Rojo sangre (Mindf*ck 5) Capítulo 2. Lana #2
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Capítulo 2. Lana #2

—No has encontrado el amor desde Marcus, aunque eso era lo único que él quería que hicie­ras.

En su nota te rogaba que siguieras adelante y encontraras el amor.

A mí me suplicaba que arrasara con este pueblo de mierda.

No has hecho lo que te correspondía para cumplir su última voluntad porque has estado demasiado ocupado ayudándome a cumplir la mía.

Quizás sea hora de terminar con esta alianza para que por fin puedas tener esa oportunidad.

Con la ira reflejándose en sus ojos, se pone de pie y se coloca justo delante de mi cara.

—Juramos que nunca nos haríamos esto el uno al otro, Lana. Que nunca nos alejaríamos, por mucho que se complicara todo a nuestro alrededor. No puedes mandarme a la mierda solo porque estés sufriendo. ¿Lo entiendes? No volverás a utilizar a Marcus contra mí nunca más. ¿Queda claro?

Me trago el nudo que tengo en la garganta mientras un torrente de lágrimas brota de mis ojos y asiento sin fuerzas, odiándome por haberlo hecho. Jake me rodea con sus brazos y yo inmediatamente le devuelvo el abrazo.

Nos quedamos así, abrazados, y por un breve instante siento y huelo lo mismo que con Marcus. Cierro los ojos, fingiendo por un segundo que mi hermano ha vuelto, que me abraza y se arrepiente del peso que puso sobre mis hombros.

Quería que Jake fuera feliz. A mí me quería enfadada.

Pensó que Jake era demasiado bueno para hacer algo así.

Sabía que la ira ardería con fuerza en mi corazón roto.

Supo que yo era un monstruo mucho antes de que yo misma lo supiera.

Tengo la cara pegada a su pecho, y la ilusión de que es Marcus empieza a desvanecerse poco a poco. Saber que es Jake me reconforta del mismo modo. Lleva diez años siendo mi hermano.

Giro la cabeza para apoyar la mejilla en su pecho y miro fijamente la pantalla, donde aparece Logan. Ahora está en la plaza del pueblo y ya no parece un hombre traicionado.

Está hablando con su equipo, pero el sonido está silenciado, así que no sé lo que dice. Hace más de una hora que perdió los nervios. Ahora mismo puede que les esté enviando a buscarme.

—A veces me pregunto qué imagen tendría mi hermano de mí para saber que sería capaz de hacer todo esto —digo en voz baja.

Jake me abraza con más fuerza.

—Pensaba que eras la persona más fuerte que conocía, y no hacía más que presumir de tu carácter, Victoria —me dice.

Sacudo la cabeza.

—No vuelvas a llamarme así —susurro.

Él me da un beso en la cabeza y suspira con pesar.

—Podemos parar cuando quieras. Ya has cumplido tu promesa con creces.

Levanto la vista hacia otra pantalla en la que el sheriff Cannon está manteniendo una reunión privada con sus ayudantes. Entrecierro los ojos porque sé que están tramando algo.

—No. Imposible. Si no acabo con esto hoy, puede que alguien más sufra igual que nosotros.

Nunca pararán, y nadie los detendrá jamás.

Si lo dejo ahora, todo habrá sido en vano.

Necesito encontrarle una razón a lo que nos pasó, aunque la única explicación sea que soy la única capaz de estar lo suficientemente enferma como para zanjar esto de una vez por todas.

Cuando me alejo, Jake me agarra de la muñeca y me obliga a volverme hacia él. Cuando nuestras miradas se cruzan, veo un destello de determinación en sus ojos.

— Tú no estás enferma. Marcus tenía razón: eres la persona más fuerte que conozco. No estás enferma, Lana. Eres un puñetero ángel caído capaz de liberar al mundo de este pueblo enfermo.

Le ofrezco una sonrisa fingida para darle la impresión de que sus palabras me han ayudado. No importa lo que soy. No importa quién soy.

Lo único que importa es cumplir mi misión.

Vengar a mi familia.

Y quemar este pueblo hasta los cimientos.

No necesito sentir amor para ser un monstruo.

Con hacer memoria me vale.

No es difícil hacerlo cuando el sol está a punto de ponerse. El cielo oscuro siempre me trae recuerdos si se lo permito. Por una vez, los dejo entrar.

— ¡No! —  grito, intentando llegar hasta mi padre mientras el agente Murdock me sujeta a punto de dislocarme el brazo izquierdo para tirar de mí   —. ¡No ha sido él! ¡No pudo hacerlo!

— ¡Por las noches siempre está con nosotros! —  grita Marcus, librando su propia batalla con el agente Briggs, que le retuerce el brazo por detrás y lo lanza contra la pared.

— No pasa nada, chicos —  dice papá mientras se le caen las lágrimas   —. No os peleéis con ellos. Estoy bien. Todo irá bien. No pueden culparme de crímenes que no he cometido.

— Menos mal que podemos condenarte por los deli­tos que sí cometiste, malnacido hijo de puta —  gruñe el sheriff Cannon, golpeando con el puño el estómago de mi padre con tanta fuerza que este se dobla por la cintura y cae al suelo con las manos esposadas a la espalda.

Marcus y yo gritamos en vano, rogándoles que detengan al sheriff, cuando este le da una patada en la cara a nuestro padre mientras yace en el suelo. Papá cae de espaldas, con la boca llena de sangre por el golpe.

