Capítulo 23
Arizona entró en el despacho tras él antes de arrepentirse.
No podía evitar sentirse acalorada y algo azorada, como si llevara un neón en la frente que anunciara a bombo y platillo todo lo sucedido tras aquella columna.
No era una mujer que se avergonzara con facilidad y se vanagloriaba de llamar a las cosas por su nombre, pero era evidente que aquel hombre lograba desestabilizarla en todos los sentidos.
Él permanecía callado, aguardando a que fuera ella quien diera las explicaciones que creyera pertinentes, pero no sabía por dónde empezar. Arthur la miraba con un brillo de esperanza en los ojos que odiaba tener que apagar.
—Decidlo ya —rogó el hombre—. Si todo esto ha sido solo una broma…
—No es una broma —admitió Arizona sin demora—. Sé que he debido decíroslo antes, os pido disculpas.
—¿Estás embarazada? —la sorpresa de Will era genuina.
Ella asintió.
Arthur se puso en pie con agilidad, sorprendiendo a todos.
De repente parecía disfrutar de más vitalidad y energía que en los últimos meses, como si la noticia hubiera encendido una chispa donde solo quedaban rescoldos.
Irguió la espalda y su mirada ganó brillo y, por primera vez en mucho tiempo, parecía sostenerse más por voluntad que por inercia.
Durante unos segundos la enfermedad dejó de pesarle encima y en su lugar lo que ocupó todo fue una ilusión tan viva que casi resultaba contagiosa.
Arizona lo miró asombrada porque la noticia de su embarazo pudiera influirle tanto.
Dejó que la tomara de las manos mientras los ojos masculinos daban muestras de su emoción.
—Y de verdad ese bebé es de… —murmuró, desviando la mirada hacia Tyler, sin atreverse a terminar la pregunta.
Y Arizona supo que no podía robarle aquella ilusión. Sobre todo… cuando era una verdad inexorable.
—Sí, Arthur —respondió al fin con suavidad—. El bebé es de Tyler.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, cargadas de un peso inesperado. No se atrevió a mirar al chico. Para él, aquello no era más que una mentira útil, un recurso para animar a Arthur, pero en su pecho sonaba distinto.
El hombre cerró los ojos un segundo, visiblemente emocionado, y cuando volvió a abrirlos, estaban empañados de lágrimas.
—Entonces vosotros…
—No —cortó Arizona con firmeza, casi demasiado rápido—. No hay un nosotros . Fue solo un desliz. No tenemos una relación.
Necesitaba dejarlo claro y protegerse, aunque la palabra desliz le supiera amarga incluso a ella. No estaba dispuesta a tener que fingir delante de nadie que estaba loca por aquel odioso.
«¿Fingir? ¡Ja, qué risa!». Suspiró. Allí estaba la neurona tocapelotas, no la había echado nada de menos.
—Quiero decir que no tenemos una relación —aseguró para dejarlo claro.
Arthur la escuchó, pero nada de eso pareció importarle demasiado. Su sonrisa no se apagó, al contrario, se volvió más serena, más luminosa.
—Eso ahora mismo es lo de menos —susurró.
Se giró hacia Tyler y, tras unos segundos que parecieron cargar de significado todo lo que no se decía, dio ese par de pasos que los separaban y lo abrazó. Un abrazo firme, profundo, de esos que nacen de algo mucho más grande que las palabras.
Tyler se quedó inmóvil al principio. Luego respondió, y en ese gesto hubo algo que hizo que el ambiente entero cambiara.
—Necesito conocer a ese niño —añadió Arthur al separarse, con la voz quebrada pero decidida.
Guardó silencio unos segundos, como si por primera vez en mucho tiempo estuviera valorando de verdad su futuro.
Y entonces respiró hondo.
—Voy a llamar al doctor Sanders —anunció con una determinación que nadie había visto en meses—. Quiero empezar mi tratamiento cuanto antes.
El impacto fue inmediato.
El aire pareció quedarse suspendido en el despacho mientras todos se miraban entre sí, conteniendo la emoción, incapaces de creer lo que acababan de escuchar.
—Papá, ¿lo dices en serio? —Will apenas se atrevía a izar la voz por si la ilusión se desvanecía.
El hombre asintió con convencimiento.
—Muy en serio —esbozó una sonrisa ahora risueña—. ¡Si la vida nos ha concedido tal milagro, haré todo lo que esté en mi mano para intentar presenciarlo!
Will abrazó a su padre con fuerza.
Arizona estaba perpleja frente a la felicidad de Arthur e impresionada por el giro de acontecimientos. Se sentía muy rara y un tanto preocupada. ¿Qué pasaría si ella decidía…? ¡No, no iba a pensar en aquello en ese momento! Que el hombre accediera a tratarse era una gran noticia.
—¡Un bebé! —exclamó Arthur mirando a Tyler unos segundos después—. Caramba, ¡quién iba a decir que todo un arquitecto acabaría empezando la casa de su vida por el tejado! —suspiró feliz.
—Lo importante es haber puesto el primer ladrillo, ¿no? —Rio Tyler, para quien era evidente también la emoción.
—Ahora debes trabajar en los cimientos —miró a Arizona con una sonrisa—, y esa eres tú.
—No, qué va —aseguró la chica y posó sus ojos en Tyler—. Si me otorgas ese papel…, lo entierro en cemento y me construyo un huerto encima.
Arthur soltó una carcajada divertida.
—¿Qué demonios le has hecho a esta mujer? —le preguntó al chico.
—¿Aparte de un bebé, dices? —interrogó Tyler frunciendo un divertido ceño.
