Capítulo 25
—Espero que tengas tiempo de sobra, porque no pienso marcharme hasta que me lo hayas contado todo —dice Marta, aceptando la cerveza sin alcohol que Leire le entrega antes de sentarse junto a ella en las sillas de mimbre de su terraza de Madrid.
La tenista se queda mirando a su amiga unos segundos antes de sonreír y darle un apretón afectuoso en la rodilla. No solo no le contestó todas las llamadas que le ha hecho, sino que tampoco la llamó cuando le prometió.
—Gracias por estar siempre aquí —dice con sinceridad—. Soy muy afortunada de tenerte y creo que durante mucho tiempo no he valorado a todas las personas importantes que tenía a mi alrededor.
—No digas chorradas, nunca he considerado que menospreciases mi amistad, solo has tenido una racha un poco mala, pero ahora estás aquí por fin, así que habla.
Leire llegó hace un par de días a Madrid. Se despidió de Kate en la salida de su hotel cuando un taxi vino a recogerlas a ella y a Diane para llevarlas al aeropuerto, donde cogerían un vuelo hacia Melbourne porque Kate pasará allí tres semanas con su familia antes de viajar a Madrid.
Después de dos días en que solo salieron del hotel una vez para ir a cenar, tuvieron mucho tiempo para hablar de todo.
Kate ya tenía planificada una visita a su familia de un par de semanas, pero decidió alargarla un poco más en vistas de que ahora tenían planes de mudarse juntas y no sabía cuándo iba a volver.
Leire aprovechará estos días para descansar una semana antes de volver a entrenar.
También ha quedado con Isaac para ir a ver a una abogada especializada en temas de acoso que su agente ha contactado y, según lo que salga de esa visita, hablará con Kate y ambas empezarán la denuncia contra su padre, contando con el apoyo y las pruebas de Candela Valle, que ya ha mostrado su interés en colaborar entregando su móvil si hace falta.
—No sé por dónde comenzar —dice Leire, saboreando la cerveza sin alcohol que pocas veces se permite.
—Pues empieza por esa salida del armario apoteósica —Marta da una palmada, eufórica—. Joder, siempre supe que lo harías, pero no delante de medio mundo.
Las dos sueltan una carcajada.
—¿Qué pasó? Porque todo fue muy raro. Cuando Brogan habló parecía hundida y decepcionada, pero después dijiste eso y, joder, fue tan perfecto —asegura con una mueca dramática mientras se lleva una mano al centro del pecho.
—No lo fue tanto. Antes de eso habían pasado muchas cosas, aunque la más dolorosa fue que Kate rompió conmigo días antes. Jugué ese partido sabiendo que era el final de su carrera y de mi historia con ella, y no pude soportarlo.
Marta se inclina hacia delante, intrigada.
—¿Qué pasó?
Leire exhala y se frota las manos con nerviosismo antes de contarle todo lo que pasó con Kate y lo que ocurrió después con su padre.
—No me jodas, será cabrón de mierda —Marta se levanta, inquieta y enfadada—. No puedo creérmelo, y encima tiene la cara dura de decir que lo hace por ti, para salvar tu carrera —añade indignada.
La tenista siente la congoja estrangularla y se toma unos segundos para beber un par de tragos y serenarse.
—Y encima confiando a ciegas en que Candela no iba a hacer nada con las fotos. Si esa mujer las hubiera sacado a la luz, no sé, creo que me habría vuelto loca —confiesa Leire—, no por mí —dice sorprendida de sí misma—, sino por haber expuesto a Kate así, dejando que otros le robaran su intimidad.
—Tú no expusiste nada, fue tu padre.
—Lo sé, pero por una situación que yo he tensado demasiado. Si no hubiera sido tan cobarde, si hubiera luchado más por lo que quería y apartado de mi camino a cualquiera que no estuviera de acuerdo con quien soy, todo esto no habría pasado.
—¿Pues sabes qué? —pregunta Marta—. Que ahora me alegro de que tardases tanto, porque eso ha permitido que tu padre muestre su verdadera cara y descubramos el tipo de monstruo que es.
Leire vuelve a frotarse las manos, incómoda.
—Perdona —Marta se vuelve a sentar—, sé que es tu padre y eso debe ser muy jodido de encajar.
—Lo es —afirma la tenista.
—Pero no puedes dejarlo pasar. ¿Qué ha dicho Brogan?
