Rivalidad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Capítulo Catorce

N ada era normal. Todo iba mal.

Toda la semana pasada trascurrió así, incluso más que antes, si es que eso era posible. Solo que esta vez Jack no había tenido nada que ver. Bueno, nada no, pero al menos no podía adjudicarse la mayor parte de esos siete días de mierda, ya que ese honor le correspondía sin ninguna duda a Lucy.

Dax sentía que negoció cierto tipo de tregua con ella pero que no leyó bien las condiciones exactas. El primer punto parecía ser mantener una distancia física de seguridad. No estaba seguro de si Lucy lo hacía a propósito, pero nunca se acercaba a menos de dos metros de él.

El segundo punto era que ya no soltaban palabrotas cuando estaban juntos. Dax tampoco sabía explicar cómo sucedió eso. Tal vez tuviera algo que ver con el hecho de que ambos sentían que debían medir sus palabras en cuanto el otro entraba en una habitación.

El tercer punto era que no hablaban de lo que había ocurrido.

La noche en Snow Hut prácticamente fue eliminada de su historia.

Luego había una serie de puntos no verbalizados que Dax no sabía nombrar, pero que tenían todo que ver con el hecho de que él y Lucy se comportaban como marionetas de madera ante una hoguera: cautelosos, conscientes en todo momento de que un paso en falso podría suponer su destrucción.

Resultaba agotador: cada conversación era forzada, cada encuentro un suplicio.

Quería recuperar a la antigua Lucy, la que lo sacaba de quicio, pero era sincera con él. La que no lo trataba con guantes de seda porque sabía que no lo necesitaba y que, desde luego, no se lo merecía. El único consuelo era que sus compañeros no sabían nada del asunto.

—Oye, ¿ocurrió algo? —preguntó Matt, frunciendo el ceño—. ¿Entre tú y Lucy?

Dax levantó la cabeza tan rápido que se golpeó la barbilla con la botella de cerveza.

—¿Qué? No. ¿De qué estás hablando?

Su amigo se encogió de hombros y se recostó en el sofá, poniendo los pies sobre la mesa que tenía delante mientras lo miraba con preocupación.

—No sé… Los dos están actuando de forma muy rara últimamente. Diciendo por favor y gracias, sin insultarse…

—Baja los pies, Payne —le espetó Fox al pasar por su lado, lanzándole una chapa de botella a su compañero—. Cuando dije que se sintieran como en casa, me refería a la casa de sus mamás. Donde nadie pone los pies sobre la mesa.

Matt puso los ojos en blanco, pero hizo lo que le decían y luego miró a Dax con expectación.

—Solo estamos siendo educados —respondió en voz baja, molesto.

Lucy no era un tema que quisiera discutir con sus compañeros de equipo.

—Sí, lo que yo decía —afirmó Matt—: Raro.

Tenía razón. Era raro. Por si los últimos días no hubieran sido lo bastante estresantes, ahora también tenía que andar con pies de plomo con Lucy.

Tras dos derrotas más —¡de las que Dax solo tenía la culpa en un treinta por ciento!

—, la prensa los había atacado de forma tan brutal a él y a Jack que incluso tuvo que aceptar a regañadientes una maldita sesión de fotos con él.

Quizá eso detuviera el circo mediático, por no hablar de los correos de odio de los aficionados, que estaban perjudicando al equipo.

Todo aquello estaba interfiriendo en el juego, en la dinámica y en la relación entre ellos.

Dax sentía que no pasaba nada si se interponía en su propia felicidad, pero no en la de sus compañeros, independientemente de si Jack formaba parte de ella o no.

Todo el revuelo mediático era también la razón por la que su capitán, Austin Fox, anunció otra velada de «actividades de cohesión de grupo».

Aunque nadie lo decía de forma abierta, todos sabían que el objetivo era integrar a Jack en el equipo.

En los últimos días se le había visto tan descentrado en el hielo como a Dax, y Fox creía que era porque no se sentía a gusto con el grupo.

Dax sabía que era mejor no llevarle la contraria al capitán cuando se trataba del bienestar espiritual de su rebaño —o sea, sus compañeros—, así que se limitó a asentir.

Como resultado, ahora estaba sentado con Matt en el gigantesco sofá de Fox, bebiendo cerveza sin alcohol mientras el resto del equipo correteaba por la enorme casa jugando al billar y aprovechando la piscina climatizada o lo que fuera.

No le importaba, siempre que lo dejaran a él y a Matt en paz, ya que Dax sentía una extraña necesidad de sincerarse sobre sus sentimientos y prefería que solo su mejor amigo fuera testigo de ese momento tan poco habitual.

—Tuvimos una pequeña… discusión —murmuró.

Matt entornó los ojos.

—¿A qué te refieres con pequeña?

