Capítulo 51
Cuando volvió a abrirlos, encontró a Tyler completamente inmóvil dentro del agua, mirándola de arriba abajo, hasta posar sus ojos sobre su vientre.
La expresión de su rostro fue cambiando segundo a segundo. Confusión, incredulidad, impacto, esperanza y después… algo mucho más profundo. Algo tan inmenso y devastador que Arizona sintió cómo las lágrimas volvían a asaltarla.
Él avanzó en su dirección muy despacio, sin apartar los ojos de su abdomen ni un solo instante. Parecía incapaz de respirar con normalidad. Como si todo su mundo acabara de saltar por los aires y todavía no supiera cómo mantenerse en pie entre los restos.
Arizona aguardó paralizada, con el corazón desbocado y el miedo latiéndole bajo la piel. Aunque una parte de ella ya había visto esperanza en los ojos de Tyler, seguía aterrorizada ante la posibilidad de que todo aquello desapareciera de golpe.
—Eh…, yo… —tragó él saliva, aturdido—, debo de estar imaginándolo.
Arizona se llevó una mano temblorosa al abdomen.
—No —se le quebró la voz—. Es… real.
Tyler salió del agua y llegó hasta ella con una expresión de inquietud y alzó las manos como si temiera romper algo demasiado frágil.
Cuando sus palmas se posaron sobre el abdomen de Arizona, ambos contuvieron la respiración.
—Arizona… —susurró—, de verdad es…
Ella cerró los ojos apenas un segundo antes de asentir entre lágrimas.
—Nuestro… bebé, sí —confirmó casi sin voz—. Se aferró a la vida con uñas y dientes.
El silencio que siguió resultó inmenso y Arizona contuvo la respiración esperando y temiendo su reacción.
Tyler se quedó quieto unos segundos, sobrepasado por la emoción, y entonces hizo lo último que Arizona habría esperado…
…se dejó caer de rodillas frente a ella y se abrazó a su abdomen con fuerza.
El gesto fue tan brusco y tan cargado de emoción que a Arizona se le cortó la respiración.
Lo miró desde arriba, asombrada, escuchando con absoluta claridad los sollozos que él no se molestaba en ocultar. El hombre orgulloso, contenido y elegante que siempre parecía tener el control se estaba desmoronando frente a ella mientras abrazaba a su hijo como si acabaran de devolverle la vida.
—Dios… —escuchó romperse su voz contra su piel—, gracias… gracias…
Arizona se quebró por dentro, emocionada. Jamás había visto a nadie abrazarse a algo con tanto amor, tanta desesperación y tanto alivio al mismo tiempo.
Segundos después se puso en pie y la miró a los ojos.
Arizona apenas podía sostenerle la mirada sin echarse a llorar otra vez.
—Tyler, yo… lo siento —se quebró por completo—, te juro que no pensaba ocultártelo para siempre, es que…
No consiguió terminar la frase. Tyler la tomó entre sus brazos con una urgencia casi desesperada y arrasó su boca apenas una décima de segundo después, como si aquello fuera lo único que quería hacer el resto de su vida.
Arizona sintió el sabor salado de las lágrimas de ambos mezclándose entre sus labios mientras Tyler la besaba como si necesitara asegurarse de que aquello era real, de que ella estaba allí, de que el bebé seguía vivo, de que al fin la pesadilla había terminado.
Sus manos temblaban al aferrarse a su cuerpo, y el sonido ahogado que escapó de su garganta acabó de desarmarla por completo.
—Mi amor, dime que no estoy soñando —rogó sobre su boca.
—Es real —suspiró.
—¡Sí, sí! —casi gritó de puro alivio.
Y de pronto la levantó del suelo incapaz de contener toda la felicidad que acababa de estallarle dentro del pecho.
Arizona soltó una carcajada entre lágrimas cuando él comenzó a girar con ella en los brazos, besándola una y otra vez, riendo también de forma casi incrédula mientras el agua seguía resbalando por ambos y el sol les acariciaba la piel.
Y fue justo en aquel instante, perdida entre sus besos, sus risas y la emoción desbordada de Tyler abrazándola como si fueran el mayor milagro de su vida, cuando Arizona se permitió por fin dejar de luchar contra ello y dejó que la felicidad le inundara el corazón y el alma por completo…
…y su cuerpo despertó a la vida entre sus brazos con una intensidad casi abrumadora, mientras se permitía amar sin miedo, sin reservas, con el corazón rendido a él y a todo lo que le hacía sentir.
Todo dentro de Arizona parecía vibrar de una forma nueva, luminosa y feroz al mismo tiempo…
, y pocas cosas resultaban tan emocionantes como descubrir, en la manera en que Tyler la miraba y la estrechaba contra su cuerpo, que él estaba igual de perdido en sus emociones, en ella.
—Arizona… —suspiró sobre su boca, estrechándola contra su cuerpo con fuerza—, no puedo creer tanta felicidad —declaró con la voz impregnada de emoción—. ¿De veras nuestro bebé está bien?
—Está perfecto —afirmó dichosa—. Su latido sigue siendo alto y fuerte. Casi como un milagro.
—Nuestro milagro —sonrió feliz.
Se abandonaron en los brazos del otro de nuevo, entre besos de anhelo, amor y deseo contenido,
—Jezabel… —sonó ronco ahora—, me muero de ganas de hacerte el amor.
