Capítulo 7
Capítulo Siete
—¿ E lla te cuida? ¿De verdad? Oh, Dios, ha sido un error contármelo —Matt soltó una carcajada lo bastante fuerte como para que los otros jugadores que hacían cola a su lado se giraran a mirar.
Estaban en un extremo de la pista, esperando su turno en el circuito de velocidad que había montado uno de los entrenadores asistentes.
Por desgracia, la acústica del pabellón era demasiado buena y los jugadores se aburrían rápido de esperar.
—¿Qué tiene tanta gracia? —preguntó Fox mientras se acercaba patinando.
Matt sonrió de oreja a oreja. No importaba cuántas miradas de advertencia le lanzara Dax a su amigo. Ni siquiera una lluvia de meteoritos habría podido impedir que soltara las siguientes palabras:
—Pues que nuestro dulce y pequeño truhan ha causado demasiado caos estos últimos meses, así que la directiva va a recompensarlo poniéndole a Lucy como niñera para que no se salga del redil.
Durante unos segundos, Fox lo miró con incredulidad. Luego sonrió tanto que le habrían cabido dos puños en la boca. Dax lo supo porque estaba sopesando estampar el suyo en toda su cara de capitán.
—Es mi consultora de imagen personal —gruñó; pero ¿a quién pretendía engañar? Solo era un nombre elegante para decir «niñera».
Fox pareció darse cuenta, porque ahora se carcajeó de forma ruidosa.
—Joder, pobre Lucy. No me parece justo que tenga que pagar por tus pecados.
Miró a Fox sin poder creérselo. ¡Por favor, Lucy estaba mucho mejor equipada, por no mencionar que era más peligrosa de lo que él podría llegar a serlo jamás!
Podía poner a naciones enteras de rodillas con una sola mirada de enfado.
Aunque, en ese momento, era su expresión de asombro y confusión lo que perseguía su mente.
Mierda, la forma en que lo miró cuando se enteró de que Jack era su hermano… como si acabara de anunciar que en realidad era una mujer.
Dax sabía que ella tenía motivos para estar sorprendida; era un milagro que nadie se hubiera enterado de su parentesco.
Estudiaron en colegios distintos y nunca invitaban a nadie a casa —por una buena razón—.
Además, siempre habían sido muy independientes, sin contar con que Jack usaba el apellido de su padre.
Incluso en aquel entonces, casi nadie sabía que Dax tuviera hermanos.
Cuando Jack saltó a la fama, afirmó en su primera entrevista que era hijo único, probablemente para dejar atrás su pasado.
Dax no entró en la NHL hasta cinco años después —no pudo marcharse de casa hasta que Anna estuvo a salvo y asentada en la universidad— y tampoco sintió la necesidad de desmentirlo.
Al fin y al cabo, su madre había muerto y sus padres no querían saber nada de ellos.
De pronto, no quedaba nadie más que ellos tres para revelar el secreto, aunque fuera sin querer.
Y ahora Lucy.
Su mirada se desvió hacia la derecha, a las gradas, donde la consultora de Relaciones Públicas estaba sentada en la última fila con una manta sobre las piernas y un portátil en el regazo.
En su opinión, se tomaba demasiado en serio su trabajo de no perderlo de vista, pero bueno, si quería quedarse helada allí afuera, era su elección.
Crees que soy una mala persona .
Vaya, ella dijo un montón de tonterías en ese momento y no le gustaba nada. Se había quedado demasiado sorprendida de que él la respetara.
¿Podría ser que se hubiera pasado un poco de la raya cada vez que se metía con ella estos últimos meses? ¿O que Lucy fuera más vulnerable de lo que pensaba?
No. Ni de broma. ¿O podría ser de verdad posible?
Sacudió la cabeza, molesto por sus propios pensamientos. No. Definitivamente no. Era ridículo. Esa mujer era una roca invencible y él no le importaba lo más mínimo. No dejaría que él o sus estúpidos comentarios influyeran en ella.
—Sobrevivirá a las próximas semanas —respondió escueto—. En vez de eso deberían preocuparse por mí. Oficialmente tengo prohibido ligar con mujeres.
Matt sonrió y le dio una palmadita en el hombro.
—Un poco de celibato nunca le hace daño a nadie, viejo. Quizá así vuelvas a pensar en las cosas importantes de la vida.
—¿Como en la forma de golpearte cuando digas cosas así? —preguntó.
—¿De qué están hablando? —interrumpió León, dándose la vuelta desde su sitio en la cola delante de ellos—. ¿De Jack? Porque, joder, ese tipo me está matando. —Señaló con la cabeza por encima del hombro hacia el circuito.
—No, estamos hablando de Lucy —aclaró Fox y luego se detuvo para observar el hielo más allá de León—. Mierda, West es rápido —murmuró, impresionado.
Dax giró la cabeza justo a tiempo para ver a Jack sorteando los obstáculos como si no estuvieran allí.
—Oye, tiene el mismo juego de pies que tú, Temple —dijo León, observando los pies de Jack que, al igual que el disco que empujaba delante de él, eran rayas negras sobre el hielo—. Debe haberte copiado.
Dax apretó los dientes. Era justo al revés: fue él quien copió el juego de pies de su hermano.
Cuando eran niños, Jack le mostró cómo empujar las cuchillas de los patines hacia fuera para frenar más fuerte y tomar las curvas con precisión.
