Rojo sangre (Mindf*ck 5) Capítulo 4. Lana #2
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Capítulo 4. Lana #2

Se queda inmóvil y muere casi al instante. Vuelvo a encarar al juez mientras vacía el contenido de su estómago, aunque de una forma muy distinta.

Mientras él vomita, me acerco por detrás, no sin sentirme decepcionada por su falta de re­sistencia.

¿Estos son los hombres a los que temí durante tanto tiempo?

¿Uno que golpea a su hija y a su esposa, pero que ni siquiera es capaz de darme un solo puñetazo?

¿Otro que llora en el suelo en posición fetal, rezando para que desaparezca como si fuera una pesadilla en vez de luchar por su vida?

Paso de alargar el momento y le corto el cuello con la navaja, pero ninguno de estos asesinatos me remueve nada. La sangre salpica toda la habitación y lo único que sale de sus labios son gorgoteos de agonía, ya que todos los demás sonidos se atascan en el corte de su garganta.

Lo dejo allí, con su elegante traje manchado de rojo, al igual que la moqueta de su despacho. Después de limpiar la navaja, vuelvo a guardármela en la bota, pero dejo la otra clavada en la foto del juez.

Entonces saco el pincel que he traído y lo mojo en la sangre. En lugar de pintar una pared, esta vez dejo un mensaje.

Un mensaje para el hombre que me rompió el corazón.

Un mensaje para el hombre del que nunca debí enamorarme.

Es una niñatada, pero no puedo evitarlo.

Para cuando me voy, casi se han desangrado por completo, y salgo manchada de rojo, pero nadie se da cuenta. Al menos me he puesto estas botas tan horrorosamente grandes, aunque no sé por qué me he molestado.

Al final, Logan me delatará.

Conduzco de vuelta a casa sintiendo una necesidad imperiosa de darme una ducha. Me encuentro con un sedán plateado en la entrada y frunzo el ceño. Hadley conduce el SUV asignado por el FBI. Quizás se ha comprado otro coche para evitar que le revisen el historial del GPS o algo así.

Con cautela, saco una navaja mientras abro lentamente la puerta. Todas las luces están apagadas y ninguno de los monitores está encendido.

Sin hacer ruido, entro en la casa, cierro la puerta sigilosamente y avanzo con cuidado en medio de un silencio inquietante. Oigo un sonido ininteligible procedente de la habitación del fondo, algo que suena como un gemido de dolor seguido de un fuerte gruñido.

No me lo pienso dos veces y abro de una patada la puerta de la habitación de Jake, enciendo la luz inmediatamente, levanto la navaja en el aire y… me quedo paralizada.

Jake maldice, Hadley chilla mientras se tapa los pechos desnudos con las manos y yo abro y cierro la boca varias veces, completamente atónita.

—¿Qué cojones? —pregunta Jake, como si la que hubiese perdido la puta cabeza fuera yo.

—¿Qué cojones? —le respondo.

No soy fácilmente impresionable. Por lo general, no me gustan las sorpresas. Esta vez… no estoy muy segura de cómo me siento con respecto a esta inesperada novedad.

Hadley se queja mientras deja caer la cabeza sobre el pecho de Jake, que la agarra por las caderas y la coloca debajo de él.

—Cierra la puerta —me dice por encima del hombro.

Y el muy desgraciado empieza a mover las caderas.

¿No es capaz de esperar al menos a que recoja la mandíbula del suelo?

Cierro de un portazo y retrocedo tambaleándome mientras me dirijo a mi habitación temporal. Ahora he manchado todo de sangre. Debo de parecer Carrie después del baile de graduación, pero a ninguno de los dos se le ha ocurrido dejar de follar para ver si estoy bien.

Mi primer pensamiento es llamar a Logan.

Mi segundo pensamiento es que el primero es ridículo teniendo en cuenta que nunca más podré volver a hablar con él.

Mi tercer pensamiento es… que me hace falta una copa.

Me meto en la ducha con la ropa puesta y empiezo a desnudarme bajo el chorro de agua helada.

Ni siquiera me estremezco por el frío, pero me derrito con el calor cuando por fin llega.

La ropa queda amontonada a mis pies mientras dejo que el agua se lleve la sangre y la muerte, intentando refrescarme y deshacerme de la locura.

Ya casi he terminado cuando oigo que se abre la puerta del baño.

