Capítulo 7 #2
Este último frunció el entrecejo. No le gustaba la forma en que estaba respondiendo, como si supiera más que nadie. En cualquier caso, nada de lo relacionado con Lucy le resultaba interesante.
—Bueno, técnicamente aún no estoy en la plantilla —replicó con inocencia—. No formo parte oficial del equipo hasta el primer partido, ¿verdad? Y como no salgo con nadie durante la temporada, la semana que viene es mi única oportunidad de entrar en acción…
León sonrió de oreja a oreja.
—Adelante, inténtalo. No serías el primero al que rechaza.
—Oh, ya veremos —respondió y, de repente, patinó hacia la puerta encastrada en la valla.
Dax lo siguió antes de que sus piernas se dieran cuenta de lo que estaban haciendo. Lo único que sabía era que Jack no podía venir aquí e infiltrarse en cada aspecto de su vida. El equipo, su familia… Lucy.
—Déjala en paz —dijo con tono sombrío, agarrando el brazo de Jack.
Su hermano se dio la vuelta con las cejas alzadas.
—Ah, conque sí es tu novia después de todo —concluyó en voz baja.
—Ni de broma. —Soltó una risa seca. La idea era ridícula—. ¿No has oído a León? Nos odiamos.
Aunque «odio» no fuera la palabra que asociaba a su rostro, una profunda inquietud asaltaba su cuerpo cada vez que Lucy mostraba su dulce sonrisa burlona. No era odio, pero sí quizá… ¿precaución?
Jack lo miró con condescendencia y luego dijo en voz baja:
—Puedes decirme lo que quieras, Dax, pero no miras a las mujeres que odias de la forma en que miraste a Lucy ayer.
—¿Qué? —preguntó, parpadeando confundido—. La miré como miro a cualquier consultora de relaciones públicas que me saca de quicio.
—¿O sea que a todas tus consultoras de relaciones públicas quieres llevártelas a la cama? —inquirió suavemente—. Eso es un poco excesivo, ¿no crees? Incluso para tus estándares.
Aquella afirmación fue tan sorprendente y directa que Dax se estremeció. Parpadeando, abrió la boca. Él no quería… no con Lucy. Eso era… ¿Pero qué demonios?
—No sé qué te tomaste, Jack, pero no tienes ni idea de lo que estás diciendo —gruñó.
—Ah, muy bien. Error mío —increpó a la ligera antes de ladear la cabeza—. Entonces, ¿por qué no puedo preguntarle si quiere salir conmigo?
—No se merece que un baboso intente ligar con ella.
―Bueno, dejemos que decida por sí misma.
―No —respondió con brusquedad—. Porque no importa si quiero acostarme con ella o no. —¡Y definitivamente no quería!—. Sigue formando parte de mi vida en este momento, así que ni se te ocurra. Me gustaría mantener cierta distancia entre nuestros mundos y tú ya estás bastante cerca.
Sí, eso era lo que le molestaba.
―Sabes, Daxxy —murmuró Jack, poniéndole una mano en el hombro—, eso me suena a una petición de lo más amable, pero ayer dejaste bastante claro que no quieres ser ni mi hermano ni mi amigo, así que… mala suerte.
Al momento siguiente, abrió la puerta de la valla y salió del hielo. A Dax se le formó un nudo en el estómago y le temblaron los dedos. Jack no debería ser capaz de provocarlo de esa manera. Y menos con Lucy.
En general, no debería preocuparse. No existía ninguna posibilidad de que Lucy saliera con Jack.
Ella no salía con jugadores. Quizá hasta llevase «profesionalismo» y «éxito» tatuadas en la muñeca para no olvidarlas.
Nadie la tomaría en serio si se acostara con alguien del equipo, y ella nunca se arriesgaría a algo como eso.
Aun así, su mirada se desvió hacia ella, recorriendo su cuerpo como si pudiera encontrar algo que no hubiera notado antes; estaba sentada en la primera fila, mirando su pantalla.
Su blusa negra abotonada contrastaba con su piel sorprendentemente clara.
Su cabello pelirrojo oscuro, como siempre, estaba peinado hacia atrás y recogido en una coleta.
La manta de lana sobre sus piernas ocultaba la ajustada falda de tubo que llevaba puesta el cien por cien del tiempo.
Sus pies, sin embargo, asomaban por debajo.
Sí, eran sus pies diminutos, que cada día calzaban tacones altos. Hoy llevaba unos negros ridículos con correas que se envolvían alrededor de sus tobillos desnudos. Eran demasiado sexis para un traje de negocios.
Tenía que estar pasando frío, ¿no? ¡Estaba sentada en una maldita pista de hielo! Sin embargo, no parecía importarle.
A veces, a Dax le parecía que los zapatos eran el único toque personal en sus atuendos, que por lo demás eran aburridos; un calzado cuyas correas se aferraban a su piel como dedos extraños. Joder, seguro que hasta se los dejaba puestos para dormir.
De pronto, una imagen de Lucy sobre unas sábanas blancas cruzó su mente y lo ofuscó, porque en esa imagen ni siquiera aparecía vestida. Dax apretó los párpados intentando alejar aquella estupidez, pero entonces la vio completa: desnuda, con nada más que esos tacones de aguja negros.
Sexo. Lucy.
Esas dos palabras fueron suficientes para desencadenar una serie de imágenes, a cada cual más sucia.
Lucy aferrándose a las sábanas mientras él le pasaba la lengua por el cuello.
Lucy con los ojos vidriosos mientras él le subía la pierna al hombro y le besaba el muslo con un único objetivo en mente.
Lucy, incapaz de responder, demasiado ocupada gimiendo su nombre mientras él…
Hizo una mueca y apartó la mirada bruscamente.
Estaba a punto de ponérsele dura. En medio del hielo. Rodeado de docenas de jugadores. ¡Esto no podía estar pasándole, carajo! Se frotó la cara con fuerza y entornó los ojos.
¡Maldito Jack y sus palabras idiotas!
Mierda, no podía tener razón, ¿verdad? Él no quería a Lucy. ¡No de esa manera!
Se dio la vuelta y les dio la espalda a los dos.
Ya era suficiente. No era un niño pequeño, por mucho que Jack lo hiciera sentirse de esa manera. Sabía distinguir el bien del mal, ¡y querer hacerle cosas a Lucy James que no fueran amordazarla y encerrarla en un armario oscuro estaba definitivamente mal!