Rivales con derecho a roce Capítulo 52 #2
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Capítulo 52 #2

—Aunque el destino decidió no esperar a vuestra presentación oficial en el teatro —contuvo la sonrisa a medias— y optó por hacerlo todo bastante más… entretenido.

La pareja no daba crédito a lo que escuchaba.

—Tras vuestra… interacción en aquella fiesta de compromiso —siguió ahora Arthur—, teníamos claro que la química entre vosotros terminaría haciendo el resto.

Will rio con ganas y admitió:

—Lo que ninguno vio venir fue que marcaras ese gol de penalti en el minuto cero —señaló divertido el abultado abdomen de la chica.

Todos rieron con ganas. Menos Tyler y Arizona, que seguían intentando procesar el nivel de conspiración colectiva que acababan de descubrir.

—Sí, eso nos pilló desprevenidos a todos —declaró ahora Jake—. Bien jugado.

Asombrado, Tyler se giró a mirar a su amigo.

—¿Tú también estás metido en todo esto?

Jake sonrió con absoluta tranquilidad y asintió.

—¿Y qué papel juegas exactamente? —preguntó Tyler entre incrédulo y traicionado—. No me digas que tú eres Macbeth.

—No, ese honor lo comparten los Marlow —informó—, padre e hijo.

Los susodichos saludaron con una inclinación de cabeza, Will incluso hizo una ligera reverencia.

—Ay, Dios… —suspiró Tyler—. No se salva nadie…

Todos rieron a medias y después Jake continuó:

—A mí puedes llamarme Hamlet —aclaró—. Me encontrarás unos cuantos mensajes más abajo.

La pareja siguió consultando el móvil.

—¡¿Tú hiciste las fotos del aeropuerto?!

Su amigo no tuvo inconveniente en admitirlo.

—¡Serás…!

—Eh, que no fui yo quien casi se la comió en mitad de aquella terminal —se defendió Jake.

Arizona enterró el rostro en el pecho de Tyler, riendo algo avergonzada, y él no pudo evitar soltar una carcajada.

—Sí, aprovechar cualquier excusa para besarla siempre se me dio bien —murmuró antes de robarle otro beso lento y descarado.

Cuando se separaron, Arizona lo miró con los ojos todavía encendidos.

—Y nosotros echándole la culpa de las fotos a aquel pobre…, eh…

—Puedes seguir llamándolo gafotas —rio Tyler—. Te aseguro que fue él quien terminó publicándolas. —Miró a Jake—. ¿Me equivoco?

Su amigo se encogió de hombros sin el menor arrepentimiento.

—Alguien tenía que hacerlo.

—¿Por qué?

—Porque para poner en marcha el caos que necesitabais para avanzar, alguien debía agitar un poco el avispero —intervino ahora Will.

—Eso y que fue divertidísimo —puntualizó Jake, arrancando nuevas carcajadas alrededor de la mesa.

—Claro que ninguno imaginábamos que el embarazo terminaría encargándose de revolucionarlo absolutamente todo por sí solo —sonrió Arthur—, porque aquí solo dos personas… conocían ese pequeño detalle desde el principio.

Todas las miradas viajaron hacia Helen y Eloise y ninguna de las dos hizo el menor esfuerzo por negarlo.

—Fue pura suerte toparme con Arizona en la puerta del hospital —explicó Helen, encogiéndose de hombros—, y yo estaba en esa gasolinera, ¿recordáis?

Arizona la miró asombrada. Así que el día que le contó toda la historia para desahogarse, la mujer tenía muy claro que era su propio nieto el que ella llevaba en su vientre.

—Por eso… dejaste caer que viniera a Londres —dedujo ahora, recordando la conversación.

Helen soltó una risa culpable.

—Y estaba preparada para insistir y ponerte la miel en los labios hasta lograrlo —confirmó divertida—, pero no fue necesario.

—Y la mandaste a las fauces de la abuela —bromeó Tyler, que era demasiado feliz para tomarse a mal nada de todo aquello. Miró a la anciana y la imitó con teatralidad—. Tengo una lista de mujeres casaderas… Cualquiera menos Arizona…

La anciana le lanzó una mirada divertida.

—Desde el principio, en esa lista solo hubo un nombre —admitió, y clavó sus ojos en Arizona para dejar claro que hablaba de ella.

Tyler soltó aire por la nariz, negando con incredulidad mientras volvía a mirar el teléfono.

—¿Y quién eres tú de todos estos, abuela? —indagó, descendiendo por el chat.

La sonrisa de Eloise adquirió ahora un matiz travieso.

—Yo no estoy en ese grupo.

Arthur carraspeó con una satisfacción imposible de disimular.

—Eloise no es ningún personaje de esa obra… —declaró con solemnidad—, ella es William Shakespeare.

El silencio que siguió fue glorioso.

Tanto Tyler como Arizona miraron a la mujer con cierto desconcierto.

Arthur levantó la copa, encantado con todo aquello.

—Jamás he conocido a nadie con semejante talento para urdir tramas interesantes —aseguró.

La anciana soltó una carcajada elegante.

—Solo cuando los protagonistas principales están a la altura.

Tyler miró a todos con una expresión de estupor cada vez más pronunciada.

