Capítulo 50 #2
—No llores, no soporto verte llorar —rogó abatido, acariciándole el rostro con desesperación—. Sé que jamás podremos sustituir al bebé que perdimos, pero… —tragó saliva con nerviosismo— si algún día quisieras volver a intentarlo, yo… estoy dispuesto a darte todos los bebés que desees.
—Dios… —La verdad en su vientre comenzaba a resultar asfixiante.
—También podemos esperar si… no lo deseas —tragó saliva, confuso frente a su gesto de agobio—. Por favor, Arizona, lo que tú quieras, pero te necesito en mi vida.
La miró con una angustia tan desnuda que le rompió el alma.
—¿Puedo albergar alguna esperanza? Por favor, solo dímelo claro —se mordió los labios con nerviosismo—. ¿Tú no me… estimas ni un poco?
Aquello la destrozó. La vulnerabilidad de Tyler era tan brutal, tan real que ya no quedaba ni rastro del hombre orgulloso y distante que había conocido meses atrás. La angustia que leía en sus ojos, la incertidumbre… eran las mismas que se apoderaban de ella cada vez más.
—Tyler…
—¡Te amo! —confesó con ardor.
Arizona contuvo la respiración y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Aquellas palabras le taladraron el alma, y deseaba con todas sus fuerzas dejarlas anidar en su corazón, junto al amor inmenso con el que ella le correspondía, pero aún no se atrevía a hacerlas suyas del todo.
—No quiero que me quede nada por decir —insistió él—. Sea cual sea tu respuesta, yo… me rindo por completo ante ti, mi preciosa Jezabel, sin reservas.
—¡Y yo ante ti! —exclamó incapaz de seguir callando.
Lo vio contener la respiración.
—¿Qué? Arizona… —La miró con los ojos cargados de esperanza.
Ella asintió entre lágrimas.
—Lo hice aquella misma mañana, en tu casa —reveló temblando—. Me preguntaste por qué había mutado de repente…, pero no podía decirte la verdad.
—La verdad… —repitió él apenas en un susurro.
—Mientras me hacías el amor en aquella terraza tuve una especie de revelación —contó con el corazón en la garganta—, y ya no pude seguir negándome que me había enamorado de ti, pese a todas mis reticencias y mis intentos de huida, pero jamás pensé que tú pudieras sentirte igual —suspiró, sin dejar de mirarlo—, así que…
huí temiendo que mis sentimientos fueran demasiado evidentes.
Tyler soltó con fuerza el aire que había estado conteniendo.
—¿Lo dices en serio? —preguntó con una incredulidad tan vulnerable que la mató un poco.—. ¿Tú… me amabas?
—No, yo…
—Entiendo —la miró desolado—. Tus sentimientos por mí murieron junto con nuestro…
—¡No! —interrumpió nerviosa—. Iba a decir que… no te amaba, en pasado…, te amo, en presente, ahora, en este instante, pero…
—¡Ni se te ocurra añadir un pero! —declaró él con ardor, y recortó la distancia hasta su boca.
El beso fue devastador para sus sentidos.
Todo el dolor, la angustia, la culpa y el amor contenido durante semanas parecieron estallar entre sus labios de una forma tan intensa que Arizona sintió cómo el mundo desaparecía a su alrededor.
Tyler la besaba como un hombre desesperado, como si hubiera estado ahogándose desde que la perdió y acabara de encontrar por fin aquello que necesitaba para sobrevivir.
Sus manos temblaban al sujetarle el rostro, el agua se agitaba alrededor de sus cuerpos y Arizona se descubrió aferrándose a él con la misma desesperación, incapaz de contener todas las emociones que llevaba demasiado tiempo reprimiendo.
Quería quedarse allí para siempre, perderse en él y olvidar el resto del mundo, pero la verdad que quedaba por decir seguía latiendo dentro de su vientre con una fuerza inquietante.
Y reunir la fortaleza para apartarse de su boca terminó convirtiéndose en el acto más difícil y doloroso que había hecho jamás.
—Tyler… —jadeó contra sus labios, desesperada.
—Dios, Arizona, te necesito tanto… —suspiró en su oído, incapaz de permitirle alejarse.
—El bebé… —susurró—, tienes que dejarme hablarte del bebé.
—¿Qué? —Ahora sí la miró desconcertado.
Arizona sintió el pánico creciendo dentro de ella.
—Por favor, no me odies —empezó diciendo, de nuevo entre lágrimas—. Aquellas palabras que pronunciaste dolieron mucho, se me partía el alma y… hice una tontería que…
Se le quebró la voz y las palabras se negaron a salir de su garganta. No podía perder a Tyler de nuevo, solo con pensarlo se moría por dentro.
—¿Te encuentras bien? —La miró entre confundido y preocupado—. Te estás poniendo muy pálida.
Ella intentó respirar hondo, pero el aire apenas le llegaba a los pulmones.
—Tengo que… decirte… —balbuceó con el corazón desbocado.
El nudo en la garganta se duplicó.
Se revolvió inquieta entre sus brazos y terminó apartándose apenas un poco, intentando recuperar el control antes de echarse a llorar otra vez.
Tyler la miraba desconcertado.
—Mi amor, ¿qué…?
Trató de acercarse de nuevo, pero Arizona levantó las manos temblorosas entre ambos, pidiéndole unos segundos. Ya no podía seguir callando…
…y frente a su incapacidad para hablar, solo encontró una opción.
Nadó un par de metros hasta alcanzar los escalones de piedra de la piscina y fue ascendiendo uno a uno, dándole la espalda, consciente de que él la observaba desconcertado.
En cuanto salió del agua, el bikini húmedo se pegó a su cuerpo, marcando con absoluta claridad la suave curva redondeada de su abdomen.
Cerró los ojos apenas un instante antes de reunir valor para girarse despacio hacia él, con el corazón en la garganta…