—¿Hay alguna razón por la que hayas derribado mi puerta armada y dispuesta a matar? —pregunta Jake desde el otro lado de la cortina.

—Tendría que haber matado a alguien en la ducha —digo sin venir a cuento—. Como en las películas de terror, cuando el asesino se acerca sigilosamente y atraviesa la cortina con un cuchillo. Después, el agua se tiñe de rojo.

—Qué bonito. Sí, yo también he visto esas películas, Lana. Era algo con lo que nos torturabas a Marcus y a mí. Las odiábamos, pero te negabas a verlas sola.

—Me daban miedo —digo en voz baja—. Ahora puedo verlas sin problema.

Deja escapar un suspiro.

—Responde a mi pregunta, por favor. ¿Qué ha pasado?

Pongo los ojos en blanco y asomo la cabeza por fuera de la ducha para mirarlo con cara de pocos amigos.

—Oí unos ruidos que no parecían de placer, lo cual dice bastante de tus habilidades, así que entré en la habitación para salvarte la vida. De una lesbiana que tenía tu polla cautiva en su vagina. ¿Qué cojones, Jake?

Él aprieta los labios.

—Dijiste que fuera amable.

—Yo no dije eso. ¿Y desde cuándo «ser amable» implica que te la zumbes a pelo?

Se encoge de hombros.

—Me cae bien. Es hacker, como yo, solo que no tan buena porque a ella la pillaron.

—¡Era una cría! —oigo que grita Hadley, desve­lando al hacerlo que estaba escuchando a escondidas.

Intento no sonreír.

—¿Pero tú no eras lesbiana? —pregunto.

Ella entra en el baño con el pelo rojo todo revuelto. No lleva la ropa bien colocada, como si se hubiera vestido a toda prisa.

—Te dije que no lo era. Me gustan las muje­res, pero los hombres me han repugnado durante mucho tiempo. Desde que mataste a Ferguson… parte de esa aversión ha desaparecido. Esta noche he conocido a Jake; sabía que era como yo y… Bueno, ya sabes lo que ha acabado pasando.

—¿Podemos hablar de esto cuando termine de lavarme los restos del juez y el agente del condado? —pregunto en tono seco.

Jake hace una mueca y mira con recelo a Hadley, pero ella se limita a encogerse de hombros.

—Ya has visto mis encantos. Es justo que yo vea los tuyos.

En circunstancias normales me reiría, pero todavía no me he recuperado lo suficiente como para eso.

Jake, sin embargo, se ríe entre dientes, aparentemente relajado por la reacción despreocupada de ella.

—Más tarde. ¿Qué pasa? ¿Por qué nos has localizado? Y lo más importante, ¿cómo nos has encontrado?

Ella desvía la mirada hasta Jake.

—No es tan bueno como se cree.

Le sonríe con dulzura, dejando claro el doble sentido, y él arquea una ceja desafiante.

—Pues vale. Jake, asegúrate de que nadie más pueda encontrarnos como lo ha hecho ella.

Hadley hace un gesto con la mano.

—Soy mucho mejor que Alan, y él es el único que podría seguirte la pista. Es imposible que te encuentre como lo hice yo.

Le suena el teléfono y comprueba quién es. Inmediatamente frunce el ceño.

—¿Qué? —le pregunta Jake, asomando la cabeza.

Espero a que lo esconda, pero en cambio se lo pasa a él.

—Me da que vas a tener que prestarme un cepillo —me dice—. Y algo de ropa. Thor me ha roto los pantalones y ahora la cremallera no cierra. También tengo algo en la camisa. Te ahorraré tener que adivinar qué es.

Me quejo mientras le hago un gesto con la mano en su dirección.

—Coge lo que necesites, pero espero que te quede bien el rojo.

Ella maldice antes de sacudir su melena pelirroja.

—El rojo es el único color que no me favorece. Todos los tonos chocan con este. Esperaba que tuvieras una sudadera negra con capucha o algo así.

—Las sudaderas negras que tengo las he usado para matar, así que probablemente estén manchadas de sangre. No te recomiendo ponértelas.

Da media vuelta y se marcha, quitándole el teléfono a Jake de las manos al pasar. Lo miro con curiosidad.

—Ya han encontrado al juez y al agente del condado.

Esbozo una sonrisa.

—Bien. Ahora empieza lo bueno.