—Madre mía… —sonrió a medias—, estáis todos locos.

—Nosotras nos tomamos nuestro papel de celestinas muy en serio —bromeó Helen—. Intentamos ser discretas, pero llegó un punto en el que hubo que poner un neón rosa gigantesco señalando quién era… —apuntó al abdomen de Arizona— el responsable de ese bombo.

—Mamá… —gruñó Tyler entre avergonzado y divertido.

Todos recordaban ese momento durante la comida en el palacete, cuando Helen gritó a los cuatro vientos que aquel bebé… se había concebido en cierto túnel de lavado. ¡Así que ni eso había sido casualidad!

—Ay, hijo, ¿cómo se te ocurrió acusarla de incesto? —repuso la mujer con una sonrisa jocosa.

Arizona soltó una carcajada incrédula mientras Helen negaba con la cabeza.

—Y tú callada… Vaya par de bobos estabais hechos.

Arizona seguía intentando procesar toda aquella locura. En aquel momento se sentía como una pieza en un tablero de ajedrez, pero cuando miraba a Tyler, solo podía suspirar agradeciendo a la vida que todos hubieran decidido jugar con ellos la partida.

—¿Y quién es Ofelia? —se interesó la chica, consultando el chat de nuevo.

Y el nombre que salió de labios de Will fue el último que esperaban.

—Belinda Walsh.

—¡¿Qué?!

—¡¿Cómo?!

—Como antagonista, resultó muy creíble —se adelantó Will a contarles—. Es una gran actriz, que representó su papel a la perfección.

—¿Su… papel? —repitió Tyler, atónito.

—El de odiosa envidiosa e insoportable —aclaró Helen—, aunque en realidad es una chica muy dulce.

Aquello sí desconcertó a Tyler por completo e intercambió una mirada confusa con Arizona, que estaba en el mismo punto.

—A ver… —Will carraspeó ahora algo más serio—. Empezaré aclarando que jamás existió un solo peligro real para Arizona. Todo estaba calculado al milímetro.

Miró a la chica.

—Jamás te habríamos dejado ponerte ni el vestido ni los zapatos, para eso estaba yo allí.

—¡No me jodas, Will! —Aquello sí consiguió alterar a Tyler.

—Es que estabais empeñados en amargaros la vida vosotros solos —intervino Eloise con total tranquilidad—. Había que motivaros un poco. Contábamos con que tu reacción protectora delatara tus sentimientos y eso os uniera un poco más.

—¿Y si yo no hubiera estado aquí en el teatro?

—No podías no estar —carraspeó Arthur ahora—. Esa pared del pasillo no se iba a arreglar sola.

Tyler frunció el ceño, entendiendo que aquello tampoco había sido fruto de la casualidad.

—Joder, no me lo puedo creer.

Arizona frunció el ceño y los miró ahora con una expresión acusatoria.

—Pues por culpa de vuestra motivación extra, le dieron diez puntos —les recordó—. ¿O acaso aquella pared no fue también parte del espectáculo?

—Sí, ahí las cosas se nos fueron un poco de las manos —admitió Will ya sin rastro de humor—. Todo estaba preparado al milímetro, con margen de sobra como para que esa pared cayera muy lejos de tu silla, Arizona —miró a Tyler—, pero no contamos con que reaccionarías tan rápido.

Suspiró con evidente desazón.

—Lo siento mucho por eso, amigo —insistió con pesar—. Después, cuando quisiste meter a la policía en todo, tuvimos que cerrar filas.

—Jamás vino la policía —adivinó el arquitecto, atando cabos—, ¿me equivoco?

Will negó con un gesto y Tyler miró entonces a su alrededor algo sobrepasado.

—Pues nada…, ahora mismo no sé si reír, llorar o liarme a guantazos con todo el mundo —acabó mirando a Arizona—. ¿Tú qué dices?

Ella lo valoró apenas unos segundos antes de echarse a reír sin remedio. De una forma extraña y un poco caótica, todas aquellas personas habían colaborado para conducirlos justo hasta la felicidad que ahora les desbordaba el pecho.

—Haz el amor y no la guerra —se encogió de hombros, perdiéndose en los ojos de su futuro marido.

Tyler posó una mirada cálida y brillante sobre ella. Le robó un lento y tierno beso antes de volverse hacia el resto.

—Tenéis muchísima suerte de que lo de hacer el amor me esté sonando increíblemente bien ahora mismo…

Arizona rio al tiempo que se ruborizaba.

Eloise se puso en pie justo en aquel momento, caminó hasta la pareja y se plantó ante ellos apoyando las dos manos sobre el bastón.

—Estoy muy orgullosa de ti, Tyler —lo sorprendió diciendo con una emoción sincera—. A pesar de tus miedos, al final supiste luchar por ella con todo lo que tenías. Y ha sido un honor presenciarlo.

Arizona sintió un nudo en la garganta al notar cómo Tyler le apretaba la mano con fuerza. Aquello lo estaba emocionando mucho más de lo que él mismo parecía capaz de expresar. El abrazo que le dio a la anciana un segundo después habló por sí solo.

Luego, Eloise posó sus ojos sobre Arizona y la observó con una ternura que terminó de llenarle el corazón.