Rivales con derecho a roce Capítulo 49 #2
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Capítulo 49 #2

Arizona la miró con el ceño fruncido, intentando interpretar aquella frase, pero sonaban voces en el sendero, no sabía qué estaba pasando y la angustia comenzaba a eclipsarlo todo.

No había escapatoria si él traspasaba la barrera de su hermano, ni forma de esconderse de su ira cuando lo descubriera.

Y entonces hizo la cosa más absurda del mundo, que en ese momento le pareció de lo más brillante…

…se metió en la piscina sin pararse ni a pensarlo.

—¡Ari! —Las chicas la miraban perplejas.

Pero ya no había marcha atrás. Se internó en el agua hasta hundirse casi por completo en la zona más profunda, como si aquella fuera la única escapatoria, la mejor manera de esconder el secreto que llevaba tantas semanas ocultándole.

Tyler no pensaba aceptar un no por respuesta. Y le importaba una mierda tener que enfrentarse a una banda entera de moteros, que prácticamente soñaban con partirle la cara, si aquella era la única forma de llegar hasta Arizona.

Llevaba semanas escondiéndose detrás de la culpa, del dolor y de la certeza de que ella jamás querría volver a verlo, hasta que aquella conversación con Dylan le había abierto los ojos.

Sí, Arizona no contestaba sus mensajes, lo había apartado de su vida y era posible que lo odiara con toda su alma, y aun así allí estaba, dispuesto a todo para tener la oportunidad de verla.

No sabía si volvería a mirarlo sin dolor, ni si lo mandaría al infierno en cuanto lo tuviera ante sí, pero había cruzado un océano entero dispuesto a soportar cada golpe, cada rechazo y cada palabra cruel con tal de tener una sola oportunidad de mirarla a los ojos con el corazón en la mano…

…Claro que toda aquella determinación empezó a tambalearse cuando tuvo que abrirse paso por Edenhouse seguido de un James más que furioso.

—Te recuerdo que esto es propiedad privada —gruñó el motero plantándose frente a él para cortarle el paso—. Y voy a disfrutar muchísimo echándote a patadas si sigues avanzando.

Tyler ni siquiera aminoró el ritmo e intentó esquivarlo.

—Solo quiero verla.

—No sin su permiso.

—Te lo advierto…

—Mal empiezas esa frase —lo interrumpió James arqueando una ceja.

Tyler cerró los ojos un instante, intentando controlar la desesperación que llevaba semanas creciendo dentro de él.

—No me voy sin verla —afirmó al fin, muy serio—. Si hace falta, me quedaré plantado en la entrada de la finca hasta que acepte hablar conmigo.

James soltó una risa incrédula.

—Puedo ayudarte a encadenarte a un árbol, si quieres —ofreció con sorna—. Seguro que el Daily Mirror estaría encantado con la foto.

Pero Tyler ya había dejado atrás cualquier rastro de orgullo.

—Lo haría sin pensarlo —admitió con honestidad— si con eso consiguiera que ella accediera a verme.

Aquello cambió algo en la expresión de James, y la forma en la que lo miraba ahora le resultó incómoda.

—¿Qué… pasa?

James no contestó. En su lugar señaló hacia el camino. A Tyler se le formó un nudo en la garganta cuando puso sus ojos sobre Dannie, que ascendía por el sendero hacia él con una expresión nada afable.

«Mierda». Sintió un vuelco en el estómago. Si había alguien con motivos para odiarlo allí… era él. Y por la expresión de su rostro quedó muy claro que tampoco pensaba ponérselo fácil.

Alzó las manos apenas el tipo estuvo lo bastante cerca.

—No quiero problemas.

Dannie lo escrutó con la mirada hasta el punto de enervarlo. De arriba abajo, despacio, demasiado tiempo, como si estuviera intentando decidir qué hacer con él.

—Entonces ¿qué demonios quieres?

—Verla —contestó Tyler sin poder ocultar la desesperación en su voz—. Por favor. Cinco minutos. No te pido más.

Para su sorpresa, Dannie no lo mandó de inmediato a la mierda. Pareció incluso valorarlo.

—¿Y qué es tan importante? —indagó al cabo de unos segundos.

Tyler tragó saliva y se frotó la nuca con nerviosismo.

—Eso… necesito decírselo a ella.

—Pues siento decepcionarte, inglesito, pero mi hermana no quiere verte.

