Rivales con derecho a roce Capítulo 30 #2
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Capítulo 30 #2

Por fortuna, Jake acababa de regresar a Londres después de varios días de viaje y, tras unos cuantos ruegos y la curiosa promesa de que cierta actriz a la que se moría de ganas de conocer estaría allí, había accedido a aburrirse con él, aunque se estaba haciendo de rogar y no había llegado.

Tyler se había colocado lo más cerca posible de la escalinata de entrada al salón, lo justo como para controlar quiénes entraban y salían con absoluta claridad.

Necesitaba ser el primero en ver a Arizona, incluso exponiéndose a sufrir cierta vergüenza ajena si ella cumplía su amenaza, algo que no podía descartar del todo, porque aquella mujer no era ni mínimamente previsible.

En ese momento, copa de champán en mano, soportaba con una paciencia digna de premio la interminable perorata de uno de los invitados sobre los peligros, aparentemente gravísimos, de ciertas aleaciones metálicas en la restauración de barandillas históricas.

Al parecer, por el simple hecho de ser arquitecto, aquel debería ser un tema interesantísimo para Tyler, que ya tenía bastante con contener los bostezos.

Asentía de vez en cuando, lo justo para no parecer descortés, mientras fingía, con estudiada indiferencia, no ver las decenas de miradas femeninas que se posaban sobre él desde distintos puntos del concurrido salón.

Algunas eran discretas, otras no tanto…, pero ninguna le interesaba lo más mínimo.

En cambio, sus ojos se desviaban lo justo de aquella escalera, por la que Jake descendía en ese momento.

—Ya creía que te habías rajado —le dijo Tyler en cuanto llegó hasta él.

—¿Y perderme la diversión?

—Sí, claro, porque el marqués es la alegría personificada —ironizó—. Aún no ha subido a la escalera a darnos su corto y chispeante discurso de bienvenida.

—¿Quieres decir que me he retrasado aposta para nada?

—Eso me temo.

Y no iban a tener suerte mucho más tiempo.

Estaban seguros de que en breve Leonard Carrington, el flamante anfitrión, se subiría al tercer escalón de la escalinata de acceso al salón para hablar sin parar durante diez o quince minutos de cosas que no le interesaban ni a su hijo, que justo en aquel momento saludaba a Tyler y Jake con una sonrisa algo exagerada.

—Tu abuela acaba de decirme que tenemos una invitada especial esta noche —comentó Derek Carrington—. ¿Dónde está?

—Espero que se arrepienta y no venga —masculló Tyler de forma ininteligible.

—¿Qué?

—Que aún no ha llegado —aclaró, esforzándose por sonreír.

—Pues me muero de ganas de conocerla —admitió Derek saber más de ella de lo que decía—. Me han dicho que es impresionante y carismática, y ando cansado de bellezas sin fuste alguno.

A Tyler no le gustó nada el comentario y por un segundo deseó que Arizona se presentara disfrazada incluso de monja para que no llamara la atención ni del aparcacoches.

En cualquier caso, sabía que Derek Carrington no era su tipo.

El hombre era guapo, rico y nada menos que conde, algo que impresionaría a cualquier mujer…

, excepto a ella, ¿por qué se preocupaba?

—Bueno, Arizona está algo sobrevalorada, para mi gusto —opinó Tyler, intentando no sonar como el mentiroso que se sentía.

—Nadie lo diría viendo ciertas fotos —sonrió Derek con malicia.

Tyler blasfemó para sí. A Arizona no se la veía bien en aquellas imágenes, pero era demasiado evidente la química entre ellos.

—Tú mejor que nadie deberías distinguir las fotos trucadas —mintió Tyler de nuevo con descaro—, de eso sabes mucho.

El conde lo miró con algo de pesar.

—Creía que ya habíamos enterrado el hacha de guerra.

Y así se suponía que era. Derek había estado prometido con su hermana desde la infancia, por imposición familiar, y entre todos, incluidas las trampas en las que colaboró el propio Derek con un posado de fotos cuestionable, habían estado a punto de arruinar la felicidad de la chica junto a Rob, el único hombre capaz de hacerla suspirar.

Para Tyler, no era nada fácil olvidar aquello, ni siquiera había podido perdonar a su propio padre aún.

—Podrías dejar de mirarlo como si estuvieras a punto de pegarle —le pidió Jake ahora cuando alguien distrajo a Derek.

—Es que no es mi persona favorita —reconoció.

—Creía que habíais limado asperezas —Jake sonrió con algo de malicia—, ¿o es su interés por cierta actriz el que te ha molestado?

—No hagas que me arrepienta ya de rogarte que vinieras.

El abogado rio.

—Si te digo que yo también me muero de ganas de conocerla, ¿también me perdonarás la vida?

Tyler hizo justo aquello y Jake volvió a reír.

—Viene con Will —le recordó el arquitecto en un tono irritado—. Es con él con quien tendrás que pelearte para poder charlar con ella.

—No es Will el que está en esas fotos.

—¡Joder con las fotos! —protestó irritado—. ¡Como pille al puñetero Morgan te juro que voy a golpearlo!

Jake frunció el ceño.

—¿Cómo sabes que ha sido él? —preguntó con curiosidad.

—¡Estaba en el aeropuerto!

Supo que había metido la pata en cuanto pronunció aquella frase y blasfemó para sí mientras Jake reía a carcajadas por el evidente gesto de desespero. Se conocían demasiado bien como para no entenderse incluso sin palabras.