—Está bastante mosqueada, y llámala Kate, ¿quieres?
—Aaaah —una ceja perfectamente definida de Marta se levanta mientras esboza media sonrisa—. Así que Kate, ¿eh? Vamos a dejar este tema de tu padre para después porque me pone de mal humor. Háblame de ella, imagino que ya habéis arreglado las cosas.
La mirada de Leire se ilumina y Marta suelta un silbido.
—Me alegro un montón, en serio —dice, inclinándose para abrazar a su amiga.
—Gracias —susurra la jugadora—. Hemos hablado mucho estos días, le he pedido perdón por todo y hemos decidido comenzar de cero, centrarnos en el presente y no en lo demás.
—Me parece una idea genial —apoya Marta.
—Sí, pero no sé, siento que le debo algo más, que pedir perdón no es suficiente para compensar todo lo que le hice pasar.
—¿Y qué quieres hacer, Leire? Si te ha perdonado…
—Estoy pensando en dar una exclusiva con Candela Valle, abrirme al mundo para que todas aquellas personas que sienten el mismo terror que yo sentía sepan que no pasa nada, que el mundo no se acaba cuando te aceptas y que si alguien tiene algún problema con eso, lo mejor es alejarlo.
Y sobre todo, quiero contar cómo comenzó mi historia con Kate, que sepan la paciencia que tuvo, el apoyo que me dio durante tres años y lo egoísta que fui durante ese tiempo, exprimiéndola hasta dejarla vacía y apagada.
—Eso suena muy profundo —opina Marta—, y está bien que quieras hacerlo, pero es importante que entiendas por qué lo haces, Leire, porque Kate no te lo ha pedido y exponerte de ese modo…
—No me lo ha pedido ni lo hará. Esa es Kate, siempre dando sin esperar recibir.
Ahora se habla mucho de nosotras, la gente especula e inventa porque no sabe nuestra historia.
La mayoría piensa que nos enamoramos durante este torneo y otros que ha sido una estrategia de marketing para mantener a Kate en la palestra ahora que se retira.
Quiero contar la verdad, que sepan el tipo de persona que es ella y la que soy yo, o la que fui; solo así me sentiré en paz.
—En ese caso, hazlo —Marta le coge una mano con cariño—. No te he preguntado cómo te sentiste después de confesarlo. Siempre pensé que si lo hacías delante de alguien te desmayarías de la impresión.
Leire le da un empujón y se ríen.
—En serio, ¿cómo estás? ¿Te arrepientes? ¿Lo habrías hecho de otra manera si no hubiera sido un arrebato del momento?
—No me arrepiento en absoluto, y ni siquiera pienso en cómo lo habría hecho de haber sido una decisión premeditada —Leire sonríe con cierta socarronería—.
Estaba acojonada, Marta, pero no por lo que pensaran los demás; en ese momento, mientras esperaba la reacción de Kate, me di cuenta de lo poco que me importaba lo que opinaran de mí por ser lesbiana. Lo único que me interesaba era ella.
—Así se habla —Marta la mira con orgullo—. ¿Y Costel? ¿Qué va a pasar con esa marca? ¿Se han pronunciado?
Leire deja salir el aire por la nariz.
—No lo sé, Isaac no me ha dicho nada de momento, así que supongo que no se han pronunciado todavía, pero también he tomado una decisión respecto a eso.
—¿Y es? —las cejas de Marta se levantan.
—Voy a pedir la rescisión del contrato, a llegar a algún tipo de acuerdo con ellos y dejar de patrocinar su marca.
No quiero seguir fingiendo ser quien no soy, y si sigo con ellos, es como si el trabajo no estuviera hecho del todo.
Si quiero que de verdad todo empiece de cero con Kate, necesito hacer todo lo que te he dicho.
—Pues adelante, fiera, sabes que me tienes aquí si me necesitas.
—Gracias.
El teléfono le vibra y Leire se pone tan nerviosa que casi tira la botella de cerveza mientras lo busca, escondido entre sus piernas. Desbloquea la pantalla y los ojos se le agrandan y una amplia sonrisa le ilumina el rostro cuando ve el nombre de Kate en la pantalla.
—¿Me das unos minutos? Es Kate…
—No me digas —se burla Marta, haciendo un gesto con la mano para que se aleje, aunque Leire ya camina por el césped con el aparato pegado a la oreja y una cara de boba que hace suspirar a su amiga con ternura.