Aquello lo golpeó con tanta fuerza que ni siquiera consiguió ocultarlo. Su expresión de desconsuelo habló tan alto y claro que no pasó desapercibida para ninguno de los presentes.

Respiró hondo, intentando recomponerse, pero no lo logró.

—Dannie, yo… —se pasó una mano por el rostro con absoluta angustia —. ¡Joder, estoy a punto de volverme loco!

Exhaló de nuevo y miró a Rob.

—¿Ella está bien? ¿Tú has podido verla? —preguntó casi sin aire con la voz rota—. ¿Puedes interceder por mí?

¡Por Dios, ella estaba ahí, a solo unos pocos metros, casi podía sentirla!

Miró hacia el sendero que descendía hasta la laguna con el corazón fuera de control. Durante un segundo incluso se planteó echar a correr y arriesgarse a un placaje con tal de llegar hasta ella.

«Definitivamente, estoy perdiendo la cabeza».

Y quizá era verdad, porque llevaba semanas sintiendo que se ahogaba lejos de Arizona.

Estaba tan atrapado en aquella desesperación que apenas notó el pequeño tirón en la pernera de su pantalón.

Cuando bajó la vista, se encontró con los enormes ojos azules violáceos de Michelle. La hija de James y Jennifer lo miraba con infinita curiosidad desde su diminuta estatura, preciosa, incluso medio despeinada, y ajena al drama adulto que la rodeaba.

Tyler sintió un dolor sordo atravesarle el pecho.

«Nuestra bebé habría sido igual de bonita». Aquel pensamiento le taladró el alma. Por su culpa ya no sería… nada, jamás. Quizá debería desistir y aceptar su castigo. No se merecía ningún tipo de perdón.

Destrozado, se agachó frente a la niña intentando sonreír.

—Hola, Mich —le dijo con cariño.

—¿ Tas tiste ?

Tyler suspiró y acabó asintiendo. Para su asombro, la pequeña recortó la distancia y le dio un cálido beso en la mejilla.

—¿ Ejor ?

Aquello estuvo a punto de romperlo.

—Mucho mejor —consiguió decir mientras los ojos empezaban a escocerle.

—¿ A pides un relalo a papi ? —propuso ahora la pequeña—. ¿Qué queres ? ¿Un gatito o… —lo meditó muy concentrada— un cangejo Seantián ?

Pero Tyler quería una única cosa en el mundo. Y no existía forma de explicársela a una niña de dos años.

—¿Puedo pedir un milagro? —preguntó con una tristeza tan desnuda que el silencio cayó un segundo entre todos.

Michelle parpadeó confundida antes de girarse hacia James.

—Papi…, ¿ a pompas un alagro ?

James sonrió, tomó a su hija en brazos y la contempló con los ojos colmados de amor.

—Los milagros no se pueden comprar, princesa —le explicó con ternura antes de mirar a Tyler—. La vida te los concede… solo si cree que te los mereces.

La pequeña lo miraba muy confusa y su padre sonrió de nuevo.

— Asta mu tiste … —insistió Michelle.

James soltó aire y desvió la mirada hacia Dannie.

—Pues no sé…, a lo mejor al tío Dannie le queda algún milagro bajo la manga.

Todos se giraron hacia él, que, para desconcierto absoluto de Tyler, parecía estar valorándolo.

El motero intercambió una mirada silenciosa con James y Rob antes de negar con la cabeza.

—No me quedan milagros…

El estómago de Tyler se hundió, pero Dannie continuó:

—…aunque quizá podamos sustituirlo por un helado —propuso mirando a Michelle—. ¿Vemos si queda algo en la nevera?

La niña celebró aquello como si acabaran de anunciarle viajar a Disneyland.

—Ostras, qué rico, yo también quiero un poco —intervino Rob, caminando ya con James y la pequeña hacia la casa, y aprovechó para guiñarle un ojo a Tyler cuando sus miradas se cruzaron.

Dannie también pasó ante Tyler dispuesto a ir tras ellos, pero se paró a su altura lo justo para murmurar:

—Vuelve a hacerle daño… y te ganas la hostia que guardo con tu nombre.

Tras eso siguió caminando tras los demás.

Tyler se quedó inmóvil viendo cómo el sendero hacia la laguna se extendía completamente despejado frente a él.

Su corazón empezó a golpearle el pecho con tanta fuerza que casi dolía.

¡Al fin tenía vía libre hasta el amor de su vida!