Capítulo 35 #2
Tyler parecía dispuesto a cualquier cosa por protegerla. Incluso a dinamitar el teatro en el que había invertido una fortuna, una parte importante de sí mismo y la salud del hombre que quería como a un padre.
En el palacete, Tyler estaba sentado en el salón junto a su abuela y Arthur, aguardando a que Arizona quisiera hacer su aparición estelar.
Estaba enfadado y agradecía no tener que intervenir demasiado en la conversación.
Había esperado a la chica a la puerta del teatro durante un rato largo, solo para escucharla decir que prefería ir en el coche de Will, algo que estuvo a punto de sacarlo de sus casillas de la forma más absurda.
Por suerte, Arthur había estado rápido rogándole que lo llevara a él, bromeando con el hecho de que su coche fuera mucho más cómodo que el de su hijo.
Y allí estaban…, sentados en el salón aguardando a que la diva del Lyric Hall quisiera honrarlos con su presencia para poder comer.
—Pues mantenme informada —rogaba ahora Eloise a Arthur—. Espero que lo lleves lo mejor posible.
—Sé que no va a ser fácil —sonrió el hombre—, la quimio nunca lo es, pero seguro que merecerá la pena. Necesito conocer al que sabes que consideraré como un nieto.
La mujer asintió.
—Quién nos lo iba a decir, ¿verdad, Eloise? —insistió el hombre, risueño—. Ya lo dábamos por perdido y mira.
Ambos miraron a Tyler, que les devolvió una sonrisa demasiado forzada como para engañar a nadie.
«Esta es la segunda parte», suspiró, algo abatido.
—No se puede luchar contra el destino, Arthur —afirmó la anciana—. Siempre se encarga de poner todo en su lugar.
Sin entender por qué, aquellas palabras fueron hirientes para Tyler. Era evidente que Arthur las estaba malinterpretando a su favor, pero él sabía que su abuela las decía con una intención muy diferente. Ella no quería a Arizona en su vida, no para él.
«¡Ni yo tampoco!», se dijo, pero sabía que mentía. Se había engañado de todas las maneras posibles, pero el miedo punzante y paralizante que había sentido en el teatro solo con pensar en que a ella pudiera sucederle algo malo… le había gritado algunas verdades incómodas más alto que nunca.
Miró hacia la puerta con expectación cuando alguien entró en el comedor y se decepcionó un poco al ver que era su madre, que caminó hasta ellos con una sonrisa.
—¿Aún no han llegado?
—A Arizona le gusta hacerse esperar —murmuró Tyler entre dientes.
—Es Will quien conduce —le recordó Arthur—. Intenta echarle a ella solo las culpas que le correspondan.
Tyler soltó un chasquido desaprobatorio.
—Tú siempre tan benevolente con ella.
—Y tú tan dispuesto a atacarla —protestó Arthur—. Ty, vais a tener un bebé. Sé que no estáis juntos, aún, pero debéis intentar llevaros bien.
« Aún ». Tres simples letras que dejaban muy claro lo que el hombre esperaba a largo plazo.
Sería mejor desviar la conversación, aunque su madre se le adelantó. Lo miró ahora de frente con una expresión algo crítica.
—¿Qué pasó anoche en esa fiesta, Tyler? —interrogó de repente—. ¿Dónde estabas tú mientras tu padre se comportaba como el idiota que es?
Tyler la miró completamente desconcertado.
—No sé de qué estás hablando —aseguró, y frunció el ceño.
—¿Que no lo sabes? —lo observó ahora con una expresión de censura absoluta.
—Sé que algo pasó, sí, pero ella no quiso contármelo.
Estaba perplejo. ¿Su padre estaba involucrado?
—Abuela… —miró a la mujer, que le devolvió un gesto de disgusto—, ¿tú te enteraste de algo?
La anciana chasqueó la lengua.
—De todo, para mi vergüenza y bochorno —reconoció la anciana.
A Tyler le daba hasta miedo preguntar. Era evidente que estaba muy disgustada. ¿Había tenido Arizona un enfrentamiento con su padre delante de todos? ¿Qué narices había pasado?
Antes de que le diera tiempo a preguntar, Arizona y Will entraron en el salón.
Venían muy sonrientes y Tyler sintió la misma desazón de siempre, ¿por qué no conseguía él sonrisas como aquella? Para su desgracia, ella sonrió a todos… hasta posar sus ojos en él, al que miró lo justo y, aun así, su sonrisa se borró de inmediato.
Tyler apretó la mandíbula, irritado. Odiaba que hiciera eso, que lo excluyera de forma tan obvia con los gestos más pequeños.
Le gustaba la Arizona que había admirado en la fiesta.
Divertida, locuaz, inteligente, con ese punto de sarcasmo delicioso que siempre parecía ir un paso por delante.
La que solía tener una réplica perfecta para todo y conseguía arrancarle una carcajada cuando menos lo esperaba.
La que lo provocaba sin esfuerzo y lo desarmaba con una simple mirada.
Jamás se aburría con ella. Adoraba escucharla reír, bromear… y provocarla hasta verla encenderse y desprender el mismo calor que él. Y le gustaba… todo lo que venía tras la provocación.
Mucho. ¡Muchísimo!
«Estoy jodido».
Sin dilación, caminaron hacia el comedor, era ya muy tarde.