Arizona emitió un bufido junto con una mirada asesina que hizo reír a todos, aunque en el fondo, de alguna manera, aquella conversación le estaba resultando incluso agradable.
«Genial, estoy perdiendo el juicio por completo».
—Necesito hablar con Sanders —repuso Arthur, sacando el teléfono con manos que ya no parecían tan frágiles, como si de pronto el tiempo hubiera dejado de ser un enemigo abstracto para convertirse en algo urgente, tangible, que no estaba dispuesto a perder.
Nadie lo detuvo.
Lo vieron encaminarse hacia la puerta con una determinación que no le habían visto en meses, y cuando salió al pasillo, cerrando tras de sí con suavidad, el silencio que dejó fue distinto, denso, cargado.
Durante un segundo nadie se movió.
Como si todos necesitaran confirmar que aquello acababa de suceder de verdad.
Fue Will el primero en reaccionar. Se giró hacia Tyler con los ojos brillantes, incrédulos, y en el siguiente instante dio el paso que los separaba y lo rodeó en un abrazo fuerte, casi violento, cargado de una emoción que ya no intentaba contener.
—Joder —murmuró, apretándolo con más fuerza—, ¿ya te he dicho que te quiero, hermano postizo?
Tyler se quedó rígido apenas una fracción de segundo y luego cedió a sus propias emociones.
Cerró los ojos y le devolvió el abrazo, dejando que toda la tensión acumulada se le escapara en ese gesto, en ese instante en el que, por primera vez desde que había abierto la boca, todo el peso de lo que había hecho caía sobre él.
—No puedo creer que esto esté pasando —suspiró Will tras soltarlo.
—Lo de Arthur o lo de… —miró a Arizona.
—¡Ambos! —admitió.
—Pues no te emociones todavía —aclaró—, que no vas a ser tío.
Will frunció el ceño, confuso, y los miró en silencio durante unos largos segundos.
—Sí, Arizona está embarazada —añadió Tyler antes de que preguntara—, pero no es mío.
La chica quería gritar de pura desesperación. ¡Todo aquello era un lío tremendo! Joder, si seguía así, tendría que terminar tomando apuntes para recordar qué sabía o creía saber cada uno.
Se imaginó aquella libreta…
Will: cree que el bebé no es de Tyler.
Arthur: sabe que el bebé es de Tyler, pero todos los demás piensan que lo están engañando.
Helen: tiene claro cómo se concibió el bebé, pero ni idea de con quién. La abuela del año…
Dannie: sabe que el embarazo fue en Santa Carla, pero como se entere de quién es el padre… igual le arranca la cabeza.
Tyler: piensa que su hijo es fruto de un incesto con su hermano… ¡que manda narices! ¡Ya hay que ser gilipollas! Pero ni loca pensaba sacarlo de su error.
Arizona cerró los ojos un segundo, llevándose la mano a la frente.
—De verdad —murmuró para sí—, esto no hay por dónde cogerlo.
Para colmo, Tyler aprovechó justo aquel momento para acercarse y regalarle la primera sonrisa sincera desde que se conocían.
—Gracias —concedió para acompañar el gesto y terminar de desestabilizarla—. Sé que nada de esto tiene que ser fácil para ti, te agradezco de corazón lo que estás haciendo.
Ella tragó saliva y estuvo en un tris de confesárselo todo sin pararse siquiera a respirar. Para evitarlo, miró hacia otro lado y se topó con los ojos de Will, que le agradeció también de forma sincera.
—¿Puedo preguntar quién es el padre del bebé? —indagó el director con cierta curiosidad.
«¡Joder, ¿es que no me puedo relajar ni un segundo?», se lamentó la chica.
¿Qué narices contestaba a aquello? Una cosa era no desmentir las absurdas suposiciones de Tyler y otra muy distinta… poner en palabras que estaba embarazada de su hermano. ¡Aquello estaba fuera de toda cuestión!
—No lo conoces —fue todo lo que dijo—. Y quiero aprovechar para dejar claro que mi embarazo no va a afectar al estreno. Estoy bien y ni siquiera se me notará aún para entonces.
—Eso es lo de menos ahora.
—Para mí no —aclaró con firmeza—. Estoy aquí para interpretar a Isabella, no para tomarme un descanso.
—Lo entiendo —asintió Will con calma—, pero recuerda que Isabella está embarazada en el segundo acto. Si decidieras quedarte un poco más y empezara a notarse, podríamos jugar con eso. Disimularlo en el primero y dejar que en el segundo forme parte de la historia.
Arizona había ido palideciendo mientras Will hablaba.
No, ni siquiera se atrevía a pensar en aquella posibilidad.
Sonaba demasiado bien… ¡Mierda, joder! Tuvo que parpadear con fuerza para retener las lágrimas, obligándose a contener la emoción que le subía a la garganta sin permiso.
Durante un segundo, solo uno, había sido capaz de imaginar sin problema un futuro como aquel, encajándolo de una forma tan natural que le aceleró el pulso.
Una vida que no había planeado pero que, por algún motivo, no le resultó ajena.
Y eso… eso fue lo que de verdad la descolocó.
—¿Te encuentras bien? —se alarmó Tyler sujetándola de los brazos por miedo a que cayera.
Arizona parpadeó. Durante el segundo de locura, él había formado parte de la idílica imagen.
—No… me toques —se zafó de sus brazos con un movimiento brusco.
¡Aquello era absurdo y no podía permitirse ni pensarlo!
—Arizona… —la miraba confuso.
—Estoy bien —aseguró con rigidez, pero no lo estaba.
Por suerte, Arthur regresó en aquel momento al despacho cargado con la comida china recién llegada y una noticia alentadora.
—El próximo lunes comienzo con mi tratamiento…