Rojo sangre (Mindf*ck 5) Capítulo 3. Logan
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Capítulo 3. Logan

LOGAN

Ser víctima de una injusticia no es nada a menos que sigas recordándolo.

—C ONFUCIO

Me odio a mí mismo. Odio este puto caso. Y odio todo lo que nos separa a Lana y a mí en estos momentos.

—La he cagado —le digo a Hadley en voz baja mientras me dejo caer sobre una silla en su cabaña.

—Por decir algo —farfulla.

—No sé qué hacer ahora mismo, pero no debería haber hecho lo que hice. No sabía que era Victoria cuando…

Exhalo un largo suspiro y dejo que las palabras se desvanezcan, incapaz de terminar la frase.

—¿Cuando qué? —pregunta Hadley antes de incorporarse.

—Me la follé con rabia y la dejé esposada a la cama, desnuda y expuesta, sin permitirle que se explicara.

Hadley se pone tensa a mi lado.

—No habrás sido capaz —dice en un susurro áspero, apretando los dientes.

Aprieto las manos y entrelazo los dedos con tanta fuerza que me duelen.

—Pensé que era Kennedy y que estaba obsesionada con Victoria Evans.

No tenía ni idea de que era Victoria Evans.

Lo habría gestionado todo de otra manera.

No me habría sentido menos confundido, pero estoy seguro de que no le habría hecho eso.

Pensé que había estado jugando conmigo. Me sentí herido. Me sentí enga­ñado. Y…

—Y las personas obsesivas son inestables e incapaces de amar sin tener una fijación —apunta Hadley con severidad—.

Pero ella no es una persona obsesiva. Es una chica marcada por las cicatrices, con muchas más desgracias en su vida de las que nadie debería tener que soportar.

Y tú acabas de sumarte a la lista de quienes la han pisoteado.

Buen trabajo, Bennett. Lo has hecho de puta madre.

Se pone de pie y yo maldigo mientras hago lo mismo.

—Ya sé que la he cagado. Estoy intentando arreglarlo, Hadley. Pero no la encuentro. Por eso estoy aquí.

—Define tu idea de arreglarlo —dice, mirándome con suspicacia.

—Todavía no lo sé. No es que pueda aceptar sin más todo lo que está haciendo. Tampoco puedo mentir y decir que no lo comprendo. Estoy… hecho un lío —me quejo, con la cabeza entre las manos.

Ella se inclina, mirándome a los ojos.

—Soy consciente de que no soy tan ejemplar como tú, pero…

—No hagas eso, Hadley —la interrumpo, con la mandíbula apretada—. No hagas como si tener sentimientos encontrados sobre torturar y asesinar me convirtiera en un estirado.

Ella vuelve a dejarse caer sobre la silla y suelta un suspiro de frustración.

—Mi padrastro era un monstruo, y mi madre y su psiquiatra me convencieron de que era una mentirosa patológica por verlo así. —Me tenso ante ese comentario repentino pero doloroso—. Tenemos constancia de un total de setenta niños, Logan.

Se le llenan los ojos de lágrimas y carraspea.

—Yo también entré en conflicto. Después me di cuenta de que solo había sesenta y nueve fotos.

—Faltaba la tuya —digo en voz baja, pero ya lo sabía. En ese momento no me di cuenta de que era mi novia la que estaba evitando que Hadley tuviera que soportar la vergüenza de que los demás la vieran.

—No quería que me viera a mí misma como una niñita vulnerable porque temía que aquello me destrozara.

Lana ha sufrido más dolor del que la mayoría de la gente puede soportar.

Solo el dolor físico de las innumerables operaciones a las que tuvo que someterse para rehacer su estructura facial ya fue terrible.

Imagínate el impacto psicológico que le causó.

Perdió a su familia. Perdió su hogar. Renunció a su identidad para que no se la pudieran quitar.

Es más fuerte de lo que tú crees, y sí, quizá yo sea una puta enferma, pero estoy de su lado.

Me froto la cara con ambas manos y me quedo mirando a la nada mientras intento procesar todo lo que está pasando.

—A mí también me llevó un minuto comprenderlo, y precisamente por eso no te pego un puñetazo. Y también por eso te he dejado entrar después de que me dijeras que nuestra amistad se había acabado —añade.

Esboza una sonrisa y yo me paso la mano por la barba de tres días, pensando en que Lana solía hacerme eso por las mañanas. Me tocaba constantemente, como si quisiera asegurarse de que seguía siendo real.

—Lo eras todo para ella —dice Hadley en voz baja—. A mí nunca me han querido así. Te salvó la vida, Logan. Este pueblo intentó matarte y ella te salvó. Personalmente creo que apuñalar a un tipo por el hombre al que quieres es venirse un poco arriba, pero efectivo es.

Normalmente me gusta su humor macabro. Hoy no tanto.

Ella pone los ojos en blanco cuando ve que no sonrío.

—Tienes que elegir un bando pronto, Logan. No puedes quedarte en el limbo. Yo elegí el mío, y es el suyo.

—Así que has estado falsificando todos los informes forenses sobre…

—No me ha hecho falta. Lana es tan buena que no deja rastro.

—Suspira mientras se pone de pie—. Pero lo habría hecho, sí.

Tú eres el único riesgo que ella ha asumido.

Tú eres el único hilo que puede deshacer todo aquello por lo que ha trabajado desde la noche en que la destrozaron a ella y a su hermano. ¿Vas a quitarle eso?