Tyler intercambió una mirada seria con Arizona cuando su teléfono sonó justo en ese momento y la chica, en lugar de rechazar la llamada, intentó quedarse rezagada para contestar.
—No son horas —recriminó Tyler permaneciendo a su lado mientras el resto avanzaba hacia la mesa.
—¿Y a ti qué te importa?
Sin ningún disimulo, él se asomó al teléfono a tiempo para ver la foto de Dannie en pantalla.
—Joder, qué tipo tan pesado —murmuró entre dientes.
—¿Hablas de ti en tercera persona? —ironizó Arizona, y se ganó una mirada asesina.
A Tyler no le tembló ni un poco el pulso para quitarle el teléfono de las manos y contestar la llamada, asegurándose de poner el altavoz, mientras Arizona luchaba para recuperarlo.
Dannie, ajeno al forcejeo, sonó alto y claro en mitad del salón.
—¿Tyler Hamilton? ¿En serio? ¡No me jodas, Ari!
Tyler frunció el ceño.
—¿Es que no había otro? —siguió quejándose su hermano—. No se me ocurre nadie peor que él para…
—¡Calla ya, Dannie! —exigió Arizona de inmediato, alzando mucho la voz.
Y se hizo el silencio.
—No, déjalo hablar —ironizó Tyler—. Veamos qué tiene que echarme en cara a mí un tipo así.
—¿Así cómo, imbécil? —se oyó de nuevo a Dannie—. Te crees mejor que nadie, ¿no? Pues que sepas que ella vale más que tú incluso dormida.
—Dannie…
—Y te lo advierto, si el mierda de padre ese que tienes vuelve a faltarle el respeto —insistió el chico—, me subo al primer avión que salga para Londres y os parto vuestra aristócrata cara a los dos.
Tyler estaba perplejo ahora. Pero ¿es que todo el mundo sabía lo sucedido la noche anterior menos él?
—Dannie, ya, por favor —rogó ahora la chica, intentando llegar hasta su teléfono, sin éxito.
—Por favor nada, Ari, ¿por qué no me lo contaste todo cuando hablamos anoche? —sonó molestó—. He tenido que enterarme por ma…
Para sorpresa de Tyler, Arizona le dio un manotazo de improviso al teléfono y lo lanzó al suelo, donde el móvil no sobrevivió al impacto.
—¡Mira lo que has hecho! —Tuvo encima el descaro de decirle.
Tyler le devolvió un gesto mezcla asombro e irritación.
—¿Yo? —se defendió—. ¡Venga ya!
—¡Tú no tenías ningún derecho a contestar mi teléfono! —acusó mientras se agachaba a recogerlo—. Me vas a comprar otro.
Sabía que era mejor callarse, pero también sabía que reventaría si lo hacía.
—¿Para que puedas llamar a tu Dannie? —cedió a su arrebato.
—Mucho te molesta Dannie, ¿no?
Tyler apretó los dientes. Sí, tenía que reconocer que no podía soportarlo. Lo mataba imaginarla en sus brazos, era superior a sus fuerzas.
—¿A mí? Ni un carajo —aseguró—, pero sí quiero saber a qué se refería, ¿qué le has contado de mí? ¿Sabe que nos estamos acostando?
Arizona puso los brazos en jarras y lo miró malhumorada.
—¡No nos estamos acostando!
—Llámalo como quieras —apretó los dientes—. ¿Qué pasa, que le molesta? ¿Acaso te pide exclusividad mientras él se sigue acostando con su novia? Menudo hipócrita.
—¡Ya basta! —exigió una voz a un par de metros de distancia.
Ambos miraron hacia Helen, que los observaba con una expresión contrariada.
—¿Sois conscientes de que estamos a diez metros?
Resultó casi cómico cómo ambos miraron hacia la mesa del comedor, donde todos los presentes los observaban sin disimular su estupor, o su diversión, en el caso de Will.
—Entiendo que os olvidéis del resto del mundo mientras estáis juntos…
Aquello los incomodó.
—…pero el resto del mundo no podemos cerrar los oídos. La acústica del salón es estupenda, ¿sabéis?
—Bueno, mamá, ya vale —interrumpió irritado—. No vas a venir a regañarnos como si fuéramos niños.
—Pues lo parecíais hace un momento —opinó la mujer, y miró a su hijo—. ¿Y tú qué despotricas tanto de Dannie? Entiendo que no te caiga bien, pero tienes que respetarlo.
—Es igual, Helen… —intervino Arizona de inmediato.
—No, no lo es —insistió la mujer—, porque seguro que él tampoco permitiría que tú hablaras mal de Sarah.
—¡¿Y qué demonios tiene que ver Sarah aquí, mamá?! —se quejó molesto—. Por supuesto que no permitiría que nadie hablara mal de mi hermana, pero eso que…
—¡Entonces respeta al suyo, carajo!
—Mierda… —murmuró Arizona casi para sí.
—¡No es lo mismo! —replicó Tyler—. Dannie no es su…
Pero se detuvo en seco, confuso y de repente alerta. Y solo tuvo que mirar el gesto pálido y azorado de Arizona para entender el motivo.
—…joder, ¡sí lo es!
Ahora la vio morderse el labio, delatando su nerviosismo.
—¡No me lo puedo creer! —apretó los puños—. ¡¿Dannie es tu hermano?!