Capítulo 51 #2
Arizona ya no podía contener ni refrenar su excitación, jadeaba con fuerza en su oído
—Me fascinas, Arizona, tú y todas y cada una de las mujeres que viven dentro de ti —reconoció, disfrutando de cada gemido—. Da igual su nombre.
La chica gimió con fuerza, al borde del abismo.
—Tyler…
—¿Cómo podría desear a nadie más después de estar contigo?
Aquello era el paraíso en todos los sentidos. Cada caricia de sus dedos, unida a cada palabra que pronunciaba, la estaba arrastrando a un clímax inolvidable.
—Yo… solo quiero ser tuya —gimió, abandonada a las sensaciones—, para siempre.
Sus palabras provocaron que Tyler devorara su boca con un hambre ya desmedida, mientras sus dedos se implicaban más y más y todo terminaba arrastrándola sin remedio hacia la culminación, que él se encargó de hacer memorable.
—Tyler…, eso que haces con los dedos mientras… me corro —casi balbuceó—, es…, ¡joder!
Él rio y bromeó:
—Sí, tenía la impresión de que te gustaba un poco.
—¿Y sabes qué más me gusta? —ronroneó con picardía mientras su cuerpo se calmaba tras el intenso clímax—. Desnudarte.
—¿Sí?
—Por completo… —Frunció el ceño—. Sobre todo cuando estás empapado.
Tyler la abrazo con fuerza, mojándola de nuevo, mientras ella se revolvía y protestaba entre risas.
—¿Cómo se te ha ocurrido tirarte vestido al agua?
Él se encogió de hombros.
—Era un hombre desesperado —reconoció sin ningún tipo de vergüenza—. Por ti me lanzaría incluso al fuego, de ser necesario.
Arizona suspiró.
—Pues a ver si vas a enfriarte.
—¿Estando tú cerca? —La atrajo de nuevo hacia él—. Imposible.
La felicidad en el corazón de Arizona era plena. Escucharlo hablar de sus sentimientos con aquella naturalidad la llenaba por completo.
—Por si acaso… —opinó—, será mejor que te desnudes.
Él sonrió y ella replicó:
—¿Sabes? —le echó los brazos al cuello—, dentro de esa cabaña hay una habitación con una cama que…
Sintió que volaba por el aire antes de poder terminar la frase. Riendo a carcajadas, dejó que Tyler la arrastrara a la casa como alma que lleva el diablo.
—¿La cama? —interrogó él al entrar.
Arizona señaló entre risas.
—Guau, ¡y con una puerta! —exclamó Tyler en un tono de euforia—. Si me dices que tiene un pestillo, me corro aquí mismo.
—¡Alteza! —La carcajada que acompañó al reclamo se escuchó en cada rincón de la cabaña.
Entre risas entró con ella en el cuarto y cerró la puerta con el pie. Un segundo después, soltó a Arizona en el suelo y ella se encargó de desnudarlo con absoluta entrega y cierta premura.
—Estás… impaciente —repuso al verla tan excitada de nuevo.
—Te deseo mucho —admitió, disfrutando de cada centímetro de cuerpo que iba descubriendo.
Tyler la dejó hacer mientras la miraba ahora con una mezcla de deseo y curiosidad
—Es por las hormonas, supongo. —Cerró los ojos al sentir sus caricias—. Entenderé que tú hayas necesitado… apagarlas en estas semanas.
Ella lo miró con ternura al comprobar que le costaba verbalizar lo que quería saber, y decidió concederle algo de alivio.
—Mis hormonas solo se calman contigo… —confesó mientras sus manos campaban a placer por su torso, disfrutando de su suavidad—, solo te desean a ti…, igual que yo.
Lo escuchó suspirar de alivio.
—¿Sí? —La alzó del trasero sobre sus caderas.
Arizona suspiró y reveló con la voz entrecortada por el deseo:
—Yo tampoco he estado con nadie después de ti, Tyler.
Él se mordió los labios mientras la tumbaba muy despacio en la cama, con evidente necesidad, y muy complacido frente a las palabras.
—Necesitaba escucharlo —reconoció, mientras tiraba de la braga de su bikini, que era ya el único obstáculo que los separaba.
Después ambos suspiraron cuando sus cuerpos se acoplaron como en un puzzle perfecto. No había nada comparable a sentirse tan cerca, piel contra piel.
—Jamás me he acostado con alguien ni siquiera en la primera cita —confesó la chica mientras él descendía por su cuello camino a sus pechos.
Tyler regresó a sus ojos nada más oírlo.
—¿Lo dices en serio?
Ella asintió.
—Mucho menos sin… cuidarme.
Ahora la miraba embelesado. Mucho más cuando ella continuó:
—Pero es que cuando me miras, dejo de razonar —se mordió los labios frente a su expresión de pura lujuria—, y me olvido hasta de mi nombre en cuanto me pones un solo dedo encima. Me pasó en aquel pasillo, volvió a sucederme en el coche y… me pasará siempre que me toques.
Tyler asaltó su boca justo en ese instante, con hambre y desesperación.
—Jamás pensé que te escucharía decir algo así —suspiró y se meció sobre ella.
—Ni yo que te gustaría escucharlo —jadeó, comenzando a perder el norte.
—Me he estado volviendo loco —confesó Tyler ahora—. Creí que para ti jamás sería suficiente.
—¿Tú para mí? —sonó sorprendida.
—Eres una diosa. —La besó de nuevo—. Solo hay que verte sobre el escenario.
Arizona lo miró a los ojos con una expresión algo más seria.
