Capítulo 2. Lana
LANA
Por ese pecado, cayeron los ángeles.
—W ILLIAM S HAKESPEARE
Alyssa Murdock hace una mueca al dar un sorbo a su bebida, sin saber que la estoy observando escondida entre los árboles. Cada vez que se le levanta la camiseta, veo los moretones que tiene en la espalda.
Oírlo y verlo son dos cosas diferentes.
Muy pocas de mis víctimas tienen hijos. Alyssa es la única descendiente que aún no es adulta.
Con ocho años, todavía es una niña, con demasiados moretones en su historial y demasiadas cicatrices en su corazón. A pesar de la mala suerte que me ha tocado vivir, nunca fui víctima de la ira de mi padre. Jamás me puso una mano encima. Me mimaba y me quería. Como debe ser con un niño.
Pero Greg Murdock ha pegado a su hija demasiadas veces.
Por esa razón ha escalado puestos en mi lista.
Me doy la vuelta y la dejo escondiendo los moretones delante de sus amigos, que están jugando con ella en la casa del árbol. Vuelvo a ponerme la capucha y salgo de mi escondite.
El número de Hadley vuelve a aparecer sin sonido en mi pantalla, y de nuevo ignoro la llamada. Echo un vistazo rápido a su mensaje y siento una punzada de culpa, aunque ninguna otra emoción logra traspasar la barrera que he levantado.
HADLEY: ¡Logan sabe!
Sé que está preocupada y que por eso no deja de llamarme. Pero ahora mismo no me atrevo a hablar con nadie.
Desde que Jake se fue hace un rato, me he quedado sin lágrimas, y mi corazón se hiela cada vez más con cada minuto que pasa.
He vuelto al modo supervivencia y he bloqueado todo para no ahogarme en el dolor. Si me permito sentir ahora mismo, no podré parar de llorar.
Y no hay tiempo para lágrimas.
YO: Lo sé. Cuídate tú. No te preocupes por mí.
YO: Y gracias por aceptarme y comprenderme.
Mantengo el dedo suspendido sobre el botón de enviar ese último mensaje hasta que finalmente lo pulso antes de apagar el teléfono y quitarle la batería. Después regreso a la casa que hemos tomado prestada, cortesía de la familia Dalia, que solo viene en navidades y verano.
La casa está aislada, oculta de la carretera principal por un velo de frondosos árboles. Solo un estrecho camino de entrada conduce a la vivienda, y tenemos sensores que nos avisan si alguien pasa por ellos.
El final se acerca.
Pero ya casi que me da igual.
Mi indiferencia es solo una de las consecuencias de insensibilizarme para sobrevivir.
Un coche pasa a mi lado mientras recorro el largo camino de entrada. Miro de reojo y veo a Jake con la vista fija en mí a través de la ventanilla. Aparto los ojos enseguida: me está examinando, intentando descifrarme, inquieto por lo que pueda hacer ahora que la luz se ha apagado definitivamente.
Mi hermano sacrificó su propia vida para salvar la mía. Incluso sin Logan a mi lado, le debo a mi hermano seguir viviendo, al margen de que la mía sea una existencia vacía y sin alma. Simplemente ya no tengo la fuerza para hacer de esto mi meta principal.
Mi máxima prioridad es rematar todo esto, cumplir el último deseo de mi hermano y, por fin, dejar atrás todo el sufrimiento del pasado.
Jake sigue conduciendo hasta que aparca al final del camino de entrada. Sale del coche y viene directamente hacia mí.
—¿Otra vez desapareciendo en el bosque? —dice Jake.
—He ido a hacer un pequeño reconocimiento. Esta noche voy a por Murdock.
—¿Esta noche? —pregunta con voz preocupada.
—Estoy rifando una puñalada y él lleva todas las papeletas. Me parece que en este caso salimos ganando los dos —le digo, cortante.
Me agarra del brazo para impedir que siga caminando y yo lo miro fijamente a los ojos, llenos de preocupación.
—Lana, date un minuto y recupera la compostura. Logan…
—Logan es alguien que nunca debió aparecer en mi vida —le respondo con frialdad, ignorando el dolor que poco a poco comienza a invadir mi corazón.
Reprimo el impulso de frotarme el pecho, sabiendo que eso me delataría, y entro en la casa con Jake siguiendo mis pasos. Cuando me doy la vuelta, no me gusta nada lo que veo.
Una mirada llena de lástima se clava en mí a través de los ojos de mi mejor amigo.
—Deberías ver esto —dice mientras saca el móvil—. He hablado con Logan.
Abro mucho los ojos y me quedo con la mandíbula desencajada.
—¡¿Qué dices?! ¿Por qué te has puesto en peligro de esa manera?
—No he puesto nada en peligro, y por ti, ningún riesgo es demasiado. No quiso escucharte, así que le obligué a hacerlo. —Se da la vuelta y se aleja, pero voy tras él.
Parpadeo para contener las lágrimas que llevo reprimiendo todo el día.
—No tenías derecho —gruño.
Él se da la vuelta y me mira sin dejar de caminar de espaldas.
—Cuando me encontró, ya había descubierto por sí mismo lo más importante. No te preocupes, Lana. Estoy jugando según tus reglas.