—Tan pequeña como tu problema con lo de la ropa.

—¡Después siempre me huelen las manos a orina! —se quejó Matt—. Y a mierda.

—Se supone que no tienes que lavar las camisetas en el retrete; lo sabes, ¿verdad? —respondió Dax, resoplando antes de añadir—. Y sí. Tal vez fue más bien una discusión gorda. Pero no importa. Desde entonces, todo entre nosotros es…

—¿Raro? —cuestionó Matt, echándole una mano.

—Exacto.

—Hm. —Matt dio vueltas a su cerveza entre las manos con aire pensativo—. Pero eso no es nada nuevo entre ustedes dos.

—Oh, esta vez es algo nuevo.

—¿Ah, sí? ¿Por qué fue la discusión?

—No te importa —le espetó. Aunque alguien le pusiera una pistola en la cabeza, no sería capaz de resumir de qué había tratado.

Matt se llevó la mano al pecho, fingiéndose herido.

—¿Desde cuándo me ocultas algo? Pensaba que solo te hacías el misterioso para ligar, no para fastidiarme a mí.

Dax puso los ojos en blanco.

—Puedo hacer varias cosas a la vez —explicó con naturalidad—. Además, no tienes por qué saberlo todo. En este caso, lo único que importa es que yo estaba enfadado con ella, ella estaba enfadada conmigo y ambos nos comportamos… increíblemente mal.

—Increíblemente mal —repitió Matt pensativo, ladeando la cabeza. Pasados unos segundos, susurró con inquietud—: Dime una cosa, ¿se están acostando?

Dax se atragantó con la cerveza y tosió con fuerza.

—¡Carajos, no!

Pero le gustaría. Mucho.

—Solo preguntaba —se excusó su colega, levantando las manos en actitud defensiva—. Desde que Jack dijo que pensaba que eran pareja... —Se encogió de hombros—. No importa. Mira, si la cosa está rara, mándale un mensaje y dile que quieres que todo vuelva a la normalidad.

Dax lo miró con incredulidad.

—No puedo mandarle un mensaje, así como así.

—Claro que puedes. Lucy odia que la gente no sea sincera. —Sí, eso ya lo sabía—. Aparte de eso —continuó su amigo—, a las mujeres les gustan esas mierdas de la honestidad y la sinceridad. Dos de cada tres dicen que la honestidad en una relación les importa más que el buen sexo.

Dax lo miró incrédulo. Para él la honestidad también era importante. Sobre todo en la cama, ¡para poder tener buen sexo!

—¿De dónde diablos sacaste eso? ¿Es que te están influyendo tus hermanas o cómo es que de repente estás tan en sintonía con las mujeres?

Un ligero rubor le subió a Matt por el cuello.

—Bueno, me lo contó Maddie. Tiene una agencia de citas. Dice que muchas de sus clientas contestan eso en el cuestionario.

—¿Maddie?

—Sí. Ya sabes. La hermana de Lucy.

Ah, sí. Cierto. Matt también era amigo suyo. Dax estaba perdiendo el hilo poco a poco. Suspiró profundo y dejó caer la cabeza contra el respaldo.

—No sé si puedo mandarle un mensaje a Lucy, así sin más y decirle que quiero que las cosas vuelvan a ser normales. No quiero empeorarlo —admitió en voz baja.

Matt enarcó las cejas, divertido.

—¿Peor que ahora? ¡Joder, Dax! Verlos es como ver a dos tortugas comiendo cápsulas de detergente.

Lento y doloroso, y todo el mundo sabe que acabará en muerte.

Ustedes dos no están diseñados para ser discretos y educados.

En algún momento, alguno explotará, probablemente arrastrándome al abismo con él, y yo me quedaré colgando en el medio.

Así que escríbele. Iré por un poco de vodka mientras tanto.

—¿Por qué? —preguntó Dax, irritado.

—Parece una noche de vodka, ¿no crees? —respondió con naturalidad y se encogió de hombros antes de cruzar el salón de Fox.

Dax resopló y sacó el móvil. Se quedó mirando el cursor parpadeante durante unos segundos y luego redactó un mensaje largo.

Al principio explicó qué era lo que le molestaba del comportamiento reciente de Lucy…

y luego lo borró todo. Era demasiado superfluo.

Impaciente consigo mismo, gruñó y frunció el entrecejo, y luego envió tres frases directas.

Contenían toda la información importante:

Quiero que vuelvas a actuar con normalidad. Como antes. Antes de… todo .

Satisfecho consigo mismo y con su elocuencia, estaba a punto de guardar el celular cuando este vibró en su mano.

Aplícate el cuento, Pinocho. ¡Actúa como un niño de verdad antes de acusarme a MÍ de no ser normal!