Fue Jack quien le instruyó a proteger el disco con los pies, quien le corrigió la postura y le robó su primer palo de hockey.
Él le enseñó a usar los codos para ganar velocidad sobre el hielo; en realidad, Jack le enseñó todo lo que sabía sobre ese deporte.
Su hermano solo era tres años mayor, pero a los diez ya era todo un pequeño genio en la pista y él era la razón por la que Dax había llegado tan lejos.
Y lo odiaba.
Odiaba deberle tanto cuando lo único que quería era estar enfadado con él. Pero el hielo fue el refugió de Jack primero, y luego invitó a Dax a compartirlo con él.
—Joder. Con él, este año tenemos posibilidades reales de ganar la Copa —dijo Matt con alegría.
—Sí —coincidió Fox.
—Ya, ya. Bueno, ¿qué pasa con Lucy? —preguntó León, enarcando las cejas.
La sonrisa de Matt se volvió tan amplia que se reflejó sobre la pista:
—Oh, sí. Oficialmente Lucy es ahora la consultora de imagen de Dax. Se encarga de vigilar que no haga ninguna de sus pendejadas que acaban en la prensa. Esto sí que lo tiene que saber todo el equipo. Cada miembro de los Hawks merece un poco más de felicidad en sus vidas.
Dax esperaba que su compañero de equipo se riera a carcajadas, pero León se mostró reservado.
—Dios, te odia muchísimo —dijo este último con regocijo y sacudió la cabeza—. Te va a hacer la vida imposible.
El chico apretó la mandíbula con insatisfacción.
—Hum. No será para tanto. Odio no es la palabra adecuada.
—No, no —dijo Matt—, tiene razón. Cada vez que salgo a tomar algo con ella, tarde o temprano menciona lo mala persona que eres. Amigo, van a ser unas semanas de lo más divertidas.
—¿Sales a tomar con Lucy? —preguntó León, impactado.
—Sí, ¿por qué?
—Eso mismo le pregunto yo —comentó Dax con desagrado. Los dos se llevaban demasiado bien para su gusto. ¿No era suficiente con que Lucy lo irritara a él? ¿Tenía que robarle también a su mejor amigo?
Matt se encogió de hombros.
—Me cae bien. Es divertida. Por cierto, su hermana Maddie también lo es. Y oye, no puedes enfadarte por eso. —Señaló a Dax con el dedo índice—. La culpa es tuya por haberle tenido que pagar una copa el año pasado. El día de tu cumpleaños. Tú y tu yo idiota.
—¿Qué? —No entendió la indirecta de su amigo. O su yo idiota no quería hacerlo.
—Matt, sé amable —dijo Fox con brusquedad, lanzándole una mirada de advertencia—. Es obvio que Dax no necesita que tú le hagas sentir como una mierda durante las próximas semanas.
—Ya, pero me gustaría ayudarle un poco en el camino —respondió con alegría—. Así de generoso soy.
—Oh, Dios —suspiró León con aire soñador—, qué envidia me das. Lo que daría yo porque Lucy me cuidara, aunque fuera solo por una noche.
—¿Quién es Lucy? —preguntó una voz nueva.
Dax tensó los hombros al levantar la vista. Al parecer, Jack había terminado el circuito.
—Oye, West, ha sido una actuación impresionante —dijo Fox de forma diplomática. Al capitán no le importaba qué compañero odiara a quién. Un equipo era un equipo.
Vaya actitud más terrible.
—Gracias —respondió Jack con satisfacción—. ¿Y Lucy…?
—Allí —explicó León, señalando los asientos con un gesto de la mano.
El jugador siguió el gesto con la mirada y asintió.
—Ah, sí, la novia de Dax.
—¿Novia? —repitieron Matt y Fox al unísono, con expresión incrédula.
—Lucy odia a Dax —informó León al recién llegado—. Y el sentimiento es mutuo.
Jack enarcó las cejas con cara de auténtica sorpresa.
—¿Qué? Espera un momento. —Frunciendo el ceño, miró a Lucy en la grada y luego de nuevo a Dax—. ¿No están juntos?
Sus compañeros no se habrían quedado más estupefactos si Jack hubiera dicho que siempre había odiado el hockey.
—Joder, no —intervino Matt, confundido, antes de que Dax pudiera responder—. ¿Por qué piensas eso?
West se rascó la nuca, con la mirada confusa aún fija en el rostro de su hermano.
—Bueno, parecía que… al menos, ayer dio la impresión de que… —Se aclaró la garganta y sacudió la cabeza—. Olvídenlo.
Nadie lo olvidó.
—¿Ayer? —preguntó Matt, lanzando una mirada inquisitiva a Dax—. ¿Qué pasó ayer?
—Nada —respondió Dax sin emoción, fulminando a Jack con la mirada—. No tengo ni idea de qué está hablando West.
—Perdona, la confundí con otra persona —intervino Jack, volviendo la vista a las gradas—. No importa. Así que… Lucy. Es bonita. ¿Está soltera por casualidad?
El estómago de Dax se contrajo. La reacción fue tan sorprendente como inoportuna, porque no tenía ningún sentido. Jack podía mostrar interés por quien le diera la real gana.
—Ah, olvídalo —dijo León, restándole importancia con un gesto de la mano—. No sale con jugadores. Es su única regla y se la toma muy en serio.
—¿Ah, sí? —soltó Jack con parsimonia, desviando la mirada hacia Dax—. Interesante.