Rivales con derecho a roce Capítulo 35 #3
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Capítulo 35 #3

Y solo entonces fue consciente de que las señales habían estado ahí desde el principio.

Recordó el modo en que Dannie la saludó en aquel pasillo del teatro, la forma en que la abrazaba, en que giró con ella en brazos, como…

él mismo había abrazado a Sarah cuando asistió a su primera exposición en la galería de arte.

—¡Joder, Arizona!

—Tú fuiste quien anduvo sacando conclusiones y haciendo suposiciones —se defendió ella de inmediato.

—¡Y tú no lo negaste!

—Es que era absurdo del todo, ¿por qué tenía que prestarte los oídos? —Se cruzó de brazos.

Tyler quería zarandearla.

«Dannie es el único hombre al que quiero y querré toda mi vida».

Aquella frase lo había perseguido hasta el fondo de una botella de whisky.

—No quieras quitarte culpas —la miró con evidente irritación—. Me has dejado creer que él era…

Guardó silencio, de repente desconcertado, y la observó con atención.

—¿Comemos? —sugirió Arizona de inmediato—. Tengo hambre.

Caminó hacia la mesa del comedor, seguida por Helen, pero para Tyler era ya imposible volver a la normalidad.

Fue tras ellas con el ceño fruncido, dándole mil vueltas a todo lo que había salido de labios de Arizona sobre aquel bebé.

Cuando llegó a la mesa, estaba aún muy confuso. Se sentía inquieto. Demasiado. Tanto que en cuanto cogió asiento se saltó toda la educación, los modales y todo protocolo para interrogar a bocajarro:

—Si Dannie es tu hermano, ¿quién es el padre del bebé?

—¡Tyler! —lo amonestó Eloise de inmediato.

—¡Por Dios, ¿te has vuelto loco?! —exclamó su madre.

Pero Tyler miró a la chica aguardando una respuesta.

—¿Cómo que quién es el padre? —interrogó Arthur con una expresión cauta.

Tyler se sintió fatal. Estaba tan obcecado con aquello que ni había reparado en la repercusión que podía tener para Arthur.

«Estoy perdiendo el norte», pensó, muy azorado.

—No te reconozco —suspiró Eloise casi en un susurro, amonestándolo con la mirada.

Pero por alguna razón Tyler sentía que la necesidad imperiosa por aquella respuesta pesaba más que el sentido común.

—Te he hecho una pregunta —insistió contra todo pronóstico.

—Pero ¿qué pasa contigo? —lo amonestó Helen de nuevo, y miró a Arizona—. Sabes que no tienes que contestar.

Todos en la mesa estaban mucho más que contrariados y perplejos con su actitud.

Arizona no parecía saber dónde meterse. Su expresión de angustia era demasiado evidente, sobre todo para Tyler, algo que comenzaba a inquietarlo cada vez más.

—Creo que anoche ya tuve bastante con que tu padre anunciara a bombo y platillo mi embarazo, ¿ahora tú pretendes que te hable de mis intimidades también en público? —sonrió con acidez—. Eres digno hijo de tu padre, supongo.

Tyler la miró asombrado.

—¿Que mi padre hizo qué?

—Lo que acabo de decir —repuso, con una irritación palpable frente al recuerdo.

Eloise le tomó ahora la mano a la chica y la miró con pesar.

—Aún no he podido pedirte disculpas por lo sucedido.

La actriz le devolvió una mirada seria.

—Soy yo quien te agradezco la intervención.

—No, Arizona, el comportamiento de Lionel fue inexcusable y me siento responsable y avergonzada —se reiteró Eloise—. Sé que te hizo daño y no te lo merecías, y quiero que sepas que no todos en esa sala pensamos igual.

Tyler estaba cada vez más perplejo.

—Te agradezco que fueras tan educada y comedida —suspiró la mujer—, aunque no se lo mereciera, ni él ni ninguno de los que estaban allí.

Para su sorpresa, Tyler vio un destello de dolor en los ojos de Arizona y fue como recibir un puñetazo en el estómago. Era obvio que él mismo la había juzgado antes de preguntar y aquello lo mataba.

Su abuela posó ahora los ojos sobre él con la mirada cargada de reproche.

—En esta mesa no vamos a inmiscuirnos más en su vida privada —declaró con ese tono que no admitía réplica.

—Quién sea o no el padre de su bebé no nos importa—puntualizó ahora su madre.

—A mí sí —aseguró Tyler.

Arizona parecía palidecer cada vez más.

—Pues habladlo después.

—Pero…

—Pero nada, carajo —se ofuscó Helen ya—, con quién estaba en ese túnel de lavado no es de nuestra incumbencia.

¡Boom! Tyler casi escuchó el sonido de aquella bomba dentro de su cabeza.

El impacto fue igual de brutal… mientras su corazón se esforzaba por volver a ponerse en marcha, como si aquellas palabras lo hubieran detenido.

Sintió que toda su vida estaba en stand-by en ese momento…

en el que en su mente conjuraba imágenes de alto voltaje de aquel primer encuentro.

No podía hablar, moverse ni pensar con demasiada claridad mientras escuchaba las voces del resto de la mesa hablarle como a cámara lenta.

Pero él solo podía mirar a Arizona, que se había quedado blanca como la cera y evitaba mirarlo a los ojos a toda costa. Y eso habló más alto que las palabras.

La vio tensar la mandíbula y respirar hondo, poniéndose en pie con una palidez que le atravesó el pecho.

—Disculpadme… —murmuró.

No miró a nadie. No explicó nada. Solo intentó alejarse hacia la puerta, pero Tyler ya no podía permanecer callado.

—¡Espera un momento!

La chica se detuvo de espaldas, rígida, mientras el silencio en la mesa era absoluto. Y las siguientes palabras de Tyler resonaron en el comedor como un disparo al aire imposible de ignorar…

—¡¿El bebé que esperas es mío?!