Capítulo 21
Capítulo Veintiuno
L a vida era buena.
No, la vida era fantástica.
Dax no recordaba la última vez que se sintió tan alegre y despreocupado como se sentía ahora.
Mierda, puede que incluso nunca antes se hubiera sentido de esa manera. Jack y él pactaron cierto tipo de tregua silenciosa; no es que fueran los grandes amigos, pero por lo menos ya no estaban enemistados, así que en el hielo explotaban sin pudor el tiempo que jugaron juntos en su infancia.
Dax no había olvidado nada: ninguna de las maniobras que practicó con él ni los ejercicios que realizaron juntos a lo largo de los años.
Ya no eran adolescentes; eran mejores. Mucho mejores.
Tan condenadamente buenos que una tarde, después del entrenamiento, el entrenador le preguntó si estaban practicando a sus espaldas.
No hacía falta. Su memoria muscular era más que suficiente.
Los L.A. Hawks iban camino de las eliminatorias y habían superado con éxito su racha de sequía. Igual que Dax.
Dos semanas después de aquella noche en la que decidieron canalizar su rabia mutua en numerosos orgasmos, Dax tuvo una reveladora epifanía.
De repente supo por qué estaba de tan buen humor: en los últimos años se había tomado la relajación de forma totalmente equivocada.
Se dio cuenta de que el concepto de «relax» le era ajeno antes de Lucy.
Su premisa siempre fue que mucho sexo sin compromiso equivalía a paz mental.
Pero estaba aprendiendo por las malas —a veces con suavidad y ternura— que no todo el sexo era igual.
Sí, ligar podía ser divertido y satisfactorio, pero también daba mucho trabajo después.
Estaba la charla trivial, el flirteo agresivo, la incómoda mañana siguiente y —sobre todo— el estúpido ritual de lavar las tazas de café.
Luego, su discurso habitual sobre que no volvería a llamar y que lo de la noche anterior era cosa de una sola vez.
Estaba bien, pero al final no resultaba relajante de verdad. Era solo un medio para un fin.
En cambio, con Lucy el sexo era puro placer.
No tenía que dar ningún discurso. Ella lavaba su propia taza porque casi siempre se quedaba hasta después del desayuno, y las mañanas nunca eran incómodas. Flirtear con ella surgía con naturalidad y sus noches no eran cosa de una vez. Gracias a Dios.
No se había dado cuenta, pero el sexo podía ser divertido a niveles que iban mucho más allá del físico.
Nunca se había reído tanto entre las sábanas como ahora; y aunque muchos hombres estaban convencidos de que reírse en la cama les quitaba las ganas, Dax no podía estar menos de acuerdo con eso.
Joder, no había nada mejor que hacer reír a Lucy. Excepto, quizás, hacer que se viniera.
No, tal vez ambas cosas estaban al mismo nivel.
Otro punto a favor era que ya no tenía al equipo de relaciones públicas encima.
Siempre llegaba a tiempo porque Lucy se lo recordaba, y ya no atraía la atención negativa de la prensa porque pasaba las noches en la cama con ella en lugar de en los bares.
Era el mejor maldito trato que había hecho en su vida, y nadie tenía ni idea.
— Bro , no me lo puedo creer. ¿Por qué? Puedes tener a cualquier mujer, pero no puedes quedarte con Lucy .
Matt le dio un puñetazo en el hombro con tanta fuerza que el torso de Dax salió despedido hacia el pasillo del avión.
—¡Ay! —siseó, frotándose la zona y girándose enfadado hacia su mejor amigo—. No tengo ni idea de qué me estás hablando.
—Ya, claro. —Matt lo miró con aire sombrío, con el puño de nuevo en alto—.
Te daré un consejo, Dax: si no quieres que la gente sepa que están follando, no se miren y mucho menos se sonrían de esa manera en que lo hacen.
—Su mirada se desvió hacia Lucy, quien los observaba, pero que en ese momento apartó la cabeza sobresaltada.
Matt apretó los dientes—. ¡Porque todo el mundo aquí sabe que Lucy no regala su sonrisa así como así a nadie!
¡Y menos a ti! ¡Así que deja de mirarla como si fuera un manjar jodidamente sabroso o… lo que sea!
A Dax se le tensó el cuello. Mierda. Creía que estaban siendo discretos.