Intenta mostrarse fuerte delante de nosotros, pero se le escapa un pequeño sollozo cuando el sheriff lo vuelve a patear, esta vez en el costado.

— Tranquilos, aquí no —  dice el agente especial Johnson, sonriéndonos con sorna mientras seguimos intentando liberarnos de su agarre   —. Pero debéis saber que hay pruebas que incriminan a vuestro padre.

Se inclina para agacharse junto a mi padre.

— No vas a volver a ver la luz del sol porque yo mismo me aseguraré de ello cueste lo que cueste —  dice Johnson con tono ácido y una sonrisa siniestra en la cara.

Murdock me lanza contra la pared cuando intento zafarme de nuevo, y grito cuando me aplasta con su propio peso.

— A lo mejor debería darle una lección y dejar que vea las cosas tan feas que les hizo a nuestras mujeres… —  sus palabras se desvanecen mientras me aparta el pelo hacia un lado, y yo me quedo rígida contra su cuerpo   — usando a su hija —  añade, con la voz destilando una inquietante amenaza.

— ¡No! —  grita mi padre, lo que le vale otra patada del sheriff .

— Hazlo y yo mismo te arrestaré —  gruñe Johnson   —. Nuestro objetivo es Evans. Estos son solo críos. Venga, vamos. Ya tenemos a nuestro hombre. Nos queda un largo camino por delante.

— También podríamos finiquitarlo ahora —  dice Briggs, sin soltar a Marcus.

Murdock continúa sujetándome, todavía con su asqueroso cuerpo pegado al mío.

— Haremos las cosas a mi manera —  gruñe Johnson   —. Ya tendréis tiempo de vengaros, pero por ahora se hará lo que yo diga.

Mi padre está magullado y casi inconsciente cuando lo levantan a rastras. Le cuelga la cabeza mientras yo lloro, suplicándoles una vez más que escuchen la verdad. Que me ESCUCHEN. Pero nadie me presta atención.

A nadie le importa.

Johnson y el sheriff sacan a mi padre a rastras por la puerta mientras veo cómo mi vida se desmorona.

Murdock tira de mí para separarme un poco de la pared y luego me empuja con fuerza contra ella. Me mareo y noto el sabor de la sangre en la boca.

— No hemos terminado con vosotros dos —  dice, con un brillo oscuro en los ojos.

Briggs tira a mi hermano al suelo y yo me precipito a su lado mientras él se levanta poco a poco. Briggs y Murdock se van entre risas, y yo le cojo la mano a Marcus.

— No pueden condenarlo. Pronto todo esto será solo una pesadilla —  me asegura mi hermano mientras se incorpora, mirándome con ojos firmes y decididos   —. Te lo prometo, Lana. Demostraremos que es inocente.

Al final, la inocencia no importó. No con las pruebas de ADN.

—Hostia puta —dice Jake, lo que consigue sa­carme de mi ensimismamiento cuando se sienta frente a la pantalla más lejana.

Abro los ojos con incredulidad cuando Dev Thomas sale de un pequeño Honda y se yergue en toda su estatura mientras mira alrededor de la iglesia que tiene delante. Sin duda, se ha enterado de lo de Kyle.

—¿Qué coño hace aquí? —pregunta Jake.

—Solo hay una forma de averiguarlo —digo con una sonrisa de suficiencia.

Lo indulté por lo que escuché decir a Law­rence y Tyler, y porque Dev nunca participó realmente en lo de esa noche. Pero ¿por qué iba a venir al pueblo si no es para unirse a la persecución?

—¿Vas a ir verlo? —pregunta cuando Dev entra en la iglesia, donde no tenemos cámaras.

No me hace falta contestar. Murdock tendrá que esperar unas cuantas horas para morir.

—Ten cuidado. Necesito rebobinar las imágenes para ver lo que Logan les ha dicho a los demás.

—Llama a Hadley y listo —le propongo, mirándolo por encima del hombro.

—¿Estás segura de que podemos confiar en ella? —pregunta, con los labios apretados.

—No tienes que confiar en ella. Simplemente confía en que jamás pondría en riesgo tu seguridad.

Él lanza un suspiro mientras asiente y luego coge el móvil.

—Conduciré hasta las afueras del pueblo por si acaso.

Me voy mientras él sigue con su tarea y me subo al coche con los cristales tintados.

Salgo rápidamente del bosque y no reduzco la velocidad hasta que llego a la salida del pueblo.

No es que la policía preste demasiada atención ahora a las infracciones de velocidad, dado que el sheriff está enfrascado en vengar la muerte de su hijo.

El asesinato de su hija lo destrozó. La exhibieron públicamente, y eso fue lo que provocó que nos violaran y golpearan en la calle.

Espero que perder a su hijo lo reviente por dentro. Exhibirlo ante todo el pueblo fue un bonito detalle para restregarle en la cara la pérdida. Su hija era una zorra y una estirada, pero no se merecía morir.

Pero ¿y Kyle? Kyle se merecía algo peor.

Aparco cerca de la farmacia y camino dos manzanas hasta la iglesia, permanentemente atenta a cuanto me rodea para asegurarme de que no me están tendiendo una trampa.

Cuando estoy segura de que nadie está pendiente de la iglesia, me cuelo por la parte trase­ra.

Me alegra poder decir que no acabo envuel­ta en llamas, lo que significa que quizá aún no esté completamente consumida por el mal a pesar de haber profanado el campanario de la iglesia con el cuerpo medio desollado de Kyle.