Rivales y mentirosas Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

—Empecé a pensar en todas las cosas que siempre había querido hacer y había pospuesto porque mi carrera no me lo permitía.

El deporte de élite te da muchas cosas, Kate, pero estarás de acuerdo en que también te quita otras.

—Vuelve a detenerse un momento, dejando que sus palabras se asienten en la mente de la pelirroja—.

Me encanta viajar, y me di cuenta de que, a pesar de haber viajado a muchos países, realmente no había visitado nada, así que apunté que quería viajar, y después que me apuntaría a un curso de cocina y a otro de manualidades con cerámica.

Kate la mira y suelta el aire de una risa por la nariz.

—¿Y lo hiciste?

—Ya lo creo. En realidad, hice tres cursos de cocina y el de manualidades lo abandoné porque me ponía nerviosa que el barro se me secara en las manos.

La tenista se vuelve a reír.

—También viajé, visité solo aquellas ciudades que me apetecía ver y empecé a quedar con amigas a las que hacía años que no veía. Empecé a ser yo la que dirigía mi vida y no el deporte, y me di cuenta de que también era feliz.

—¿Y cómo te convertiste en esto? En, no sé, ¿coach?

—Podríamos describirlo así, sí. Empecé por una excompañera de profesión.

Un año después de estar retirada le pasó algo parecido a lo mío y me llamó desesperada, pidiéndome consejo.

No tenía nada que hacer en ese momento, así que viajé a su país y estuve con ella un mes, orientándola, y me sentí tan completa al ver que le había evitado todo el sufrimiento por el que pasé yo al principio, que decidí formarme y dedicarme a esto.

Kate se pasa el dedo por la cicatriz mientras Rachel la observa de reojo.

—¿Y tú? —pregunta la mujer—. ¿Tienes algo que te gustaría hacer y que no has hecho porque tu calendario no lo ha permitido?

—La verdad es que no lo sé, ahora mismo no se me ocurre nada.

—¿Qué te parece si lo ponemos como un ejercicio? Piénsalo durante estos días, sin agobiarte, y lo vamos comentando.

—De acuerdo —acepta Kate, segura de que esto puede hacerlo.

—¿Tienes familia?

—Sí, en Australia.

—¿Hablas con ellos? ¿Saben lo que pasa? —pregunta Rachel.

—Sí. Hablo con mi madre un par de veces a la semana, y con mi hermano Conor. Es con él con quien más confianza tengo.

—Bien, es importante apoyarse en las personas que queremos. Es un trago complicado, difícil de digerir, y mucho más si lo haces sola.

—Tengo a Diane, no estoy sola.

Kate se paraliza tras escucharse y el corazón empieza a bombearle al ritmo de un tambor cuando se da cuenta de que su comentario ha sido sincero, tiene a Diane, siente el apoyo de la mujer en cada gesto y cada palabra que sale de su boca, pero no siente que tenga el apoyo de Leire aunque sepa que está ahí.

—Eh. —Rachel le roza un brazo con suavidad—. ¿A dónde te has ido?

La pelirroja se gira y la mira, encontrando una calidez en los ojos azules de Rachel que le cierra la garganta.

—Lo siento.

—Tranquila. —Rachel le pasa la mano por la espalda en un gesto suave para reconfortarla, y Kate parpadea con rabia cuando nota el alivio que le proporciona, porque algo tan simple como eso es lo que necesita ahora de Leire. Que sea ella la que está ahí y no una desconocida—. ¿Me lo quieres contar?

Kate se mordisquea la lengua varias veces.

—¿También eres terapeuta?

—No, pero soy humana y sé percibir cosas, y puede que Diane me haya contado algo más.

Kate la mira, perpleja.

—¿Te ha hablado de Leire? —pregunta con los ojos desorbitados.

—No me ha dicho su nombre, pero sí, me ha contado que hay una mujer que te tiene bastante rota. También me ha dicho que podía decirte que es una chivata.