—Dios, por eso no pude localizarte anoche en el hotel, ¿cierto?
—siguió Matt, impertérrito—. No estabas en tu habitación.
—Su amigo frunció el entrecejo—. Sí. Tu cara lo confirma.
Ah, Dios, quería equivocarme. Casi esperaba que solo estuvieras enfadado conmigo por comerme tus huevos revueltos en el bufé, ya que sé lo mucho que te los tomas en serio… , pero Lucy y tú…
—¡Carajo, Matt, baja la voz! —gruñó—. No es asunto de nadie.
—¡Pero todo el mundo quiere saberlo! Joder, Dax, estas cosas siempre salen a la luz, porque siempre se nota cuando dos personas se han visto desnudas.
Dax bufó.
—Yo te he visto desnudo a ti y al resto del equipo y nadie sospecha de si me he acostado con ustedes.
—Porque todo el mundo sabe que jugamos en otra liga.
Además, ya sabes a qué me refiero —respondió Matt, molesto, echando la cabeza hacia atrás y gimiendo—.
Me temía que esto pasaría. Sabes, siempre pensé que no se aguantaban, pero luego Jack pensó que eran pareja y entonces caí en la cuenta: lo que no soportan es el poder que cada uno tienen sobre el otro.
Llevan un puto año queriendo follar. Pero pensé: «No, Dax es más listo que eso.
Aprendió de aquel incidente con la becaria de hace tres años.
Sabe que debe mantener el sexo lo más lejos posible de la organización.
Hablamos de ello durante horas por aquel entonces».
Pero parece que se te olvidó, porque ahora vas y lo haces: cruzas la línea. Vas a arrastrar a Lucy al abismo.
—Cállate, Matt —dijo en voz baja, con los hombros tensos de repente—. No voy a dañarla.
—Dax, eres un buen tipo. Te confiaría mi ropa y mi vida en cualquier momento, pero, por desgracia, no a ninguna de mis hermanas —respondió su amigo con seriedad—.
No quieres hacer daño a las mujeres, pero lo haces de todos modos.
No a propósito, pero… lo haces. —Matt se frotó la frente con nerviosismo—.
No solo soy amigo tuyo, también lo soy de Lucy.
Ella, a la que tanto le importa su trabajo.
Ha planeado una carrera brillante, y si sale a la luz que están follando, ¡la mitad de la directiva la tachará de una zorra en la que no se puede confiar!
Hay tantísimas mujeres en el mundo con las que podrías descargar tu rabia acumulada. ¿Por qué utilizar a…?
―Matt ―gruñó, empezando a enfadarse de verdad―. Cállate. ―No le gustaba nada lo que estaba diciendo. No estaba usando a Lucy. Si acaso, se estaban usando mutuamente. ¡Pero eso tampoco era cierto!
—¡No me voy a callar hasta que me expliques por qué tiene que ser ella!
—No es lo que piensas, ¿de acuerdo? —espetó con agresividad.
—¿Por qué no?
—Porque… me gusta.
Durante unos segundos interminables, Matt lo miró con la boca abierta. Entonces, su amigo soltó un suspiro de asombro, como si Dax hubiera anunciado que el sexo era una estafa.
—No me mires así —recriminó molesto—. No tiene nada de malo.
—Dios, Dax, ¿te estás oyendo? ¿Cuándo me has dicho alguna vez que te gustaba una mujer con la que te habías acostado? Esto es algo serio.
No, no lo era. Solo le gustaba, ¿no? También le gustaba la mantequilla de maní, pero Matt nunca le daba la lata con eso.
—¿Así que están en una… relación? —concluyó su amigo, sorprendido—. Eso cambia las cosas, lógicamente.
Dax bufó:
—Dios, no. —Su amigo frunció el ceño—. No somos novios. Solo nos estamos acostando.
—Ya veo. Se están acostando y, de paso, tienen sentimientos el uno por el otro.
—Bueno… —No podía decirlo con seguridad. Él tenía sentimientos. Muchos. En cuanto a Lucy…—. Tal vez —respondió al fin con vaguedad.
—Bien, espera. —Matt levantó las manos y habló aún más bajo—. No lo entiendo. Te gusta. Te acuestas con ella y la ves, ¿qué?, ¿dos veces por semana?