Las comisuras de sus labios se curvaron en una mueca. Al menos sus mensajes seguían siendo normales. Es decir, normales para sus estándares. Estaba a punto de responder cuando alguien se asomó por encima de su hombro.

—¿Le estás escribiendo a Lucy? —preguntó León.

Dax se sobresaltó y bajó el celular.

—¿Estás leyendo mi teléfono? —replicó con dureza.

—No, solo su nombre —respondió con ligereza y se dejó caer a su lado—. ¿Por qué todo el mundo tiene su número privado menos yo?

—Yo tampoco lo tengo —comentó Fox, apareciendo junto a él—. Porque me porto bien y ella rara vez tiene que hablar conmigo.

—No deberías estar tan orgulloso de ser un aburrido —replicó Matt, volviendo al salón con Jack a cuestas y dejando una botella de vodka y cinco vasos de chupito sobre la mesa.

—Al menos yo no soy el Santo —comentó Fox, lanzando una mirada significativa a Jack.

Este se rio entre dientes y bebió un sorbo de su whisky.

—Yo no elegí el apodo. Culpo a Dax por eso, porque la prensa estaba tan desesperada por encontrar un homólogo para el Diablo .

—Ah, por favor —respondió Dax, resoplando. Era mucho más fácil ser normal con Jack delante de los demás—. La gente ya te llamaba así antes de que yo entrara en la NHL.

La ironía nunca se le pasaba por alto: para ser un santo, Jack tenía un historial delictivo condenadamente largo.

—Cierto —confirmó Matt.

—Hasta yo lo sé, y eso que debería ser demasiado joven para ello —dijo León, que aún no había cumplido los veintitrés—. ¿Es verdad que no sales con mujeres durante la temporada? ¿En absoluto? ¿Entonces toda esa tontería del Santo es verdad?

Jack se encogió de hombros.

—Me distrae —masculló, lanzando a Dax una mirada decidida—. Y como no me gusta perder… prescindo de mi vida personal durante la temporada.

Claro. Jack odiaba perder. Vaya, las dos últimas semanas debían haber sido un infierno para él.

—Eso es terrible —respondió Matt.

Jack sonrió.

—Apuesto a que todas las mujeres dicen eso después de terminar contigo.

Dax no pudo evitar reírse.

—Creo que buscas las palabras «eso es rápido».

Matt lo miró con severidad.

—Es agradable que se lleven bien cuando las bromas son a costa de otro.

—Bueno, tú siempre estás diciendo que deberíamos hacernos amigos —respondió su amigo con inocencia.

—Hablando de hacerse amigos —intervino León—, has estado pasando mucho tiempo con Lucy, ¿verdad? —Miró a Dax con expectación.

Se le revolvió el estómago. Dios bendito. Ese chico en verdad estaba pensando demasiado en ella. Y eso no le estaba gustando para nada.

—Sí. ¿Y?

—Bueno, solo me preguntaba… ¿con qué tipo de hombres sale? He oído por ahí que se ha acostado con once tipos.

Dax bajó la mirada, apretando los dientes.

Mierda. León lo escuchó de él, porque Lucy se lo contó cuando se conocieron. Se había sentido mal entonces por usar esa información para descargar su ira contra ella… pero, por alguna razón, se sentía aún peor ahora.

—Once son muchos para una mujer, ¿no? —continuó León. No se dio cuenta de que sus palabras hacían que Dax apretara la mandíbula—. Entonces, ¿por qué conmigo no? No parece tan selectiva.

—No hables así de ella—espetó Temple bruscamente, cerrando los puños—. No se merece eso.

Sorprendido, León enarcó las cejas, pero antes de que pudiera decir ninguna otra estupidez, Fox lo salvó.

—Dax tiene razón —asintió—. ¡No está bien que nosotros nos acostemos con tantas mujeres y nos demos palmaditas en la espalda por ello, y luego condenemos a las mujeres por un número alto!

León suspiró.

—¿Sabes, Austin? A veces tu racha diplomática me pone de los nervios.

Su capitán de equipo sonrió con picardía.

—No debería. No tienes ni idea de lo que te habría hecho si no fuera tan «diplomático».

— Ok , esa es mi señal para repartir el vodka —anunció Matt, entregando los vasos de chupito—. ¿Vas a beber, Dax?

Dudando, observó el líquido transparente de la botella.

Por lo general no bebía durante la temporada.

Dicho esto, mañana tenía una maldita sesión de fotos con Jack y estaba soñando con Lucy —desnuda— casi todas las noches.

Por no mencionar que el equipo había perdido tres veces seguidas, a pesar de su abstinencia.

Sí, esa era razón suficiente para romper su regla y emborracharse. Quizá mañana se quedaría dormido y la sesión de fotos tendría que cancelarse… ¡Qué lástima! Sí, eso estaría muy bien.

—Sí, ponme uno.