Rivales con derecho a roce Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—Ari nada —se quejó por el evidente tono de regaño—. Fue una cosa puntual, Dannie. Estoy convencida de que agradece no saberlo.

La crítica de su hermano hablaba a gritos de lo que opinaba él al respecto. Aun así, por si quedaban dudas, lo puso en palabras.

—Un hombre siempre tiene derecho a saber que va a ser padre, Ari.

—Ok, se lo diré si decido tenerlo —se comprometió—. Mientras tanto, mi cuerpo, mi decisión.

—¿Y su opinión no cuenta?

—No.

—Joder, Ari —se quejó Dannie—, me molesta mucho esa actitud.

La chica suspiró con cierto hastío.

—Y a mí que no se pusiera un puto condón, pero…

—¡¿Perdona?! —interrumpió, ahora muy irritado.

«Mierda, aquello se le había escapado».

—¿Y tú qué hacías mientras, Arizona? —la amonestó—. ¿En qué coño estabas pensando?

—No pensaba —admitió—. Y si la siguiente pregunta es si me he hecho pruebas de ETS…, sí, antes de salir de Santa Carla.

—¿Santa Carla?

«Joder, otro fallo».

—¿Él es de aquí?

—Oye, si esto es un tercer grado ponme una luz iluminándome el rostro, al menos —se quejó molesta.

Aquella mirada de nuevo.

—Joder, vale —se rindió—. Sí, nos conocimos ahí, fue solo un rato, estoy sana, por fortuna, sé que fui una inconsciente y ya me he fustigado por ello. Cuando decida qué hacer con las consecuencias, te aviso. Fin del reporte. —Se cruzó de brazos—. ¿Algo más o puedo regresar a mis ensayos?

—¿Y en esos ensayos tienes que usar patines, subirte en un toro mecánico o hacer el pino puente desde algún palco, Ari? —ironizó su hermano ahora.

—Pues no se me había ocurrido —replicó, parándose a pensarlo—. Quizá podría funcionar una liana para la escena de la acrobacia.

—Joder, Arizona, cuando te pones así, me dan ganas de zarandearte.

—Suerte la distancia, entonces.

Dannie bufó exasperado. Arizona acabó calmándose. No quería preocupar a su hermano de más, ya de por sí sabía que la distancia era dura.

—Tendré cuidado, Dannie —aseguró ahora en un tono comprensivo—. No haré nada que ponga la vida de mi bebé en peligro hasta que decida qué hacer.

El asintió, muy serio, con la preocupación aún en su rostro.

—Quiero que me escribas todos los días —pidió— y que me hagas una llamada al menos cada dos.

—Sí, cansino.

Cuando colgaron, Dannie miró a Judd con una expresión que hablaba por sí sola. Tanto que ella fue la primera en decir:

—Es una mujer adulta, Dannie, sabrá cuidarse.

—Hay diez mil putos kilómetros hasta Londres, Judd.

La chica sonrió a medias.

—Dale algo de tiempo antes de tomar un avión, ¿sí? —Lo conocía demasiado bien, y por pequeñas cosas como aquella lo amaba tanto.

— No haré nada que ponga la vida de mi bebé en peligro hasta que decida qué hacer —repitió Dannie las palabras de su hermana—. Mi bebé, Judd, ha podido decir mi embarazo, mi estado, mi salud, pero ha dicho mi bebé.

Judd entendía a qué se refería.

—Sí, también me he dado cuenta —admitió.

Dannie soltó aire muy despacio mientras Judd se acomodaba en su regazo.

—Arizona es una mujer fuerte, lo sé —opinó el chico— y siempre ha tenido claro que no quería una familia convencional, matrimonio, hijos…

—Vive de otra manera, eso no es malo.

—Jamás ha tenido una relación larga, nunca la he visto enamorarse ni sufrir por un chico —contó casi en susurros—. Ella… no permite a nadie traspasar la coraza que lleva puesta.

Aquello sorprendió a Judd.

—¿Por qué?

Dannie tragó saliva.

—Porque jamás superó ver a mi madre rota cuando mi padre murió —explicó con pesar—. De hecho, se fue de casa con apenas dieciocho años para no tener que verlo.

Para la chica aquello estaba siendo sorprendente. Su cuñada parecía siempre tan pletórica de felicidad…

—La conozco bien —siguió diciendo Dannie—. El que no se permita enamorarse no quiere decir que no sea una persona con una sensibilidad especial —opinó—. Su capacidad de empatía es enorme, por eso es tan buena en su trabajo —movió la cabeza con preocupación—, pero también es su talón de Aquiles.

Soltó aire y Judd le acarició el rostro con la yema de los dedos.

—¿Qué te preocupa exactamente, Dannie?

—Todo —reconoció—. Pero lo que más me quita el sueño en este momento… es su embarazo —admitió—. Judd, la conozco, si toma la decisión de deshacerse del bebé, no sé si podrá superarlo jamás.

Judd le besó los labios con ternura y lo miró a los ojos.

—Como sea, Dannie, tendrá que aprender a vivir con ello —le recordó.

—Sí, lo sé.

—No fuerces su decisión —rogó—, en ningún sentido. Debe tomarla sola.

Dannie también sabía aquello. Suspiró y se perdió en los ojos de Judd, a la que sentía que amaba más cada vez que la miraba.

—Oye, belleza —murmuró con el corazón acelerado, estrechando el abrazo—, hablando de bebés…

Judd sonrió con picardía.

—Déjame adivinar, ¿quieres seguir practicando para que nos salgan perfectos?

Dannie la miró con intensidad. Parecía algo nervioso.

—Creo… que ya le hemos pillado el truco.

De repente, con el corazón a mil, Judd se mordió los labios.

—Dices que quieres…

—Sí, si tú también lo deseas.

No fue necesario pronunciar una sola palabra más.

Ojalá ese tipo de decisiones siempre se tomaran con el corazón en la mano.