Rojamuerte La confesión de éomar #2
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La confesión de éomar #2

Resuello por la nariz y esbozo una sonrisa ladeada. Fel’nis frunce más el ceño.

—Estoy haciendo un viaje sin retorno, compañero. —Le palmeo el hombro también, aunque no me estoy limpiando.

—Eres bastante siniestro.

—Soy realista. —Empiezo a alejarme.

—¡Pues he apostado por ti! —vocifera y se ríe— ¡No me hagas perder dinero, Trueno Acechante!

Voy al encuentro de Éomar, que habla con Z’na o trata de hacerlo, porque la guerrera está tan excitada que se salta palabras y las apelotona.

—Estamos repasando el plan —dice Z’na.

—¿Que es…?

—Me adelantaré con la caída de la noche, llevándome a…

—No —interrumpo a Z’na.

—¿Cómo que no?

—Queremos atacar por la mañana, de noche están más activos.

—No estoy hablando del ataque, bocazas.

—Hagas lo que hagas, que sea por la mañana, con las primeras luces. Querrás llevarte a dos que tengan menos escamas en la cara que tú. Si estáis muy enteros y os ven, sospecharán enseguida. ¿Habéis traído las sotanas?

—Sí, pero…

—¿Las arreglaron como te indiqué?

—Mierda.

—Mira por dónde, ha venido bien que nos hayamos retrasado, porque toca ponerse a coser —apunta Éomar.

—Respecto al ataque, he pensado que lo mejor es que Fel’nis y tú vayáis a por G’lar, mientras Lazor y yo vamos a por Shal’karath.

Pestañeo, porque Éomar tiene tantas ganas de enfrentarse al Dragón Negro como ella y porque habíamos decidido que atacaríamos todos a una; primero contra G’lar y luego contra Shal’karath. Su estrategia es buena, pero le quitará su momento de gloria a Éomar y no parece que esté de acuerdo.

—Si acabas con G’lar, te ganarás el nombre igual —indica Z’na.

—Quiero luchar junto a mi guerrero y quiero acabar con Shal’karath. Me da la sensación de que tratas de apartarme porque piensas que se me daría mejor un humano, es insultante.

—Un oniromante, con el que tendrás que tener el mismo cuidado.

—Te quieres llevar la gloria, eso es lo que parece. —Éomar se lleva la lengua al colmillo—. Sigo siendo tu líder, así que iré a por Shal’karath junto a Lazor.

—¿Qué pasa? —Fel’nis se acerca con tono cansino—. ¿Z’na?

—A Éomar no le parece bien el nuevo plan.

—Te dije que se iba a cabrear.

—¿Cuándo lo decidisteis, sin consultarme?

—Mientras follabas con Lazor.

—¡Z’na!

—Cierra la boca, Fel’nis. —Mira a Éomar—. Te he dejado liderar, pero las cosas no han salido bien, así que tomo el mando.

—¡¿Cómo?!

Se empiezan a enzarzar con gritos y acusaciones descarnadas.

Retrocedo un par de pasos y me mantengo junto a Fel’nis, que resopla cada vez que Z’na se pasa de la raya.

Los demás empiezan a reunirse en torno a nosotros y el guerrero rubio intenta dispersarlos, para que la animosidad no se extienda.

U’zhen los mira con los brazos cruzados, comentando por lo bajo con otro de los suyos.

Me estoy empezando a enojar también, porque de no ser por mi maestro esto ni siquiera sería posible.

Por otro lado, meterme a defenderlo solo complicará las cosas, que se están agitando tanto que Éomar hace ademán de quitarse el abrigo.

Doy un paso y Fel’nis me pone un brazo en el pecho, lanzándome una mirada de advertencia.

—¡Yo he montado esto, Z’na! ¡Yo!

—¡Y hemos perdido a U’hrk! ¡Por no hablar de la humana traidora, a la que además has soltado!

—¡Así que os rebeláis contra mí, sin siquiera discutirlo! —Se vuelve hacia Fel’nis y lo señala—. ¡No me esperaba esto de ti!

—Venga ya, Éomar, sabías lo que ocurriría. No has sido un líder responsable, aunque me joda decirlo.

—De no ser por mí, seguiríais escondidos. —Camina hacia él—. ¡Todos vosotros!

—Y ha sido inspirador, no te lo discuto, pero Z’na es mejor líder que tú. Todavía te falta experiencia. Hazle caso y tómalo como parte del aprendizaje. —Cuadra los hombros, viendo que se le encara—. Escucha, a mí también me sentaría mal, pero un buen guerrero…

—¡Soy buen guerrero!

—Excelente, un digno hijo de Findar, pero no podemos decir lo mismo en cuanto a tu liderazgo, y nos lo estamos jugando todo.

Mi maestro no dice más, se limita a resollar a un palmo de su cara.

Fel’nis ni siquiera se mueve, sigue con los brazos cruzados y le sostiene la mirada, aunque no lo reta.

Me acerco para tratar de apaciguarlo y me empuja, después da golpes al aire y se aleja por un sendero rocoso.

Me llevo la lengua al paladar y crujo el cuello, dedicándole la mueca a Fel’nis.

—Todavía es muy joven, Lazor, ya has visto cómo ha reaccionado.

—Le saco unos años y reaccionaría igual. —Lo empujo con el hombro al pasar por su lado.

—Y por eso no nos lideras, camarada.

Busco a Éomar por el sendero, con el enojo que lleva seguro que se ha ido solo a por el Dragón Negro.

Lo encuentro escondido entre un cúmulo de rocas altas, tan oscuras como el pico que sangra lava sobre nuestras cabezas.

Está sentado en el suelo, con la cara oculta en las manos; sus hombros se sacuden con brío.

Por suerte le ha dado por llorar, en lugar de lo que me temía.

Me acerco despacio para no sobresaltarlo y me arrodillo.

Me busca en cuanto me percibe, dándome una abrazo cargado de lágrimas y jadeos.

—¿Crees en mí, Lazor?

—Claro que sí.

—Mi padre me odiará después de esto.

—Tu padre se puede ir al carajo.