Capítulo 51 #4
—Dannie tiene muy claro para qué te ha dejado pasar —opinó risueña, saliendo de la cama y caminando hacia él.
Su completa desnudez logró que Tyler se olvidara de todo durante unos largos segundos.
—Tendré que pagarte antes —la atrajo hacia su cuerpo—, por si acaso luego no tengo oportunidad.
La besó con tanta intensidad que Arizona gimió con fuerza mientras se derretía entre sus brazos.
—¡Guau! —suspiró.
—Soy un hombre a punto de partir a la batalla —sonrió sobre sus labios—, quiero llevarme un recuerdo glorioso, yo…
Unos golpes que casi echaron la puerta abajo los sobresaltaron a ambos. A Tyler se le escapó una exclamación sorda y Arizona rio con ganas.
—¡Se acabó! —repuso el chico entre dientes.
En apenas unos segundos tiró de la colcha, enrolló a Arizona de arriba abajo en ella y él hizo lo mismo con la sábana blanca de la cama. Sin cortarse, abrió la puerta de la alcoba para toparse con Dannie, que lo miró de arriba abajo, en silencio, con el ceño fruncido.
—Ave, Cesar —declaró el motero en un tono mordaz.
Tanto James como Rob apenas pudieron contener la risa. Arizona tuvo que taparse la boca, incluso el propio Tyler esbozó un principio de sonrisa.
—¿En qué puedo ayudarte? —interrogó con una dignidad sorprendente para estar enrollado en una sábana.
Arizona intercambió una mirada de felicidad con su hermano, que la conocía demasiado bien como para no reconocerla en sus ojos.
—Pues me encantaría tener motivos para colgarte del tendedero…, junto con tu ropa…
Tyler aguantó el chaparrón.
—…pero tienes suerte de que haga tantos días que no la veo sonreír así.
—Entonces ¿me libro del ahorcamiento? —tanteó Tyler en un tono de lo más correcto.
—De momento.
—Entiendo.
—Pero siempre tendré una hostia con tu nombre —aseguró, apuntándole con un dedo—, si te pasas lo más mínimo.
Tyler sonrió a medias, miró a Arizona y suspiró antes de regresar su mirada hacia el chico.
—La amo, Dannie, con toda mi alma —confesó con la voz cargada de una emoción evidente.
El motero guardó silencio uno segundos y acabó admitiendo:
—Sí, lo sé, lo tuve claro en cuanto me miraste en ese sendero —confirmó—, o jamás habrías puesto un pie mucho más allá.
En realidad, cualquiera de los que estaban en aquella cocina reconocerían la expresión atormentada de un hombre enamorado y al borde de la desesperación. Era lo que tenía haberla experimentado en carne propia.
Tyler asintió y Dannie agregó en un tono irónico:
—Habría sido genial que hicieras la confesión vestido, pero… supongo que no se puede tener todo
—¡Dannie, ya! —rogó Arizona, llegando hasta Tyler para abrazarlo con evidente intimidad.
Y por primera vez Tyler vio dibujarse en el rostro de su cuñado una sonrisa cargada de resignación… y de algo muy parecido a la aprobación.
Justo en ese instante, Nick, el cuarto mosquetero que faltaba, entró en la cocina con su hija de poco más de un año en un brazo y la ropa de Tyler en el otro.
—Me mandan las chicas con esto —alzó las prendas en alto— y he preferido no preguntar por qué…
Miró a Tyler, enroscado en la sábana, y sonrió a medias.
—…y creo que prefiero seguir sin saberlo —puntualizó, tendiéndole la ropa.
Después Nick posó los ojos sobre Dannie, leyó con atención la frase estampada en su pecho y alzó una ceja.
—¿Por qué tienes puesto mi delantal?
—Uy, lo que me ha dicho… —replicó Dannie llevándose una mano al pecho con dramatismo.
Para absoluto desconcierto de Tyler, los siguientes minutos degeneraron en una absurda pelea de espadas improvisada con espumaderas y cucharones de madera, mientras todos a su alrededor se doblaban de la risa entre pullas varias.
Abbie rio como loca cuando su padre le permitió ser ella quien blandiera el cucharon y Dannie fingió perder la pelea a sus manos
Más tarde, la comida avanzó entre bromas, divertidas conversaciones y niños correteando y gateando alrededor de la mesa, y pasando de brazo en brazo.
Tyler observaba todo con una especie de fascinación silenciosa.
Resultaba increíble ver el modo en que cada pareja se buscaba con los ojos, con las manos, de forma constante, jugando con sus hijos y besándose con intensidad en mitad de cualquier conversación sin importarles nada más.
Él se había criado entre demasiados protocolos estrictos como para haber vivido nada ni remotamente parecido.
Más tarde se montó una algarabía total cuando Dannie y Judd anunciaron que querían hacer una solicitud formal de una plaza para la guardería del grupo… para unos ocho meses después. Algo que celebraron por todo lo alto.
Tyler se descubrió mirando a Arizona con el corazón a punto de estallar de amor cuando la vio reír y abrazar a su hermano con evidente felicidad, y ella se giró a mirarlo después y caminó hasta sus brazos con una sonrisa que iluminó el mundo de Tyler y le aceleró el corazón.
Sin pensarlo, la atrajo hacia sí y la besó sin reservas, con todas sus ganas, y se le escapó un suspiro inevitable cuando ella soltó una pequeña risa sobre su boca y respondió con todo lo que era, acariciándole el rostro mientras el mundo entero desaparecía a su alrededor.