosotros ni de mi comportamiento contigo era mentira.
Solo alteré algunos fragmentos de mi pasado para mantener a salvo mi secreto.
Puedo sentir cómo se aleja de mí a pesar de que pega más su cuerpo al mío.
En lugar de dejar que se pierda en sus pensamientos, me giro y me tumbo encima de ella. Intenta besarme, pero yo me aparto y me acomodo entre sus piernas con los labios fuera de su alcance.
—Parte de la razón por la que hoy eres tan fuerte es esa chica. Fingir que nunca lo fuiste es un paso más hacia la desconexión con la realidad. Es una senda peligrosa.
Ella pone los ojos en blanco, pero me sorprendo al ver una pequeña sonrisa en sus labios. Que jamás reaccione como espero es algo de lo que nunca me cansaré. Una de las principales razones por las que me enamoré tanto fue ese halo de misterio que la rodeaba constantemente.
A pesar de que las piezas del rompecabezas comienzan a encajar, sigo sintiéndome igual de intrigado y fascinado por ella.
—Hablas igual que Jake —dice al fin, mientras me pasa los dedos por el pelo y enreda sus piernas con las mías.
—Espero que esas conversaciones con él no las mantuvieras en esta posición.
Ella se ríe, de nuevo con los ojos en blanco, y termina suspirando.
—Jake solo es un amigo —afirma de inmediato.
—Eso ya lo has dicho.
Ella me dedica una sonrisa sincera, no forzada, como lo han sido todas las que ha esbozado esta noche. Por alguna razón, le gusta que me ponga celoso.
—Mis padres eran gente peculiar con intereses variados. Mi hermano siempre decía que tenían personalidades «eclécticas».
Me ha pillado tan por sorpresa que no sé muy bien cómo responder. Por suerte, no necesita que le diga nada para continuar con su historia.
—Les encantaba la música clásica y se quedaron con la espinita de que ninguno tuviera ni pizca de talento musical.
Pero también les encantaban el rock duro y el jazz.
Supuestamente, uno puede juzgar a alguien por sus gustos musicales, lo que explica que mi hermano les colgara la etiqueta de «personalidad ecléctica».
Su sonrisa se ensancha.
—Formaban un equipo increíble. Mi padre tenía un trabajo mal pagado como conserje, la verdadera razón por la que descubrí el pasado como limpiador del Hombre del Saco, y mi madre era forense.
Para ser alguien que lidiaba con la muerte a diario, era una persona muy alegre, y para mí era algo normal estar rodeada de cadáveres, ya que a menudo me llevaba al trabajo con ella.
Se turnaban para cocinar y limpiaban juntos. Ninguno era más importante que el otro.
Su mirada se vuelve distante, como si estuviera recordando algo, y yo la observo, incapaz de apartar los ojos de su cara. Nunca le había visto una expresión tan relajada.
—Bailaban —dice ella, con los ojos brillantes de nuevo cuando vuelve a encontrarse con mi mirada, y sonríe.
—¿Bailaban?
—Todas las noches, cuando nosotros ya nos habíamos ido a la cama, se quedaban en medio del salón, ponían una canción lenta y bailaban.
—Se aclara la garganta cuando los ojos se le llenan de lágrimas—.
Mi madre siempre apoyaba la cabeza en el pecho de mi padre, que la estrechaba entre sus brazos con los ojos cerrados mientras se balanceaban desacompasados.
Mamá cantaba muy bien y solía hacerlo mientras bailaban.
Le seco una lágrima de la mejilla con el pulgar y ella se inclina hacia mi caricia.
—Me escapaba solo para verlos bailar. A veces papá me pillaba, pero, en lugar de regañarme, me invitaban a bailar con ellos.
Lo mismo ocurría con Marcus. Hasta Jake acababa bailando con nosotros las noches que se quedaba a dormir.
Era un momento tan perfecto que, al final, no podía sino acabar en tragedia.
Las cosas buenas duran menos que las malas.
Ella exhala profundamente y me ofrece una sonrisa forzada, menos sincera.
—Estaban muy enamorados. Tuvo que ser genial crecer con ese ejemplo en casa —digo, intentando animarla a que continúe.
La chispa vuelve a apagarse cuando aflora una frialdad que me confunde.
—Cuando ves algo tan a menudo, acabas dándolo por sentado. En nuestra mente, Marcus y yo pensábamos que un amor así era normal, fácil de encontrar y espontáneo. En nuestra mente, enamorarte de alguien debía de ser la cosa más simple del mundo.
Presiona una mano en mi pecho, sobre el corazón, y mantiene la mirada fija en ese punto.
—No sabíamos lo complicado que podía ser el amor ni lo celosas que podían llegar a ser algunas personas.
—¿Celosas?
Levanta la mirada y separa la mano de mi corazón.
—Todo el mundo envidiaba lo que tenían mis padres. Mi padre era un humilde conserje, pero muy guapo. Mi madre era preciosa, y su sonrisa era capaz de salvar la vida incluso a los moribundos. Irradiaba pureza y calidez. Todo lo contrario que yo.
—Estoy convencido de que cierta niña que vive con Lindy Wheeler no estaría de acuerdo con eso —le recuerdo.
Su mirada se vuelve dura de nuevo, y decido que lo mejor es no decir nada. No sé cómo hablarle sin que se encierre aún más en sí misma.
—Lindy lo pasó mal. Sabe cómo consolar a los demás.
La niña está en buenas manos. Me aseguré de ello.
Una buena acción no me convierte en el ángel que ella dice que soy.
Y tampoco es que me moleste. Pero no quiero ser un ángel.
Era como mi madre, solo que un poco más impulsiva y siempre dispuesta a defenderme.
Aparte de eso, era igual que ella. Veía la bondad en todo el mundo y sonreía incluso cuando alguien intentaba hundirme.
Me creía muy fuerte y muy inteligente. El problema es que veía bondad donde ni siquiera existía.
—¿Como con Kyle? —pregunto, sin ocultar mi irritación. Solo de pensar que la tocó…
—Como con Kyle —repite con tono monótono y sin emoción—.
Confiaba en él incluso cuando ya me había demostrado que era un capullo.
Nunca vi la pura maldad que llevaba dentro hasta esa noche.
Y mi hermano era igual de ingenuo. Caminamos derechitos hacia la trampa, desprevenidos y en desventaja, sin posibilidad alguna de escapar.
Y nunca lo vimos venir, porque ni siquiera se nos ocurrió que pudiera haber gente tan cruel.
Ella exhala, como si estuviera controlándose. No insisto ni digo nada, dejo que cuente la historia a su manera.
Pero si escucho los detalles de su boca, puede que acabe sumándome a la matanza. No creo que sea lo suficientemente fuerte como para verla desmoronarse y explicarme lo que hicieron sin que acabe matando a todos los involucrados.