Capítulo 7. Lana
LANA
Más vale un diamante con un defecto que una piedra sin él.
—C ONFUCIO
A Jake casi se le salen los ojos de las órbitas cuando me ve entrando con Logan. Este me rodea la cintura con el brazo, como si Jake estuviera a punto de hacer alguna tontería y él fuera a protegerme.
Entrelazo mis dedos con los de Logan mientras Jake sigue mirándome boquiabierto.
—¿Estamos detenidos? —pregunta Jake, tan confundido que resulta hasta cómico.
Logan resopla y yo me apoyo en él.
—Esto es terreno neutral. No se habla de matar a nadie ni de detenciones —dice Logan al fin—. Por el momento, queda vetado el tema del pueblo o de lo que pasa en él.
Jake nos mira, todavía con las cejas levantadas y el portátil en el regazo. Las pantallas repartidas por la sala muestran el pueblo desde distintos ángulos, y Logan las mira una por una.
—Esto explica muchas cosas —dice Logan con un largo suspiro—. Tenéis todo el pueblo vigilado y, aun así, no he visto ni una sola cámara.
—Pensé que no íbamos a hablar del caso —dice Jake con recelo.
Logan se pellizca la nariz y yo contengo una sonrisa triste. Está enamorado de su trabajo y es curioso por naturaleza. Ahora mismo está librando la batalla definitiva entre el bien y el mal; un conflicto al que hace mucho tiempo que no me enfrento.
El sufrimiento que veo en sus ojos es culpa mía.
—Es tecnología de la NSA que Jake robó hace unos años y a partir de la cual creó sus propias versiones —explico.
Jake tiene pinta de estar a punto de caerse del sofá, y yo me encojo de hombros para restarle importancia.
—Las cámaras cubren las principales zonas del pueblo, y nosotros observamos cada movimiento del sheriff. También vigilamos de cerca a los ayudantes. Así es como supe que Hollis iba a por ti.
No lo miro mientras pronuncio las palabras con la mayor indiferencia posible. Pero, por desgracia, la voz me falla y me traiciona en la última frase.
Logan me agarra con fuerza por la cintura y me estrecha entre sus brazos. Me empapo de su aroma; cierro los ojos y lo absorbo todo mientras puedo.
Él no sabe lo que está por venir porque no tiene acceso a todas las conversaciones como nosotros.
—¿Entonces aquí estás a salvo? —pregunta Logan, con una conmovedora preocupación que se mezcla con un suspiro de derrota. Él sabe qué camino voy a elegir, aunque la opción que él propone suene mejor.
—No se trata solo de mí —digo, levantando la vista desde su pecho mientras él mira hacia abajo.
Respira de forma regular, pero noto que le cuesta.
—Al igual que no se trata solo de ti —añado, agarrándome a la parte delantera de su camisa—. Eres bueno. Eso no te lo voy a negar.
Comienza a hablar cuando, de repente, se abre la puerta principal y me giro justo a tiempo de ver a Hadley entrar a trompicones, con los ojos muy abiertos y fijos en Logan.
Abre y cierra la boca varias veces antes de quedarse finalmente callada. Entonces vuelve a abrirla para decir:
—¿Qué está pasando aquí?
—Lo mismo me pregunto yo —dice Jake, sin moverse de su sitio en el sofá.
Logan se queja y yo le tiro de la mano.
—Nos vamos al dormitorio a pasar la noche libre.
—¿Cuatro muertos es tu idea de noche libre? —pregunta Hadley con tono seco.
Me estremezco, pero Logan no se inmuta mientras me sigue a la habitación.
Oigo susurros en la sala de estar cuando Jake y Hadley entran un poco en pánico, pero cierro la puerta y me apoyo en ella mientras observo al hombre que está en mi dormitorio temporal.
Él recorre con la mirada los estampados florales que cubren todas las superficies y me mira con una ceja levantada.
—Los dueños solo vienen en verano y navidades. —Por si acaso le da por buscar sus cadáveres o algo. No sé si se fía de que no esté matando a gente inocente.
Se sienta en la cama y entrelaza las manos. Cuando me miro al espejo, hago una mueca. Tengo la cara salpicada de sangre y el pelo apelmazado.
—Voy a la ducha —digo, incómoda.
Estoy bastante segura de que debería sentirme horrorizada, teniendo en cuenta que también tiene manchas de sangre en su camisa blanca.
