Capítulo 40 #3
—Todo lo que un resumen pedido a Chatgpt puede dar de sí —admitió con una expresión azorada.
Arizona rio con ganas.
—¡No lo dices en serio! —exclamó—. ¿Cuándo has tenido tiempo para eso?
—Mientras estabas en la cocina.
Aquello la enterneció. Puede que fuera un gran padre después de todo. Y tuvo que recordarse que eso no incluía ser un buen marido, novio o… pareja de ningún tipo. Se vio forzada a ocultarle su rostro, desconcertada con la inquietud que le provocaba el pensamiento.
Por suerte, Robin y Hood aprovecharon ese momento para hacer su aparición estelar. Caminaban muy cerca el uno del otro, como si sintieran algún tipo de conexión especial aún entre ellos.
—Mira quiénes vienen por ahí —señaló Tyler—. No sé si matarlos o agradecerles el espectáculo porno.
Arizona rio.
—¿Ya sabes cómo vas a ponerle de nombre a los cachorritos? —se burló con diversión.
Se ganó una divertida expresión asesina como respuesta.
—Lo siento, de verdad —aseguró Arizona, más seria, pero lo arruinó al añadir—: Puedo ayudarte a escoger. Prometo ceñirme a todo lo inglés —sonrió y fingió pensar—. A un par de ellos podemos ponerles Fish y Chips . Y quizá uno podría llamarse Té y otro Delascinco .
Tyler la miraba con una sonrisa divertida.
—Vale, dime otro —pidió entre risas.
Ella le devolvió un divertido ceño fruncido.
—Pues… eh… —balbuceó.
—No se te ocurren más cosas inglesas, ¿no?
—Claro que sí —meditó un segundo—. ¡Los Iron Maiden!
La risa de Tyler inundó el jardín y Arizona lo miró fascinada. Verlo tan relajado, riendo a carcajadas, era un espectáculo digno de contemplar.
—Y siguiendo con los nombres, ¿cómo te gustaría ponerle al bebé? —la sorprendió preguntando ahora.
La chica lo miró con el corazón acelerado. Hablar con él del bebé la afectaba de un modo extraño. Sería mejor seguir bromeando.
—Si es niña… ¡Harley!
Tal y como esperaba, a Tyler le faltó tiempo para decir:
—¡Por encima de mi cadáver!
Arizona tuvo que contener una carcajada.
—¿Por qué? Adoro las motos Harley Davidson.
—Cómprale una camiseta.
—Si empezamos así, no sé qué va a pasar cuando tengamos que decidir cómo compartir la custodia —suspiró, y lamentó haberlo dicho nada más hacerlo.
Tyler la miró mucho más serio un momento después.
—Es evidente que no está fácil la cosa —admitió el chico, con una expresión que parecía de abatimiento—. Solo por saberlo… ¿En ningún momento te planteas quedarte en Londres?
Sintió aquella pregunta como un puñetazo en el estómago. ¿Qué podía decirle? ¿Que prefería poner diez mil kilómetros de distancia entre ellos porque… sentía demasiadas cosas cuando estaban juntos?
—Aún tengo decisiones que tomar —reconoció, incorporándose para ponerse la camiseta, que encontró medio metro más allá—. Pero aquí no tengo nada, Tyler —casi susurró—. Toda la gente que me importa está en Estados Unidos.
No pudo evitar mirarlo de reojo, y, para su sorpresa, leyó en su rostro que aquello parecía haberlo molestado un poco, aunque no hizo un solo comentario.
Se limitó a sentarse también y buscar su ropa, dándole la espalda.
El ambiente se había enrarecido con apenas un intercambio de frases, ¿cómo iban a lograr llegar a un entendimiento?
—Tienes algo de sangre en la herida —le dijo ahora, preocupada, mirando con atención el punto rojo que se apreciaba a través del esparadrapo—. ¿Te duele?
—Un poco —aceptó—, pero supongo que es normal.
Arizona le acarició la espalda desnuda, rozando con la yema de sus dedos el contorno de la herida. Él permaneció quieto, parecía disfrutar de sus caricias, y la chica no pudo contenerse y besó su espalda con ternura.
—Gracias por salvarme en el teatro —repuso con sinceridad—. No tenías por qué llevarte este golpe por mí.
—Me llevaría en tu lugar todos los que fueran necesarios —aseguró, girando la cabeza para mirarla a los ojos—. Yo…
El corazón de Arizona se aceleró. Y no eran solo las palabras, sino la forma en que él la miraba en aquel momento, como sí… fuera a decir algo trascendental para ambos, que de repente no le molestaría nada escuchar.
Y lo hizo, pero no lo que esperaba.
—Llevas a mi bebé dentro de ti —acabó recordándole Tyler tras una pausa larga.
El bebé. Claro. ¿Cómo había podido pensar que lo que leía en sus ojos tuviera nada que ver con ella? Pero no podía enfadarse con él por querer proteger a su bebé.
Suspiró y se hizo fuerte.
—Seguro que Will ya lo tiene todo bajo control.
—Eso espero —aceptó Tyler—, porque no vas a pisar ese teatro hasta que todo se aclare.
—No podemos parar los ensayos en este momento, Tyler —le recordó—. El estreno está a la vuelta de la esquina.
—Lo sé, pero no habrá estreno que valga si te pasa algo.
—Belinda está lista para asumir el papel de Isabella.
Tyler frunció el ceño y la miró preocupado.
—¿Qué pasa?
—Ella es la más interesada en borrarte del mapa.
Arizona asintió. Sí, muy a su pesar, incluso siendo una persona que siempre solía pensar lo mejor de todo el mundo, ya se le había pasado por la cabeza que estuviera implicada.
Media hora más tarde, Will se personó en la casa para confirmarlo.