—Bien…, sí… —accedió, rendida a él—, sí…
Tyler protestó con pesar.
—No, mi pequeña descarada —intentó dejar de besarla, pero fue incapaz y acabó soltando un bufido de impotencia.
—¿Qué te pasa? —indagó al verlo tan inquieto.
Las manos de Tyler descendieron por su trasero mientras susurraba:
—Tu hermano me ha dicho que tiene una hostia con mi nombre…
La carcajada de Arizona se escuchó en toda la piscina.
—…y seguro que no anda lejos.
Arizona recorrió su torso con las manos y lo miró con una sensualidad desbordada.
—¿Y vas a dejar que te acobarde o vas a jugártela? —ronroneó, besándole ahora el cuello.
—Por ti… —clavó una mirada oscura y hambrienta en sus ojos mientras la atraía del trasero contra su dureza— me jugaría algo mucho más peligroso que una hostia, y volvería a hacerlo todas las veces que hicieran falta.
—Guau.
—Sí, guau es una forma bastante aproximada de describir todo lo que me provocas —murmuró mientras sus manos jugaban ya con la lazada de su bikini en su espalda.
Arizona suspiró y lo dejó hacer.
—Y podría seguir fingiendo algo de autocontrol —tiró de la lazada hasta deshacerla—, pero eres una fantasía demasiado sexy para un hombre que desde siempre es incapaz de mantener las manos quietas en cuanto te pone los ojos encima, y que lleva semanas sin… quererse ni a sí mismo.
Ella lo miró con algo de asombro.
—Bonita manera de decir que ni siquiera te has…
—Me había quedado muy fino —interrumpió, haciéndola reír—, mejor no lo verbalices —sonrió—, pero sí. Digamos… que estoy necesitado de amor.
Arizona volvió a reír y le echó los brazos al cuello para cubrir sus senos desnudos, aprovechando ya para frotarse contra su cuerpo.
—Pues tienes suerte…, porque a mí me sobran las ganas de darte todo el que me pidas.
A Tyler se le escapó un gemido de anticipación.
—Joder, cuidado con las palabras, Jezabel —susurró, paseando sus manos por su espalda desnuda—, intento comportarme de forma civilizada, pero estoy al borde de la combustión —confesó, y le robó un beso largo e intenso que la dejó jadeante mientras jugueteaba con sus pezones…
Después sus manos descendieron hasta meterse por el elástico de la braga, atrapando su perfecto y suave trasero.
Arizona lo miró extasiada y no pudo contenerse en preguntar:
—¿En serio no has… estado con nadie?
Tyler la miró con una expresión cargada de una mezcla de lujuria y amor.
—Nadie más que tú desde aquel túnel de lavado —reconoció—.
No sé cómo es para ti, pero yo jamás creí que lo que se enciende entre nosotros fuera posible —sus manos rodearon sus caderas y una de ellas descendió y se coló entre sus piernas—, y siempre me digo que el último orgasmo será difícil de superar, pero…
—El siguiente es aún mejor —completó Arizona por él, dejando escapar un intenso gemido.
—Siempre —afirmó complacido porque lo entendiera tan bien, y profundizó en sus caricias.
Arizona gimió entre sus brazos y él sonrió.
—Adoro ese sonido que sale de tus labios cuando te toco —murmuró él también entre jadeos—. Me fascinó desde el mismo instante en que… aquella increíble y sexy patinadora italiana me lo obsequió en mitad de aquel pasillo.
La chica abrió un poco las piernas y se abandonó a sus caricias expertas.
—Joder, Arizona, cómo te deseé nada más ponerte los ojos encima —admitió sin dejar de acariciarla—. Pasé horas buscándote cuando acabó la fiesta.
Aquello la sorprendió y abrió los ojos de par en par, mientras su deseo crepitaba dentro de ella a un ritmo frenético ya.
—Moría por seguir… discutiendo contigo hasta que me pidieras perdón… o clemencia.
Las rodillas comenzaron a cederle frente al intenso deseo y tuvo que aferrarse a su chaqueta mientras él seguía obrando su magia.
—Tardé meses en pasar página —siguió diciendo—. Nadie más me hizo sentir tanto con solo un beso hasta… cierta cantante country.
La confesión contribuía a enloquecerla cada vez más y más…, aunque hizo un mohín de fingida protesta.
—Pues solo le diste una mísera medalla de bronce en tu lista —le recordó cierto comentario mientras intentaba no perder del todo la cordura aún.
Tyler no soltó una carcajada y acabó aceptando:
—Eso solo fue porque la plata y el oro… te los ganaste en el palacete… —lo meditó con un gesto teatral—, o en mi casa, ya me cuesta escoger para el ranking —sonrió y se perdió en sus ojos mientras avanzaba en sus caricias—. Es tan alucinante hacerte el amor…
Arizona soltó una exclamación ahogada en un suspiro.
—Me has convencido…, el bronce para Callie ya no me molesta en absoluto —declaró risueña.
—Pero no vamos a menospreciarlo… —se mordió los labios—.
¡Te deseé hasta la locura en aquella gasolinera!
—metió los dedos en su interior con fuerza provocando que soltara un grito de placer—.
Jamás en toda mi vida me había acostado con nadie a los diez minutos de conocerla —confesó—, y mucho menos sin tomar precauciones, pero…
—le lamió los labios— no sé qué me pasa contigo, me vuelvo loco solo con mirarte y no puedo evitar tocarte.