—Según Jake, eso no es posible, elija lo que eli­ja —afirmo con amargura mientras me pregunto hasta qué punto están unidos él y Lana.

No dudo de sus palabras cuando dice que no hay nada sexual entre ellos; por alguna razón, la creo, aunque me lo dijo antes de enterarme de que la estaba ayudando a acabar con los fantasmas de su pasado.

—Él no te conoce ni sabe lo bueno que eres —dice Hadley mientras echa mano a su portátil.

—¿Sabes dónde está?

Me mira directamente a los ojos.

—Tengo una corazonada. Te la contaré si eliges el bando correcto. Avísame cuando te decidas.

La sigo, dispuesto a no perderla de vista, cuando se acerca un tipo.

Por alguna razón, me resulta familiar, y me fijo en que tiene las manos metidas en los bolsillos.

Con los hombros encorvados hacia delante y el nerviosismo reflejado en los ojos, tiene un aspecto demasiado dócil como para representar una amenaza.

—¿Puedo ayudarle?

—Estoy buscando al agente especial Bennett. Mi hermana me ha dicho que estaban alojados aquí. —Echa un vistazo alrededor.

—Yo soy el agente especial Bennett —respon­do con cautela, y dejo la mano sobre la funda de la pistola mientras con los dedos voy abriendo lentamente la correa que la sujeta.

Él se saca las manos de los bolsillos y las deja colgando a los lados.

—Me llamo Devin Thomas.

El nombre me basta para saber de qué me suena su cara.

—No debería estar ahora mismo en este pueblo —le digo, y aprieto la mandíbula.

Cada fibra de mi ser lucha por contener el impulso de golpearle la cara hasta dejarlo inconsciente; un lado oscuro y protector emerge sin querer y me deja atónito.

Saber que Lana es Victoria cambia todo lo que rodea a este caso porque lo convierte en algo personal.

Hasta este momento no sabía hasta qué extremo.

—Es un riesgo que estoy dispuesto a asumir —dice con tono sombrío—. Tengo la información que necesitan.

Entrecierro los ojos.

—Llega demasiado tarde. Tenemos montones de declaraciones sobre lo que hicieron ustedes trece esa noche.

Él hace una mueca antes de pasarse una mano por el pelo.

—Esa noche no ha dejado de atormentarme ni un solo instante durante la última década. Puede que no cometiera los mismos pecados, pero era igual de culpable. Y si la Muerte Escarlata decide que debo morir, no la culparé en absoluto.

—¿La? —musito, y aprieto los labios cuando palidece.

Por lo que veo, Lana ya le ha hecho una visita.

—Quiero decir a él. O a ella. Da igual. Sea como sea, he venido para hablarles de Jane Davenport. Sé que ya están al tanto de lo que pasó esa noche.

Junto las cejas.

—La madre de Kyle —digo sin rodeos.

—¿Podemos ir dentro? —pregunta, mirando con recelo el bosque que nos rodea.

Le indico que pase a la cabaña de Hadley y echo un vistazo a mi alrededor hasta que veo a Leonard. Le hago un movimiento con la cabeza para que se una a mí y él se acerca corriendo.

—¿Quién es ese tío?

—Devin Thomas.

Él respira hondo y ambos entramos en la cabaña mientras Devin toma asiento y se frota las manos con nerviosismo.

—¿Por qué no han arrestado a nadie? Me refiero a que, si ya saben lo que hicimos…

—Las palabras no valen de nada si no hay pruebas físicas. Pero, si firma una confesión, lo arrestaré con mucho gusto.

Sonrío con aire siniestro y él traga saliva mientras asiente con la cabeza.

—He dado un giro a mi vida, pero siento que esto es lo que Dios quiere que haga, así que allá voy. Por lo pronto, quiero hablarle de Jane.

—¿Qué pasa con ella? —pregunta Leonard mientras se sienta.

Devin lo mira, pero termina por dirigirse a mí de nuevo.

—Las primeras mujeres que encontraron asesinadas no presentaban rastros de ADN en el cuerpo. Johnson llegó en medio del caso y, después de que básicamente decidiera que Evans era el asesino, de repente comenzaron a aparecer pruebas de ADN en todas las escenas del crimen posteriores.

—¿Está diciendo que falsificó las pruebas? —pregunto con tono neutro, sin mostrar sorpresa. Ya tenía mis sospechas—. ¿Cómo consiguió introducir el semen de Robert dentro de los cuerpos?

—Jane Davenport —responde de inmediato—. El sheriff la tenía completamente a su merced. Odiaba a esa mujer, y como castigo por ocultarle a su hijo durante tantos años, la tenía retenida aquí. Amenazaba con matarla si alguna vez se marchaba. Y ella sabía perfectamente que aquello no era un farol.

—Eso no explica nada —señala Leonard.

Devin asiente.

—Jane era la forastera del pueblo. La única persona que se portaba bien con ella era Robert Evans.

Él se portaba bien con todo el mundo. Amaba tanto a su esposa que nunca pudo rehacer su vida tras su muerte.

Pero incluso un hombre que ama a un fantasma sigue teniendo necesidades, ya saben a qué me refiero.

Leonard se inclina hacia delante y yo me recuesto.

—Está diciendo que Robert y Jane mantuvieron relaciones sexuales —deduzco.