Me quedo clavada en el sitio y el frío vuelve a apoderarse de mí, ahogando las lágrimas que estaban a punto de derramarse. Parece que Jake se da cuenta, porque su rostro se ensombrece.
—No estoy jugando a un juego y ya no hay ningún premio.
Él refunfuña cuando paso por su lado.
—Maldita sea, Lana. No me refería a eso y lo sabes perfectamente.
—Lo sé. Necesito salir a correr otra vez, y luego ya hablaremos del asesinato de esta noche.
Me agarra la muñeca y yo reacciono dándole un empujón y cayendo sobre él cuando se estrella contra el suelo del salón. Él gruñe mientras yo lo inmovilizo, utilizando todos mis músculos para mantenerlo en su sitio.
—¿Cómo es posible que los dos hayamos dado las mismas puñeteras clases, pero tú seas toda una experta y yo siga sintiéndome un principiante?
A pesar de mis esfuerzos, los labios me tiemblan cuando el escudo que me rodea se derrite un poco.
—Por la misma razón por la que fui a todas esas clases de tecnología y apenas sé usar mi móvil, mientras que tú eres capaz de crear imperios virtuales.
Él me sonríe y yo me aparto de él y lo ayudo a levantarse. A medida que se le va desvaneciendo la sonrisa, sé que está a punto de volver a ponerse serio.
—Tienes que ver algo.
Lo sigo, muerta de curiosidad, cuando recoge el móvil del suelo, que se le ha caído cuando lo he empujado. Mientras lo agarra y toquetea la pantalla, yo miro distraídamente por la ventana.
Delaney Grove fue mi hogar. Después se convirtió en un infierno.
Ahora solo quiero salir de aquí porque ya no tiene ningún significado para mí.
Pero sí lo tenía para Marcus.
Para mi madre.
Para mi padre.
Todos están enterrados aquí, igual que Kennedy Carlyle. Aunque en su tumba en realidad ponga Victoria Evans.
Menudo lío hemos montado con tanto esmero.
Era un plan infalible. Pensaba que lo peor que me podía pasar sería volverme loca por tener que adentrarme en la más profunda oscuridad. Pero resulta que lo peor ha sido enamorarme. La oscuridad no es más que una compañera retorcida.
—Mira —dice Jake, y reproduce un vídeo en su móvil.
Él se sienta mientras yo miro la pantalla y compruebo que el vídeo es de hace aproximadamente una hora. Solo con ver a Logan, no puedo evitar que se me acelere el corazón.
Él da un puñetazo a la pared y yo hago una mueca, ignorando el calor de mis lágrimas, que están a punto de caer. Ahí es cuando pierde los nervios y lanza una silla al otro lado de la habitación. Va tirando cosas a su paso mientras grita a nadie en particular.
Coge un bate de la esquina y golpea la ventana hasta romperla. Luego recorre el resto de la habitación con el bate, destrozando todo lo que se le pone por delante al perder por completo el control.
Me apoyo lentamente contra la pared y me deslizo por ella hasta quedar sentada en el suelo. Y observo. Observo cómo el hombre que jamás pierde la calma sufre una crisis nerviosa.
Es culpa mía.
Debería haberme alejado.
—Te quiere —dice Jake, agarrándome el hombro después de levantarse y colocarse en cuclillas a mi lado.
Me aparto de él mientras Logan continúa destrozando la habitación, rompiendo todo lo que encuentra.
—No me quiere como yo lo quiero a él —digo con voz rasposa—. Yo lo quiero lo suficiente como para reducir el mundo a cenizas por él.
Toco la pantalla cuando Logan pone fin a su arrebato y, con el pecho agitado, deja caer la cabeza hacia atrás y mira fijamente al techo. Al final, sale de la cabaña con paso firme, recuperando su máscara de compostura, y cierra la puerta con tanta fuerza que esta rebota y se vuelve a abrir.
—Él me quiere lo justo como para sentirse traicionado —añado con un susurro ronco.
Jake se queda rígido a mi lado y yo le devuelvo el teléfono mientras me seco una lágrima rebelde.
—No le has dado tiempo, Lana. Tal vez ahora…
—¿Ahora qué? —pregunto, exasperada—. ¿Piensas que no me encantaría que cabalgásemos juntos hacia el atardecer?
No estoy siendo cabezota, Jake. Vives con miedo de que pierda el contacto con la realidad como consecuencia de los abismos a los que tengo que descender para perpetrar todos estos asesinatos, pero ahora mismo eres tú quien está siendo irracional.
Logan descubrió la verdad. Me echó un polvo y me dejó esposada a una cama, y cuando se marchó…
, lo único que había en sus ojos era desprecio y dolor.
Contengo un sollozo, decidida a no derrumbarme una vez más.
Los ojos de Jake se llenan de lágrimas al ver cómo me tiembla el labio, pero sigo adelante.
—Es tan puro. Tan bueno. Tan honesto y auténtico.
Tan dulce y amable. Es por todas esas cualidades por las que me enamoré, porque él era todo, ¡todo!
, lo que siempre había deseado en una persona.
Y él me quería. Sin embargo, yo deseaba corromper precisamente aquellas cosas que habían hecho que me enamorara de él solo para conseguir arrastrarlo conmigo a la oscuridad de forma egoísta y retenerlo. No estaba bien.
—No es egoísta, Lana —discrepa Jake con cautela.