Capítulo 5. Logan
LOGAN
La cara falsa debe ocultar lo que sabe el falso corazón.
—W ILLIAM S HAKESPEARE
—¿Qué sabemos? —pregunto a Leonard mientras me quito el guante.
—¿Te refieres además de que el sheriff intenta sacarnos de aquí a toda costa? No mucho.
Johnson me escudriña desde el otro lado de la habitación, con puro odio en su mirada. Yo lo ignoro.
Sabe que estoy a punto de encontrar pruebas contundentes contra él. Es solo cuestión de tiempo.
—Creo que ese mensaje iba para ti —susurra Leonard cuando levanto la vista de los restos sangrientos del agente Murdock.
Recorro con la mirada el mensaje que me señala.
ROBARON. MINTIERON. PACTARON LA PAZ CON EL DIABLO A CAMBIO DE LAS ALMAS DE UNA FAMILIA INOCENTE. Y TODAVÍA ME LLAMAS MONSTRUO A MÍ
QUE TE JODAN. 3
El corazoncito al final es sin duda la firma que Lana solía dejarme. Al parecer, ahora va a darles un toque personal a estos asesinatos, y hasta me los va a dedicar sin usar mi nombre.
—No la dejé hablar, así que ahora está soltando lo que tenía guardado —digo en voz baja.
Leonard mira a su alrededor, asegurándose de que nadie está lo suficientemente cerca como para oírnos.
—Este es, literalmente, un mensaje para mandarnos a la mierda. No se trata de ira ni de una amenaza hacia nosotros. Básicamente, se está comportando como una ex con todas las letras. La gente podría sacar sus propias conclusiones.
—Nadie sabe que Lana y yo hemos roto. A todos les he dicho que ha vuelto a casa porque la convencí de que aquí no estaba segura.
—¿Qué pasa si la gente la ve por el pueblo?
Me recuesto y examino el daño en el cuello del juez Thomas. Dudo que sea una coincidencia que el hijo haya regresado hoy a la ciudad y que Lana haya decidido matar al padre esta noche.
—No se dejará ver —digo distraídamente—. Dev Thomas estaba allí esa noche, y cuando habló con nosotros antes, parecía seguro de que se había salvado. Creo que ella le hizo una visita al llegar al pueblo.
—¿Para qué?
—Para saber a qué había venido.
Parece confundido, pero no quiero hablar delante de todo el mundo.
—No debería meterte en todo esto y obligarte a…
—Tú no me estás obligando a nada —dice Leonard antes de soltar un suspiro—. Como te dije, entiendo por qué lo hace. En este pueblo llevan años matando y torturando a gente, y a nadie le ha importado salvo a ella.
Estoy a punto de responder, pero Donny se acerca y pone fin a nuestra conversación privada.
—¿Entonces nuestra desconocida pasa de citar a Voltaire a dejar un burdo «que te jodan» con un corazón? Al final vas a tener razón con lo de que es una mujer, pero ¿por qué molestarse en dejar huellas de botas de hombre si vas a firmar con un corazón?
—Ese mensaje es tan infantil como tu novia —dice Lisa al unirse a nosotros.
Leonard se atraganta, pero yo mantengo la compostura.
—Habló la envidiosa que no deja de intentar darle celos —comenta Hadley al entrar, evitando mirarme a los ojos mientras se agacha con su equipo para empezar a tomar muestras.
La miro de arriba abajo y me doy cuenta de que tiene una ropa diferente a la que llevaba cuando se fue. Lo que más me llama la atención es la camiseta roja.
A lo largo de los años, la he oído quejarse más de una vez de lo mucho que su pelo rojo la limita a la hora de vestirse. Nunca lleva nada de ese color.
Pero sé de alguien que sí.
—Me escupió un chicle en el pelo —sisea Lisa.
—¿Cuándo? —pregunto, con la esperanza de que haya sido hace poco y, al mismo tiempo, de que no sea así.
—Después de pillaros accidentalmente —murmura Lisa, con las mejillas sonrojadas.
—Y de que la provocaras —dice Hadley desde su posición en cuclillas, sin molestarse en levantar la vista—. Dos veces. Yo te habría pegado un guantazo. Lana se decantó por una técnica más sutil.
