Capítulo 6
—Odio que el tiempo pase tan rápido —comenta Diane, sentada al lado de Kate, que gira la cabeza y le sonríe, encogiéndose de hombros.
Están en el avión volando hacia Londres, un trayecto largo con escala en Doha. Kate está relajada, deseando llegar para empezar a entrenar y ver a Leire, que llegó anoche al hotel donde ambas se alojarán.
La espalda no le duele en absoluto. Cuando fueron a ver al doctor Faruk, el hombre la tranquilizó tras haberle palpado la zona baja de la espalda, diciéndole que parecía una inflamación, pero que necesitaba hacerle más pruebas para asegurarse de que no había otra cosa.
—Ya me hizo una resonancia hace unos meses —Kate lo miró desconcertada—, y no salió nada preocupante.
—Un desplazamiento de vértebra, por muy leve que sea, no puede ignorarse, señorita Brogan. Quiero repetirla para ver cómo está ahora y descartar que no venga de ahí. Si el resultado no es claro, haremos unas radiografías dinámicas para asegurar. ¿Puede quedarse para que las hagamos ahora?
Kate no podía; tenía un evento en un instituto para dar una charla a los alumnos sobre deporte de élite. Son cosas que suele hacer cuando tiene tiempo, así que pactaron hacerlas antes de que la tenista tuviera que coger el avión hacia Inglaterra.
Las pruebas se las hicieron ayer. El doctor Faruk no estaba en la clínica ese día y acordaron que la llamaría hoy con los resultados, pero de lo que sí dejó orden el hombre fue de que otra facultativa le pusiera una infiltración con una dosis leve y aumentara su medicación por si tenía dolor durante el torneo.
Así que ahora está ahí, sin rastro de dolor y exultante porque está segura de que las pruebas no revelarán nada. Incluso Diane se quedó más tranquila cuando escuchó al doctor decir que en apariencia parecía algo inflamatorio.
Cuando llegan a Doha y bajan para la escala, van directas hacia la sala VIP que el equipo de la tenista ha contratado. Apenas han terminado de comer algo cuando Kate recibe un mensaje de la clínica pidiéndole que llame en cuanto pueda para hablar con el doctor.
De repente se pone nerviosa; le pasa siempre que habla con este hombre, porque una parte de ella siempre teme que le diga algo que no le guste, y después de la conversación que tuvo con Diane al poco de llegar a Australia, vive con el miedo de que eso se haga realidad.
—Voy a llamarlo ahora —decide, apretando el móvil con fuerza.
—Vamos a sentarnos —propone Diane, señalando las butacas acolchadas de cuero que hay junto a la pared.
A Kate es lo último que le apetece después de varias horas de vuelo y sabiendo que todavía le quedan otras tantas, pero obedece y se sienta junto a ella, poniendo el altavoz del móvil para que Diane pueda escuchar la conversación.
Al cabo de varios tonos, una recepcionista la pasa con el doctor, que saluda a las mujeres con su habitual amabilidad.
—Me temo que no tengo muy buenas noticias, señorita Brogan —anuncia sin anestesia, y ella se queda congelada sobre el asiento mientras siente la mano de Diane sobre su rodilla derecha—.
La resonancia no mostraba nada relevante; a veces, ciertas lesiones no se aprecian bien debido a la postura tumbada, pero las radiografías dinámicas han revelado que el leve desplazamiento de la L4 y L5 que vimos la primera vez se ha agravado.
Tiene espondilolistesis con progresión rápida.
Se hace un silencio incómodo en el que Diane puede escuchar la respiración entrecortada de Kate.
—¿Qué solución tiene eso, doctor? —pregunta la entrenadora, porque Kate parece paralizada.
—Ninguna buena para una tenista profesional, me temo.
Puede seguir jugando, pero la cuestión es cuánto daño adicional está dispuesta a asumir, porque si la lesión sigue avanzando podría acabar con dolor lumbar crónico, compresión nerviosa permanente, debilidad en una pierna, hormigueos constantes y limitación para hacer deporte incluso de forma recreativa —explica, haciendo que Kate comience a ver borroso.
—¿No se puede operar? —interviene de nuevo Diane.
—Sí, pero ahora está en un estado inicial y no lo recomendaría.
Podemos intentar controlarlo con fisioterapia, fortalecimiento del core , ejercicios de estabilización lumbar y reducción de carga deportiva.
