Rojo sangre (Mindf*ck 5) Capítulo 6. Lana #3
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Capítulo 6. Lana #3

—¿Acaso importa? —pregunto con amargura, rezando para que no se me escape ninguna puñetera lágrima a pesar de que ya se me están acumulando en los ojos y se me nubla la vista—. Yo sigo siendo el monstruo retorcido que habita en la noche, mientras que tú eres el héroe honesto que ilumina los días.

A pesar de ver borroso, noto que su expresión se suaviza.

—No te habría follado ni te habría desnudado en mi cama si lo hubiera sabido.

Así que sí, importa y mucho. Pensaba que sufrías de un trastorno obsesivo que te hacía matar en nombre de Victoria.

Pero que tú seas Victoria cambia por completo las cosas, porque los asesinos que actúan en nombre de otro sufren brotes psicóticos y son muy inestables.

En mi mente, Jacob Denver te estaba manipulando y me estabas utilizando como peón.

El corazón me retumba tan fuerte en el pecho que hasta me pregunto si él también puede sentirlo.

—Jake no puede ni intentaría manipularme jamás. Y en lo que a ti respecta, nunca te pedí información sobre ningún caso. Tú viniste a mí. Y…

Por lo general, como todo el mundo sabe, odio las sorpresas. Sin embargo, el corazón me late a un nuevo ritmo cuando Logan me sorprende al unir sus labios con los míos.

Al principio intento apartarlo sin mucha fuerza, pero las lágrimas comienzan a caer cuando él me besa con más intensidad y sus manos pasan de sujetarme a buscarme con ansia mientras me atrae hacia su cuerpo.

Le rodeo el cuello con los brazos y me entrego al beso, con lágrimas resbalando por mis mejillas.

Él me levanta para darme un beso que casi me consume, y vierto todas las emociones acumuladas en él, volviéndolo poderoso y destructivo al mismo tiempo.

Enrosco mis piernas alrededor de su cintura y él me empuja de nuevo contra el árbol mientras me devora, saboreando cada lametón de mi lengua contra la suya. No sé si es rabia o lujuria, pero sé que ahora mismo no puedo detenerme.

Aunque sé que debería hacerlo.

Algo cruje cerca de nosotros y ambos interrumpimos el beso, con la mirada fija en un zorro que pasa corriendo. Mi respiración se vuelve entrecortada cuando vuelvo a mirar a Logan y veo en sus ojos una ternura que brilla­ba por su ausencia la última vez que estuvimos en una situación tan íntima.

—Nunca te habría hecho daño de esa mane­ra si lo hubiera sabido —dice en voz baja.

Trago con dificultad.

—No me hiciste daño físico. Y en cuanto al sexo, podría haberlo frenado. Sabía que te habías enterado. Sabía lo que estaba pasando. Te quería tanto que acepté tu enfado porque sabía que me lo merecía.

Él gruñe con la frente sobre la mía.

—No te lo merecías. Por primera vez en mi vida, no tenía ni idea de qué hacer, Lana —susurra con una sinceridad tan desgarradora que me atraviesa el corazón.

Una parte de mí quiere corromperlo, obligar­lo a comprender que lo que estoy haciendo es una versión retorcida de lo correcto, a pesar de la tortura y la carnicería que todavía tengo previsto perpetrar. Pero hacerlo supondría robarle el alma y condenarla a unirse a la mía.

Saber que no se lo ha contado a los demás y me está protegiendo ahora mismo es más de lo que jamás habría esperado. Pero seguir conmigo sería condenarlo irrevocablemente al mismo destino que me espera a mí.

—Te quiero —susurro con la voz rota, pero soy incapaz de apartarlo todavía.

—Te quiero —responde, y mi corazón se derrite por completo mientras empiezo a llorar de nuevo—. Por eso te suplico que acabes con esto ahora mismo y te vengas conmigo —añade con voz entrecortada.

No tiene ni idea de lo que una oferta como esa significa para alguien como yo. ¿Marcharme? ¿Dejarlo ahora? ¿Alejarse con él como premio?

Es muy tentador, y si no fuera porque el sheriff y sus ayudantes siguen vivos y proyectando su sombra sobre todo el mundo…, lo haría. Renunciaría a la venganza. Pero no puedo abandonar a todos los inocentes que siguen sufriendo.

Gente como Cheyenne y su hija, que habrían muerto a manos de un hombre que se supone que debe velar por ellas, y todo para ocultar sus secretos más oscuros.

—Tenemos pruebas suficientes para encerrarlo —dice Logan, como si me leyera el pensamiento.

Sin embargo, él cree en el sistema judicial. No entiende que un hombre como Cannon solo puede morir después de estar enterrado. Solo entonces alguien se interesará por las pruebas. Él se dedica a llenarles los bolsillos a muchos peces gordos.

Como el director McEvoy.

Como el agente especial Johnson.

Como el puto gobernador.

—No tomes una decisión ahora mismo. Por el momento, quédate conmigo y por esta noche olvidemos que el resto del mundo existe —agrega mientras vuelve a rozar sus labios contra los míos.

—¿Y qué pasa con el caso? —pregunto como una idiota.

El caso está resuelto. Tiene a la asesina entre sus brazos.

Él sonríe como si estuviera pensando lo mismo.

—Pueden prescindir de mí una noche. Leonard me cubrirá.

Ya he matado a cuatro personas en veinticuatro horas. Supongo que puedo fingir, aunque sea por unas horas, que el mundo que nos rodea no se está derrumbando.

—No es una estratagema para averiguar dónde estás instalada. Podría hacerlo simplemente siguiendo a Hadley —aclara, besándome de nuevo en los labios.

Es patético, pero en ningún momento he dudado de sus intenciones.

—Lo sé —digo con un suspiro. Porque Logan Bennett consigue hacerme olvidar que no soy intocable.

Desde el principio ha sido un juego peligroso.

Ahora tengo que evitar arrastrarlo conmigo al infierno.