Capítulo 29 #3
—Quizá si añades la palabra mágica…
—¡Ahora!
Soltando un improperio, Tyler acabó cediendo. Abrió un cajón de la cómoda y le lanzó una camiseta al tiempo que decía:
—No eres lógica.
—Sí, ya sabemos que aquí el equilibrado y cabal eres tú —ironizó mientras se ponía la prenda, que le tapaba lo justo y suficiente como para no enseñarle el culo completo a Frederick si se lo topaba en el pasillo.
Caminó hacia la puerta con premura.
—Joder, ¿podemos hablarlo? —insistió Tyler, irritado—. No ha sido para tanto.
Arizona se giró a mirarlo con la furia escrita en sus ojos.
—¿Te has divertido?
—No, yo solo… quería que te preocuparas un poco —admitió.
Perpleja, Arizona leyó la sinceridad en su rostro, pero aquello no amainó su enfado.
—Ah, usted perdone, que solo querías que me preocupara —sonrió con acidez—. ¿Sabes de quién, por fortuna, sí se preocuparon mientras comía en un restaurante? —le dijo en un tono acerado—: de mi madre, a la que le faltó muy poco para morir de un shock anafiláctico ese día.
Tyler la miró ahora con cierta culpa.
—Lo siento, no lo sabía.
—Si Judd no hubiera estado justo allí para reconocer los síntomas —añadió—, no lo habría contado.
Perplejo, Tyler frunció el ceño.
—¿Y se lo pagas tirándote a su novio?
Arizona respiró hondo antes de hablar.
—¡Vete a la mierda! —replicó por segunda vez aquella mañana, y caminó hasta la puerta con rapidez.
Aunque no podía culparlo por aquel último comentario.
Si todo lo que le había dejado creer sobre Dannie fuera verdad, ella también se sentiría una cabrona.
Pero no podía evitar estar enfadada con él por la jugarreta, entre otras cosas, porque ahora era demasiado consciente de cuánto empezaba a importarle aquel hombre y eso comenzaba a ser un problema.
Abrió la puerta, malhumorada, y se topó en el pasillo con Eloise y Helen, que la miraron con una expresión de asombro.
Se quedó paralizada. No había excusa lo suficiente buena que justificara salir de aquella habitación medio empapada, descalza y con una camiseta de Tyler.
«Blanco y en vasija… leche fija», se burló su yo interno con denigrante diversión.
—Eh…, hola.
¿Qué podía decir que no sonara a mentira? Aunque lo intentó.
—Tyler está mejor —le aclaró a Helen, y miró a Eloise para informar—: ha sufrido un shock anafiláctico con el zumo.
La anciana miró a su nieto, que las observaba con tan solo una toalla atada a la cintura desde la puerta de su alcoba.
—¿Te encuentras bien? —interrogó—. ¿Tu alergia ha empeorado? ¿Ahora ya no puedes beber zumo?
—No, el zumo le sienta perfecto —declaró Arizona malhumorada—, pero su nieto es de un gracioso… Para payaso iba, pero no le dio la nota media.
Tyler se limitó a soltar un bufido de impotencia y Arizona miró a las mujeres, aún algo incómoda.
—Si alguien se pregunta por qué estoy empapada y de esta guisa… —empezó excusándose.
—Nadie se extraña ya de nada contigo —interrumpió Tyler—. Te recuerdo que ayer ibas vestida de tabernera putilla.
—Vale, acabas de ganarte el trofeo a capullo del año —ironizó—. Ya puedes dejar de hacer méritos.
Para sorpresa de todos, Eloise golpeó con fuerza el bastón en el suelo de mármol para asegurarse un alto al fuego. Cuando ambos al fin la miraron en silencio, repuso en un tono sereno:
—Espero que esta noche seáis capaces de comportaros como personas civilizadas —les recordó así la cita para la fiesta.
—Arizona justo me estaba diciendo que no va a poder asistir —inventó Tyler mirándola con una expresión severa.
La actriz sonrió con evidente regocijo ahora.
—No me lo perdería por nada —replicó con malicia—, y me aseguraré de escoger el vestido más feo que encuentre y el que más te avergüence.
Tyler apretó los dientes.
—Tu sola presencia sería suficiente para eso.
Arizona no pudo evitar sentirse ofendida. El complejo de superioridad de aquel tipo resultaba irritante. Lo miró con una expresión de desagrado antes de añadir:
—Y esta es la consecuencia de no poner barandillas en las cunas.
Sin más, le hizo una inclinación de cabeza a las dos mujeres y se alejó hacia su habitación, teniendo mucho cuidado de que la camiseta… no ondeara demasiado.
Tyler se dio cuenta de que la estaba mirando alejarse con total atención cuando su abuela carraspeó:
—Ya sabes que esta noche comenzamos a buscarte esposa —informó—. ¿Quieres que te pase la lista de mujeres que estarán en la reunión o…?
—Sorpréndeme —interrumpió.
—¿Hace falta que te recuerde que Arizona no está en esa lista? —dijo en un tono frío.
Tyler apretó los dientes con fuerza.
—Aunque estuviera, te aseguro que sería el primer nombre que tacharía.
Regresó a su habitación sin añadir nada más.
Las dos mujeres se quedaron paradas en mitad del pasillo, en silencio.
—Pues qué entretenido este serial… —murmuró Eloise al cabo de unos segundos
Helen rio y la anciana insistió:
—Es una pena que te pierdas esa fiesta.
—De verdad que sí, aunque espero no verla en las redes antes de tiempo.
La vizcondesa sonrió con una expresión maliciosa.
—No me divertía tanto… desde que ayudamos a Rob a secuestrar a mi nieta