Lo que no podemos hacer es seguir con infiltraciones y medicación; eso no va a solucionar el problema —el hombre parece tajante—.
Haciendo todo esto en la fase en que está ahora, la señorita Brogan podría pasar años así sin mayor molestia que algo puntual.
La cirugía sería para un caso más avanzado, donde podríamos hacer una fusión lumbar que…
—Hágala —ruge Kate, con la barbilla temblando.
—Señorita Brogan —el hombre casi susurra, hablándole como si fuera su propia hija—.
La operación no salvaría su carrera, si es lo que pretende.
La recuperación es larga; puede ir de seis meses hasta doce, y volver al tenis profesional de élite después de eso es muy difícil.
Mi recomendación es que se retire después de esta temporada, que no siga exponiéndose a agravar una lesión que le puede traer muchos problemas.
Sé que es muy complicado para alguien que está en la cima de su carrera recibir una noticia así, pero es joven, Kate, tiene toda la vida por delante y ninguna necesidad de vivirla con dolor.
No lo decida ahora; tómese su tiempo para pensarlo.
Mientras tanto, me pondré en contacto con su fisioterapeuta para empezar cuanto antes con los ejercicios adecuados.
Llámeme si el dolor aumenta, o si necesita más información sobre su dolencia.
La llamada acaba y Kate se derrumba hacia atrás.
Diane tarda un momento en reaccionar porque primero quiere limpiarse la humedad que también ha aparecido en sus ojos.
Cuando habló con Kate solo pretendía prepararla por si esto llegaba, pero estaba convencida de que no pasaría, de que lo que fuera que le diagnosticaran no tendría estas consecuencias.
—Cielo —dice, girándose hacia ella.
—Ahora no, Diane —Kate apenas puede ver su sombra difusa a través del mar de lágrimas silenciosas que brotan de sus ojos.
Diane se echa hacia atrás y no dice nada más; solo estira la mano y coge la de la jugadora, que se aferra a los dedos de la entrenadora.
Durante el vuelo hasta Londres, Diane no logra hablar con ella por mucho que ha querido.
Kate se ha puesto los auriculares de diadema y ha cerrado los ojos, a pesar de que no se ha dormido en ningún momento.
Así ha pasado horas en las que su cabeza no ha parado de buscar soluciones para algo que no puede controlar.
Al final se ha rendido y ha decidido que no podía seguir pensando en esto hoy, así que ha sacado el teléfono y ha buscado el número de Leire.
«Aterrizo en dos horas.»
La respuesta ha llegado casi de inmediato.
«Avísame cuando estés en el hotel, me muero de ganas de verte.»
Kate ha sonreído de forma amarga, porque hay una cosa en la que no había pensado hasta este momento: su lesión no solo la retirará del tenis; si decide hacer caso al doctor y lo deja, también la alejará de Leire, porque ya no habrá razón para que ella vuele hacia todos los torneos, y hacerlo solo por verla levantaría unas sospechas que está segura de que incomodarían mucho a la española.
—Voy a perderlo todo, Diane: mi carrera y a ella.
Diane le coge la mano otra vez y aprieta la mandíbula.
Entendía la relación de Kate y Leire cuando era solo una aventura para ambas.
Cuando era divertido y Kate era feliz, cuando la adrenalina de colarse en su habitación por las noches la tenía eufórica durante el día; pero cuando la pelirroja comenzó a enamorarse, cambió todo para ella, porque lo que antes le parecía divertido, excitante y morboso se convirtió en algo que le generaba tristeza, ansiedad y melancolía cuando comprendió que, aunque ella estaba enamorada, para Leire seguía siendo una aventura.
—No vas a perder nada. Tu carrera seguirá ahí, brillando en todo el mundo aunque te retires.
Eres una jugadora excepcional y esa maldita espalda tuya no va a cambiar eso.
Cuando decidas retirarte, lo harás como la gran profesional que todos van a recordar, pero no lo hagas tarde, cielo; no dejes que esto aumente hasta que lo arrastres el resto de tu vida.
En cuanto a Leire, cuéntaselo y deja que decida qué hacer.
—¿Y si no quiere verme más?
Diane quiere gritar de rabia.
—Si no quiere, es que es completamente estúpida, Kate, y mereces algo mucho mejor que lo que ella te ofrece. Sé que duele, pero lo superarás y conocerás a una persona que sepa valorarte y esté orgullosa de tenerte a su lado.