Dax se rascó la barbilla.
—Cinco veces. De momento —apuntó—. Pero solo han pasado dos semanas.
Matt se echó a reír. A carcajadas. La mitad de sus compañeros sentados cerca se giraron a mirarlos.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó León.
—Ah, Dax que acaba de decir una estupidez —dijo Matt a la ligera, restándole importancia.
—Ah, ya entiendo. Nada nuevo, entonces —respondió el defensa con desinterés y volvió a dejarlos en paz.
—Yo no digo estupideces —le refutó Dax, molesto.
—Sí, las dices. Pasan la mayoría de las noches juntos, se gustan y, aun así, afirmas que no tienen nada.
Es ridículo. Lo siguiente que me dirás es que se mandan mensajitos de buenas noches antes de dormir.
—Dax se quedó callado—. ¡Mierda, entonces sí lo hacen!
—Matt sonrió de oreja a oreja—. Dax, ¿por qué no lo dijiste antes?
Me habría ahorrado el discurso de advertencia amistosa. No están solo follando, son pareja.
Abrió la boca con incredulidad.
―¡Que no! ¡No somos novios! ¡Solo tenemos sexo!
―¿O sea que no hablan? ¿No desayunan juntos? ¿No se cuentan nada de cómo estuvo su día?
Perplejo, Dax abrió la boca. Claro que lo hacían. Sería extraño estar en silencio cuando pasaban tanto tiempo juntos. Además, ¿de qué otra cosa iba a hablar si no era de su día? Pero eso no significaba que fueran… ¿o sí?
―Deberías ver la cara que tienes ―dijo su amigo, sacudiendo la cabeza―. Tienes la misma expresión que cuando descubriste que los wombats cagan cubos. Además, son los únicos idiotas que nunca han pasado más de unas pocas noches con la misma persona y, por tanto, no saben lo que es una relación.
―Los wombats son absurdos. Y no lo entiendo. ¿Es eso lo que haces cuando tienes una relación? ―preguntó, confundido.
―Amigo, parece que ni siquiera sabes el significado de esa palabra ―bufó Matt.
Bueno… ¡no! Tenía una relación con su hermana que en realidad ni siquiera contaba y relaciones con sus colegas de hockey, pero… no, esas tampoco contaban.
―Mierda ―soltó, pasándose la mano por el rostro.
―Ajá ―confirmó Matt―. Bienvenido al mundo de los adultos.
―¡Pero Lucy no cree que tengamos una!
―Pues se equivoca.
―Pero… ―La garganta se le secó―. Pero le dije que no quería salir con ella. Que solo quería llevármela a la cama.
―Bueno, pues mentiste ―dijo Matt con su mejor voz de profesor.
―Joder. ―Sí, lo había hecho.
Quería salir con ella.
Lo quería todo de ella.
Quería llevarla al cine. A restaurantes. Decirles a todos y cada uno de los jugadores que ella era suya para que León dejara de hacer de una vez por todas, todos esos comentarios vulgares sobre la dulce Lucy. Porque era dulce; pero solo él debería saberlo.
Oh, Dios… ¡Quería presentársela a su hermana!
―Joder ―repitió.
Matt suspiró.
―Sí. Ah, bro , esto va a acabar en drama, ¿a que sí?
―No. El drama no es lo mío. Ni de Lucy.
―Ya. No hay más que ver tu relación con Jack y esta idea tuya de acostarte con ella.
Dax lo ignoró y entrecerró los ojos.
―¿Qué hago ahora? ―siseó―. ¿Con Lucy?
―¿Decirle que te gusta? ¿Que después de todo quieres salir con ella? ―sugirió su amigo, hablando tan despacio que bien podría haber estado hablándole a un niño de preescolar.
―Pero ella no sale con jugadores de hockey.
―Ah, entiendo. Solo se acuesta con ellos ―respondió Matt con sarcasmo.
―No hables así de ella ―replicó con brusquedad.
Matt puso los ojos en blanco.
―Estás en una situación delicada. Díselo pronto, ¿de acuerdo? Antes de que explotes. O encontrará a otro.
Dax frunció el entrecejo y miró a Lucy a través del pasillo. No haría eso, ¿verdad? ¿Acostarse con otros tipos mientras se acostaba con él?
¿O sí?