—Era yo quien pensaba que jamás sería… una opción para ti —tragó saliva—. Dijiste que…
—Por favor, olvida todo lo malo que te haya dicho hasta ahora, porque con cada palabra solo trataba de protegerme de todo lo que me hacías sentir —le aseguró perdiéndose en sus ojos.
—Entonces no… me consideras inapropiada. —Aquello la seguía matando.
Él sonrió a medias.
—En realidad jamás pensé que lo fueras —admitió, y la miró con pesar—.
Pero siento si en algún momento te hice sentir mal.
Al principio me sacabas de quicio, sí, porque no podía controlar mis emociones cuando estabas cerca, pero no tardé en darme cuenta de que no te parecías en nada a la mujer que creía que eras.
—¿Ni cuando me vestí de tabernera?
Él rio.
—Reconoce que me habrías estrangulado —insistió.
—Me creas o no, solo quería protegerte —declaró con sinceridad—. Tenía claro lo que provocarías en cada hombre con el que te cruzaras en la calle, porque a mí me tenías en un punto…, uf.
—¿Similar a este, dices? —Movió las caderas contra su erección.
Él gimió.
—Deseo saborearte antes de claudicar —susurró lamiéndole los labios—, así que pórtate bien.
—No.
—¿Qué?
—Que no quiero más sustitutos —dijo alzando la pelvis en busca de su dureza.
—Arizona…
Ella soltó un gemido cargado de necesidad y anticipación.
—Te deseo —casi suplicó, volviendo a alzar las caderas—, ahora, por favor…
Aquella súplica lo llevó demasiado al límite, y ella se movía contra él con una entrega tan desesperada y hermosa que Tyler no habría podido contenerse ni aunque la vida le fuera en ello. Se hundió en su interior de una embestida tierna y certera a la vez.
—Oh, sí…, sí… —suspiró la chica, colmada de él por completo.
—Ah…, Arizona… —se movió despacio mientras su respiración se volvía errática—, se siente tan bien tenerte así.
La chica apenas podía pronunciar palabra ya.
Se abandonó a la sensación de plenitud que la invadía cada vez que él la poseía de aquella manera.
Y se dejó cautivar por el anhelo y la ternura al ver la forma en que él la acariciaba, cómo la miraba, cómo parecía aferrarse a ella con el mismo miedo reverencial de alguien que acaba de recuperar algo que creía perdido para siempre.
Aunque lo conocía demasiado bien, sabía que se estaba conteniendo…
y sintió una ternura en el pecho cuando comprendió el motivo.
—Sabes… que el bebé está protegido, ¿verdad?
Tyler esbozó una sonrisa pequeña, insegura, casi adorable en alguien como él.
—¿Seguro? —titubeó.
Y antes de que él pudiera reaccionar, lo instó a girarse hasta hacerlo recostarse contra el colchón para tomar el control.
Ambos jadearon con fuerza cuando lo acogió en su interior al completo.
—¿Mejor? —suspiró la chica, mareada de deseo.
—En… el cielo —admitió Tyler en un susurro.
Y entonces Arizona comenzó a moverse sobre él con una lentitud exquisita, sensual, casi hipnótica…
, que muy pronto los impulsó a alzar los pies del suelo para flotar en mitad de la inmensidad.
Y poco a poco todo a su alrededor dejó de existir.
La habitación, el tiempo, el dolor… Solo quedaron ellos dos.
Cuando sus ojos volvieron a encontrarse, Arizona estuvo a punto de explotar solo al ver la mirada embelesada con la que él la contemplaba, tumbado en la cama, con los ojos turbios de puro éxtasis.
Sus manos ascendieron por sus caderas hasta detenerse sobre el suave abultamiento de su abdomen, acariciándolo con una emoción tan intensa que Arizona sintió cómo algo le explotaba dentro del pecho.
—Mírate… —susurró fascinado—. Eres la mujer más hermosa que he visto jamás.
Recorrió su cuerpo con los ojos, desde el rostro encendido hasta sus pechos, que muy pronto alimentarían al pequeño milagro que crecía entre ambos, al que casi podía sentir bajos sus manos.
Y aquello terminó de desbordarlo.
Soltando un suspiro que le estalló en el pecho, Tyler se incorporó y la abrazó con fuerza mientras el punto de deseo comenzaba a resultar enloquecedor.
—Te amo, Arizona —murmuró justo antes de beber de sus labios—, te amo…, te… amo…
Cada palabra sonaba más rota, más sincera, más desesperadamente real que la anterior.
Y aquello acabó desatando el principio del fin. Algo que sucedió en cuanto se miraron a los ojos a escasos centímetros de distancia y el mundo estalló a su alrededor y en sus miradas, de la manera más asombrosa… Como si el universo entero acabara de inclinarse ante ellos justo en aquel instante.
Ambos se miraron con una sonrisa de felicidad en los labios mientras acomodaban la postura.
Tyler tiró de ella hacia la cama y la abrazó con fuerza contra su costado.
—Sabes que respirar es una necesidad fisiológica, ¿no? —interrogó Arizona entre risas.
La respuesta de Tyler fue estrechar el abrazo.
—Lo tendré en cuenta cuando comiences a ponerte morada —bromeó—. Imagina que te suelto… y te da por alejarte de nuevo.
Ella rio encantada y más cuando él insistió:
—No pienso permitirlo, que te quede claro.
Arizona lo miró con cierta mezcla de curiosidad y preocupación.
—¿Ni siquiera… cuando la gente me mire raro en tus fiestas?