Leonard me tira del brazo y me lleva fuera mientras Hadley y Lisa discuten. En cuanto salimos del juzgado, mira alrededor para asegurarse de que nadie puede oírnos.
—Han reclamado a Elise en Nueva York para ayudar con un caso.
—Lo sé. Fui yo quien te lo dijo. Y Elise se ofreció voluntaria para ir porque todavía no está al cien por cien físicamente y así se aseguraba de que no llamaban a otro.
—A Craig lo han convocado para otra cosa.
Asiento.
—Solo es cuestión de tiempo que nos saquen a todos de aquí, aunque sea de uno en uno.
—Lo intentarán —digo encogiéndome de hombros—. Pero, a falta de cargos, el director no tiene poder para apartarnos del todo.
Leonard se queda mirando el bosque que hay detrás del juzgado.
—Podría haber matado a Lisa sin problema.
Levanto mucho las cejas.
—¿Cómo?
Él me devuelve la mirada.
—Te protege con uñas y dientes, incluso ha matado para mantenerte a salvo. Sin embargo, Lisa la provoca una y otra vez y ella le escupe un chicle en el pelo —dice, con los labios temblorosos.
—Sigue teniendo los pies bien puestos en la tierra.
Se echa ligeramente hacia atrás y vuelve a adoptar una mirada pensativa.
—Así que el regreso de Dev Thomas motivó la muerte del juez Thomas. ¿Por qué cargarse a dos a la vez? Es arriesgado. ¿Qué era tan importante en el caso de Murdock como para que tuviera que morir también esta noche?
Antes de que pueda responder, Hadley se nos acerca y nos mira fijamente.
—Tomad.
Nos entrega una carpeta manchada de sangre y yo ladeo la cabeza mientras me vuelvo a poner los guantes.
La abro y echo un vistazo a los archivos. Tardo un segundo en darme cuenta de lo que estoy viendo.
—Ese es el historial médico de la hija de ocho años de Murdock.
Se ha roto la muñeca dos veces y ya no puede practicar deporte porque ahora la tiene muy debilitada.
A lo largo de los años también se ha roto otros huesos, incluidas las costillas en múltiples ocasiones.
Apostaría a que el historial de su mujer es treinta veces peor.
No está aquí, pero seguro que puedo conseguírtelo —afirma Hadley con rotundidad.
—¿Por qué tienes el historial de su hija? —pregunta Leonard, mientras lo mira conmigo.
—Porque alguien quería que lo vierais —dice Hadley, sin dar más detalles.
Cierro el expediente, suelto un suspiro y se lo entrego a Leonard.
Lo lee rápidamente mientras Hadley se aleja con una sonrisa de satisfacción en los labios.
—¿Le pegaba a su hija? —suelta Leonard, con una nota de irritación en su tono.
—¿Qué te apuestas a que el resto de ayudantes y hasta el mismo sheriff lo sabían? —pregunto retóricamente.
—Tenemos que hablar con la viuda de Murdock antes de que lo haga el sheriff —digo en voz baja cuando dos agentes salen y nos miran al pasar.
—¿Qué dice Collins sobre todo esto? —me pregunta Leonard mientras le envío un mensaje rápido a Hadley para contarle lo que vamos a hacer y pedirle que mantenga el secreto.
—Collins dice que seguimos necesitando pruebas físicas.
Johnson respaldó al sheriff cuando uno de sus ayudantes intentó matarme alegando que se trataba de un policía corrupto.
Ahora mismo no le queda más remedio que jugar a la política, ya que ni la subcomisión ni el Senado se han reunido para tratar las acciones de Johnson y el director.
Me sigue hasta el SUV, ambos procurando no llamar la atención de la policía local.
—Me incorporé a esta unidad porque pensé que nunca se mezclaría la política con los asesinos en serie —comenta Leonard con ironía.
—Estoy seguro de que tampoco pensabas que un caso te afectaría tanto —le señalo.
Él resopla con desdén mientras arranco el coche.
—Apuesto a que nunca pensaste que te enamorarías de una asesina en serie.
Hago una mueca y él sacude la cabeza.
—Tienes razón. Lo siento. Es demasiado pronto. Todavía estoy intentando asimilar todo esto y se me escapan bromas de mal gusto.
—Vamos a hacerle una visita a la viuda de Murdock —refunfuño.