El término «exnovia pirada» acaba de adquirir un nuevo significado.
Él no se opone ni dice nada cuando me voy, desbordado por todo lo que está pasando.
Me siento como el abogado del diablo que ha llevado a un santo al borde de un precipicio y lo anima a saltar.
Con pasos silenciosos, cojo la nota del cajón del pasillo… La nota que no sabía si iba a usar o no. El salón está en silencio, pero estoy segura de que Jake y Hadley están en la habitación del fondo, disfrutando de su intimidad.
En lugar de interrumpirlos, meto la nota en el bolso de Hadley, donde sé que estará a salvo hasta que quiera que la encuentren. Luego me voy al baño y empiezo a desnudarme.
Hace tiempo que dejé atrás ese sentimiento de autodesprecio, ahogado por las lágrimas y el dolor. Sin embargo, ahora vuelve con fuerza mientras me meto en la ducha y un nuevo torrente de lágrimas se niega a detenerse.
Me froto la sangre y observo cómo el color rojo cae por el desagüe por segunda vez esta noche. Apenas consigo mantener la compostura cuando la cortina de la ducha se abre y doy un respingo, sobresaltada.
Logan entra completamente desnudo, con esa sonrisa característica en los labios mientras se acerca a mí. Por un momento, me pregunto si estoy soñando, hasta que me besa y enreda sus manos en mi pelo para levantarme la cara y así poder devorarme mejor.
Gimo en su boca cuando me levanta, deslizando las manos bajo mi culo mientras su cuerpo desnudo se vuelve más resbaladizo por el chorro de la ducha. Nuestra diferencia de altura es tan acusada que levantarme siempre le facilita besarme, pero también alinea nuestros cuerpos muchísimo mejor.
Nuestro beso se vuelve frenético, hambriento y desesperado. Ambos sabemos que esta noche podría ser la última vez que podamos amarnos. Tenemos muy poco tiempo antes de que se acabe y volvamos a estar en bandos opuestos.
Pero ¿esta? Esta sí que es la mejor forma de decirse adiós. No como la última vez.
Resbalo contra la pared en un intento por encontrar fricción, pero Logan es lo suficientemente fuerte como para mover mi cuerpo sin ayuda.
Me penetra con fuerza y yo grito, interrumpiendo el beso para evitar morderlo sin querer. Entierra la cara en el hueco de mi cuello mientras empieza a mover las caderas y me hace perder la cabeza con cada embestida precisa.
Clavo los dedos en sus hombros para agarrarme a él mientras resbalo hacia arriba y hacia abajo por la pared escurridiza. El agua nos salpica los costados cuando Logan me lleva hacia el fondo, con la cara aún pegada a mi piel mientras me besa, lame y muerde suavemente por todo el cuello.
Esa sensación de éxtasis que lo consume todo y se infiltra hasta lo más profundo de mis huesos comienza a desplegarse en mi interior, y lo abrazo más fuerte, rogando no hacerle daño mientras me muevo contra él, desesperada por caer por ese precipicio.
Las caderas comienzan a fallarle a medida que se acerca a la misma sensación intensa, y sus labios encuentran los míos cuando grito, con todo el cuerpo temblando por la fuerza del orgasmo.
Un ruido gutural se escapa de sus labios al quedarse quieto dentro de mí, tratando de mantenerme alzada mientras se le agota la fuerza y su cuerpo se relaja.
Las piernas se me resbalan perezosamente por sus costados mientras me deja en el suelo, y me tambaleo un poco cuando vuelvo a estar de pie sin su apoyo. Sus labios encuentran los míos para darme un beso suave y reverente mientras me arrastra de nuevo bajo el chorro de la ducha.
Pierdo la noción del tiempo, y no es hasta que el agua empieza a enfriarse cuando nos vemos obligados a poner fin a la ducha.
—No puedo dejarte ir —dice contra mis labios cuando cierra el grifo.
Nos miramos a los ojos cuando separo los labios y pierdo el contacto que me mantiene anclada a la realidad.
Pero entonces me abalanzo sobre él y vuelvo a besarlo de forma apasionada, profunda, hambrienta…
Y reprimo la avalancha de emociones que sin duda me destruirían si les diera rienda suelta.
«No puedo dejar que sigas aferrándote», respondo para mis adentros, porque no quiero arruinar nuestra noche con verdades desgarradoras.