Rivales con derecho a roce Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—De verdad, tío, dejad de procrear con gente que comparte vuestros mismos apellidos.

—Dannie… —rogó ahora Arizona.

—Pero ¿le estás oyendo? —insistió su hermano.

Tyler tenía toda la intención de replicar cuando Judd se unió a Dannie frente al ordenador.

—¿Todo bien? —tanteó la chica con extrañeza.

—¡Pues no! —resopló Dannie.

Tyler se quedó en silencio y miró a Arizona con evidente incomodidad.

Que Judd se incorporara a la conversación parecía haberlo desconcertado del todo y solo ella tenía muy claro el motivo.

La actriz no sabía si reír o llorar en ese momento.

No podría esconder sus mentiras mucho más si continuaban con aquel enfrentamiento.

—¿Qué pasa, Ari? —interrogó su cuñada con extrañeza, y miró la pantalla con algo de asombro—. ¿Tyler? ¿Qué haces ahí?

—No quieres saberlo —repuso el arquitecto apretando los dientes, y soltó un bufido de hastío—. Y yo tampoco. No sé qué carajos hago metiéndome en lo que no me llaman

Clavó en Arizona una mirada asesina, caminó hasta la puerta y se largó del despacho sin más.

Arizona fue tras él solo para asegurarse de encajar la puerta y echar el pestillo.

—No entiendo nada —murmuraba Judd ahora.

—¡Pues anda que yo! —se quejó Dannie—. ¡Ese tío es hijo de primos hermanos! —declaró con irritación—. ¡Le faltan hervores al gilipollas!

Arizona sonrió a medias y preguntó con curiosidad:

—¿Por qué le tienes tanta manía?

—Intentó ligarse a mi novia —aclaró.

—¿Qué?

—No es cierto —se quejó Judd entre risas—. Ya sabes que Eloise quiso emparejarnos y solo hicimos el paripé.

—¿Y con Jennifer? —le recordó Dannie ahora.

Judd suspiró divertida.

—Sí, bueno, quizá James sí tenga motivos.

—Entonces yo me solidarizo con mi amigo —afirmó en sus trece.

Arizona se mordió la lengua, diciéndose que a ella no le importaba nada aquella conversación, que no debía preguntar.

—¿Qué pasó con Jennifer?

«Mierda, mi lengua va sola».

—Nada de nada —aseguró Judd.

—Porque ella no quiso —puntualizó Dannie—, pero ese tipo la persiguió durante meses.

Aquello fue como un puñetazo en el estómago para Arizona, pero no dijo nada.

—Pero en ese momento Jennifer era madre soltera —le recordó Judd—, James y ella estaban separados.

—¿Y? —frunció el ceño.

Judd rio.

—¿Cómo que y? ¿No tiene sentido que odies a Tyler por eso?

—¿Ahora necesito excusas para odiar a alguien? Me cae mal y punto.

—Pero realmente estaba loco por Jennifer —le recordó—. Se portó bien con ella.

Arizona hacía unos largos segundos que había desconectado. ¿Tyler había perseguido a Jennifer… teniendo una hija? ¿Qué decía aquello del mujeriego alérgico al compromiso?

Cuando quiso darse cuenta, debía de llevar un rato en la inopia, a juzgar por lo primero que oyó cuando volvió a tierra firme .

—Igual son las hormonas —decía Dannie ahora.

—Todas las embarazadas serían sordas —opinó Judd.

—Entonces es Londres —suspiró el chico—. Quizá deberíamos ir a por ella y traerla de regreso.

—Tanto fish and chips no puede ser sano —bromeó Judd, que odiaba el pescado en todas sus variedades.

Arizona acabó riendo al recordar ahora cierta cena en la que tuvo que fingir ser la novia italiana de su hermano mientras Judd se peleaba con una lubina gigante y la mataba a ella con la mirada.

—¿Y ahora por qué sonríe? —murmuró Dannie.

—Esto sí son las hormonas —dijo Arizona al fin—. No me había dado cuenta de que ahora puedo justificarlo todo echándoles la culpa.

Judd y Dannie guardaron silencio y Arizona acabó poniéndose seria también.

—¿Cómo te encuentras? —se interesó Dannie ahora, en un tono preocupado.

Arizona se encogió de hombros.

—Aún no tengo síntomas —aseguró—, al menos no muy marcados.

—Ari…

—No me presiones, Dannie —rogó abatida—. Necesito tiempo para pensarlo bien, por eso no os dije nada —confesó—. Y por favor, no quiero que mamá se entere aún.

El chico apretó los dientes.

—¿Hasta cuándo?

—Hasta que tome una decisión —contó—. No puedo ilusionarla si luego…

No completó la frase, pero no era necesario.

—Sabes que ser madre no entraba en mis planes, Dannie —le recordó ahora en un susurro—. Por favor, no te encariñes con la idea de ser tío.

Casi se le saltaron las lágrimas y volvió a echar la culpa a las hormonas.

—Ari… —por el titubeo, supo cuál sería la siguiente pregunta—, ¿qué hay del padre?

—¿El padre? —esbozó una sonrisa tensa—, ¿no tengo pinta de ser la virgen María? Me ofendes.

—A ver, ya que te llevas el berrinche —bromeó Judd—, mejor disfrutar también la parte divertida.

—No es la primera vez que escucho eso —sonrió.

Dannie las miró a ambas y torció el gesto.

—Hay formas de disfrutar de esa parte sin sorpresas —opinó con cierto grado de irritación en la voz—. ¿Qué pasó?

—No puedes preguntarle algo así, Dannie —suspiró Judd.

—¿Por qué? Si es a él a quien tengo que matar…

—Eran dos en el asunto.

—A ver si somos capaces de enterarnos al menos del apodo.

—Pues sería cariño o mi amor.

Dannie miró a su chica con una expresión que le arrancó una carcajada.

—Vaya, qué pena…, creo que empieza a haber interferencias —se quejó Arizona.

—El padre, Ari —insistió Dannie.

—¿Qué?

— Puf , qué paciencia para ser tan temprano —protestó el chico—. Si no vas a decirnos quién es, al menos dinos qué opina.

La chica tragó saliva.

—No opina.

—¿Cómo que no opina?

—Hasta que decida qué hacer, él no tiene nada que decir.

Dannie frunció el ceño. Incluso a través de la pantalla, Arizona pudo sentir su mirada escrutadora, esa que siempre provocaba que ella sintiera una necesidad imperiosa de decirle la verdad.

—No lo sabe —confesó antes incluso de que su hermano preguntara.

—Ari…