A Kate le entra un ataque de risa repentino. No lo sorprende en absoluto que a Diane le dé igual que la descubran.

—Siento haber sido tan directa, pero si esa chica es algo que te afecta tanto, es importante que yo lo sepa, porque en momentos así necesitamos a los nuestros al lado, y tú no tienes a tu chica.

—No es mi chica —escupe Kate, y Rachel se queda en silencio, esperando—. ¿Lo que hablemos aquí es confidencial?

Rachel sonríe al asentir.

—Sí. He firmado un acuerdo con tu abogado, pero aunque no lo hubiera hecho, te aseguro que puedes confiar en mí.

La pelirroja no sale de su asombro, y empieza a preguntarse desde cuándo ha estado planeando esto su entrenadora, pero concluye que no le importa.

Se siente muy cómoda hablando con Rachel Collins, además, ha descubierto que le es más fácil abrirse con una desconocida.

Con ella puede hablar sin tapujos, dejar que todo lo que esconde para no preocupar más a sus seres queridos, salga de su interior ante esta mujer que solo está aquí para escucharla y después se marchará y se olvidará de ella.

—¿Qué te ha contado Diane?

—Lo justo, que tenéis una relación que pasó de ser sexual a otra cosa más intensa, y que vivís a escondidas, a cuentagotas, porque ella no se atreve a salir del armario.

—Tengo que respetar eso, nadie puede obligar a otra persona a salir si no está lista —dice Kate—, pero es que últimamente es como si nada fuera suficiente. Lo que antes me servía, ahora me deja vacía, con un agujero en el pecho a todas horas.

—¿Cuánto tiempo lleváis así? —Rachel se ha girado hacia ella.

—Tres años.

—Yo estaba casada cuando pasó lo de mi lesión.

—La mirada sorprendida de Kate se levanta—.

Me casé dos años antes con mi novia del instituto, no había estado con ninguna mujer que no fuera ella y me dejó cuando se me agrió el carácter.

Dijo que era insoportable, que no se podía convivir conmigo.

En aquel momento pensé que tenía razón, me había convertido en una borde de narices que protestaba por todo, pero después entendí que solo era una excusa, salió corriendo en el momento en el que más necesitaba que estuviera a mi lado.

Te cuento esto porque es normal que necesites a Leire y sientas que nada te llena.

La necesitas aquí, no a miles de kilómetros.

Yo tampoco soy partidaria de presionar a nadie para que haga algo para lo que no está lista, pero la cuestión no es esa, sino saber cuánto estás dispuesta a aguantar así.

—No te entiendo.

—Una cosa es lo que necesita ella, y otra lo que necesitas tú, Kate, y creo que esa parte no la estás teniendo en cuenta.

Has adaptado tu vida a la condición de ocultaros, conformándote con las migajas que eso te deja.

Una relación no va de conformarse, va de compartir, de estar en la misma línea y tener objetivos iguales o muy parecidos.

—Sigo perdida... —susurra, aunque la está entendiendo perfectamente.

—Solo digo que tienes que saber dónde está el límite de lo que puedes soportar sin que te destruya por dentro.

Te estás conformando con muy poco, y sabes de sobra que mereces mucho más.

Si Leire no está preparada para avanzar contigo, a lo mejor tendrías que plantearte hacerlo sola.

Sé que es muy fácil decirlo, pero tu carrera está en un punto muy crítico y necesitas estar al cien por ciento psicológicamente para afrontar esto.

—Ya lo he hecho. —La voz de Kate sale en un susurro tan bajo que Rachel tiene que acercar su cabeza para escucharla.

—¿Qué?

—Ya he tomado una decisión, solo que Leire no lo sabe todavía —explica en el mismo tono bajo, mirándose las palmas de las manos.

—¿Qué decisión?

—Hablaré con ella y si las cosas no cambian entre nosotras al menos un poco, cuando me retire también acabará lo nuestro.

Kate tiene la cara empapada cuando termina de hablar, y Rachel contiene el impulso de abrazarla porque no tiene esa confianza con ella.