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Psiquiatra a cargo: Dr. Paul MillerNombre: Brisa JonesSexo: FemeninoEdad: 24 añosLugar y fecha de nacimiento: Italia, 29 de noviembre de 2001
Síntomas presentes
* Grandiosidad.* Insensibilidad y dureza afectiva.* Indiferencia ante los sentimientos y sufrimiento de terceros.* Conductas de engaño recurrente.* Hostilidad.* Irresponsabilidad.* Manipulación interpersonal.* Ausencia aparente de culpa o remordimiento.
Diagnósticos
* Trastorno narcisista de la personalidad.* Trastorno antisocial de la personalidad (psicopatía).
Perfil psicológico
Paciente con rasgos psicopáticos evidentes. Presenta una inteligencia superior al promedio, elevada capacidad de adaptación social, carisma, facilidad para establecer vínculos superficiales y una notable habilidad para la manipulación emocional.
En su mayoría, mantiene una estabilidad emocional poco común para su historial. Presenta un alto control sobre sus respuestas afectivas y capacidad para mantener conductas calculadas incluso bajo situaciones de estrés extremo.
Características de Brisa Jones como perfil psicopático
Antagonismo:
* Engañosa.* Manipuladora.* Insensible.* Explotadora.* Arrogante.
Extraversión:
* Atractiva.* Persuasiva.* Segura de sí misma.* Dominante en situaciones sociales.
Alta conciencia:
* Hábil.* Competente.* Reflexiva.* Organizada.* Meticulosa.
Bajo neuroticismo:
* Elevada resistencia emocional.* Valentía ante situaciones peligrosas.* Capacidad para actuar bajo presión sin respuestas de ansiedad evidentes.
Motivo de ingreso / antecedentes criminales
* Asesinato de Liar Koch.* Asesinato de Valeria Thomson.* Asesinato de Merina Jones.
Observación final del psiquiatra
"Brisa Jones presenta una combinación poco frecuente de inteligencia, autocontrol y ausencia de empatía emocional. Su mayor peligro no reside únicamente en su capacidad para ejercer violencia, sino en su habilidad para comprender a las personas y utilizar ese conocimiento a su favor."
Sonreí, cerrando la carpeta y dejándola a mi lado.
Carolina me observó durante unos segundos en silencio. No era una mirada de miedo. Era análisis. Como si estuviera intentando encontrar una grieta en mí, un error, una pequeña señal de humanidad que pudiera usar en mi contra.
Pobre ilusa.
—Tú no amas a mi hermano —dijo finalmente—. No puedes amar a nadie.
Incliné un poco la cabeza, divertida.
—¿Y él sí? —pregunté—. ¿Se te olvida que compartimos un diagnóstico?
Carolina apretó la mandíbula.
—Lo usas... igual que hiciste con Liar. Tomaste lo que querías de él y después lo eliminaste.
Liar y tú se casaron. Legalmente eran esposos y, según tengo entendido, no existía ningún acuerdo prenupcial.
Tú sabías perfectamente lo que estabas haciendo desde el principio.
Sabías que cuando él muriera, toda su fortuna pasaría a tus manos.
Me reí suavemente.
—Y ahora lo tengo. Es justo después de todo lo que me hizo pasar.
—¿Lo que te hizo pasar? —dijo Carolina después de unos segundos de silencio—. Sabías quién era Liar, pero lo querías por el simple hecho de que tu hermana lo quería más. Querías quitárselo y verla sufrir. ¿Me vas a decir que no sabías a lo que te enfrentabas? ¿Una relación llena de malos tratos?
Entrecerré los ojos.
—¿Qué estás insinuando exactamente? —Solté una pequeña risa sin humor—: Porque tengo la ligera sospecha de que estás diciendo que yo quería que Liar actuara así conmigo. Que yo quería que me golpeara, humillara, violara.
Ella apretó los labios.
—No...
Sentí cómo algo dentro de mí se tensaba. Por primera vez sentí rabia.
—Puedes creer lo que quieras respecto a por qué me interesó Liar, puedes creer incluso que yo me lo busqué, no me importa.
—Hice una pausa y clavé mis ojos en ella—: Pero no voy a permitir que digas que yo consentí todo lo que me hizo.
Yo sí sufrí. Sí me dolió. Creo que incluso todavía me quedaba un ápice de buena persona, pero él acabó con eso. Él me destruyó.
La palabra salió más fría de lo que esperaba.
Carolina frunció el ceño.
—Brisa...
—No confundas una cosa con la otra, Carolina. Que yo sea capaz de destruir a alguien no significa que merezca que alguien intente destruirme a mí.
Ella bajó la mirada por un segundo, pero no retrocedió.
—No estoy diciendo que lo merecieras.
—Oh, claro que es lo que estás diciendo.
—Estoy diciendo que tú no eres una víctima inocente.
Sonreí de lado.
—Nunca dije que lo fuera.
Eso pareció sorprenderla. Se quedó callada y yo finalmente perdí la paciencia.
—Ahora escúchame bien —susurré, bajando la voz—. Deja de meterte en mis asuntos. Porque si sigues provocándome, si sigues intentando destruir todo lo que construí, voy a dejar de ser paciente contigo. —Me incliné un poco hacia ella—: Y de verdad, Carolina, no quieres conocer esa versión de mí.
Ella sostuvo mi mirada.
—No me...
—Me estás provocando constantemente y parece que todavía no entiendes algo. —Hice una pausa—: La única razón por la que sigues viva tiene nombre y apellido: Ritter Meyer. Soy el monstruo que quieras, pero no cuando de él se trata.