—Vale, no lo digas —exigió Tyler ahora—. Solo quise despistarlo.

—Entiendo.

—Y me pareció que si ocultaba mi rostro…

—Y solo había una forma, claro.

—Pues sí, yo… ¡deja de reírte!

Jake no parecía poder evitarlo.

—No, si te entiendo —siguió diciendo, divertido—. Lo lógico para no darle material a un paparazzi es…

—¡Vete a la mierda!

Y casi escuchó a Arizona decirle algo como ¡ esa boca, Alteza !

—Cualquiera lo habríamos hecho —apostilló Jake con evidente ironía.

Decidió que guardar silencio era mucho más seguro. Que su amigo pensara lo que quisiera. Él ya estaba lo suficiente nervioso, sin poder dejar de mirar hacia las escaleras, aguardando… el desastre, estaba seguro. Así que fue construyéndose una coraza tras la que meterse.

—Esa mujer sería la última en la que pondría mis ojos —aseguró ahora—.

Es deslenguada, imprevisible y no tiene un mínimo de decoro.

Jamás hace ni dice lo que se espera de ella…

y sería capaz de acaparar todas las miradas hasta en un velatorio —añadió en voz baja—. Es una fuente inagotable de problemas.

Jake sonrió.

—Suena divertido.

—Mi padre va a dar su discurso en unos minutos —intervino Derek, regresando de nuevo a su círculo.

—Ya lo estamos deseando —repuso Jake en un tono solemne, y Tyler tuvo que girar la cabeza hacia un lado para esconder una sonrisa.

Derek tampoco era idiota.

—Para vuestra tranquilidad, le he pedido que sea más comedido y breve esta vez —aclaró—. He supervisado el discurso en persona.

—Improvisará, seguro —murmuró Tyler para sí.

—Pasaremos al comedor en cuanto acabe —siguió diciendo Derek—. No creo que… tardemos… ¡Madre mía!

Tyler no necesitó mirar hacia la escalinata para saber que Arizona acababa de hacer su aparición estelar. Bastó con ver cómo las conversaciones se derretían a su alrededor, el murmullo cambiaba de tono y todas las miradas parecían perderse en el mismo punto, sobre la escalinata de acceso.

No necesitaba mirar…, pero lo hizo, casi con miedo de toparse con una Isabella del siglo XIX…

…¡pero nada más lejos de aquello!

En cuanto se permitió clavar sus ojos en ella, quedó cautivado por completo por la imagen. Permaneció quieto, con la copa suspendida a medio camino, como si el gesto hubiera perdido todo sentido. La contempló sin disimulo, sin prisa, casi temiendo parpadear por si resultaba ser solo un espejismo.

Pero no lo era, era real, la mujer más hermosa que había visto jamás, y mucho más a medida que se acercaba.

—Por el amor de Dios —escuchó murmurar a Derek—, es la mujer de mi vida.

Tyler habría protestado… si en aquel momento su mente hubiera podido interiorizar el comentario, pero estaba aún demasiado absorto en la imagen.

No apartó la mirada, no pudo. Y, por primera vez en toda la noche…

dejó de fingir que nada le importaba. Y comenzó a importarle todo a su alrededor: las miradas embobadas de cada hombre de la sala, verla colgada del brazo de Will y sonreírle de aquella manera y el deseo acuciante que se agolpaba en su entrepierna a cada metro que recortaba hacia él.

—Tengo que conseguir una cita antes de que acabe la noche —murmuró Derek casi para sí.

—Pues vas a tener mucha competencia —declaró Jake con una sonrisa.

Tyler añadió las ganas de asesinar gente a la lista de todo lo que le importaba, junto con la preocupación por el repentino sentido de propiedad y territorialidad que bullía en su interior.

Las ganas de acercarse, tomarla en sus brazos y marcarla como suya comenzaban a ser una opción que lo aterraba.

—Al menos nos quitamos de encima al soltero de oro —bromeó Jake, dándole a Tyler una palmadita en la espalda.

Derek no apartó sus ojos de ella para interrogar:

—¿No te gusta, Ty? ¿Cómo es posible?

¿Gustarle? Ojalá fuera tan simple. Tyler habría dado dinero porque solo le gustara. ¡Maldita sea, lo enloquecía de todas las maneras posibles!

Y, como el resto, era incapaz de no mirarla embobado.

Arizona no parecía ser consciente del revuelo que estaba montando.

Avanzaba con paso firme, sin mirar los escalones, como buena diva acostumbrada a ser el centro de atención sin que le afectara.

Su postura era natural, serena, segura. No buscaba aprobación, no la necesitaba.

Era el tipo de presencia que no intentaba destacar y aun así obligaba a todos a mirarla, y estaba más que acostumbrada a causar aquel efecto.

Cuando llegaron al final de las escaleras, Will caminó hacia sus amigos, a quienes había señalado desde arriba, y Tyler tuvo que obligarse a guardar la compostura…

…porque verla de cerca era todavía peor.

El vestido no solo le sentaba bien, parecía haber sido hecho para ella, como si la hubiera entendido antes incluso de tocarla. Moldeaba su figura con una precisión casi indecente, siguiendo cada curva con elegancia, obligando a cualquiera a mirarla dos veces o a no poder dejar de hacerlo…