RITTER 29 #2
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29 #2

Ritter reaccionó un instante antes del impacto. Giró el cuerpo. El filo pasó rozándole el brazo. Yo también hice el esfuerzo de levantarme. Todo me daba vueltas. Pero no podía quedarme mirando.

Ritter retrocedió un paso y volvió a levantar el arma. Esta vez no había advertencias. No había provocaciones. Solo un cañón apuntando directamente entre los ojos de Harper.

Ella entendió inmediatamente lo que significaba. El cuchillo cayó de su mano. Cerró los ojos. Esperó el disparo.

Pero él no le disparó. Ritter se giró hacia mí, me dio una mirada significativa a la que respondí con una pequeña sonrisa, y luego me tendió el arma. Me dolía todo el cuerpo, cada respiración era un suplicio, pero las ganas de acabar con Harper eran mucho más fuertes que cualquier herida.

Ritter volvió a mirarla.

—Yo no te mataré —le dijo Ritter a Harper—. Ella se encargará de ti. Igual que como lo hizo con Merina. ¿De verdad, Harper, pensaste que yo no sabía que la primera persona a la que Brisa asesinó no fue a Liar?

Y, después de eso, salió del lugar y nos dejó solas.

—Tenías razón —murmuré mientras caminaba despacio hacia ella—. La Brisa buena no murió cuando maté a Liar. Para entonces ya no quedaba casi nada de ella. —Me detuve frente a ella—. La verdadera Brisa murió mucho antes. La noche en que Merina murió.

Harper negó con la cabeza, horrorizada.

—No eres una buena persona.

Solté una risa baja.

—Me gustaría poder llevarte la contraria. —Bajé la vista hacia la pistola entre mis manos antes de volver a mirarla—. ¿Sabes qué es lo peor? Que al principio ni siquiera quería matarla. Estábamos discutiendo. Ella me provocó, yo perdí el control y la empujé. Solo eso. Un empujón.

Tragué saliva.

—Cayó al lago. El agua estaba helada. Recuerdo verla desesperarse, intentar salir, llamarme por mi nombre... —Mi voz salió extrañamente tranquila—. Y durante unos segundos pensé en ayudarla. Pero luego... la miré luchar por su vida y algo dentro de mí... disfrutó verlo.

Harper retrocedió.

—No hice nada. Me quedé ahí. Vi cómo dejaba de pelear. Vi cómo se hundía. Y cuando todo terminó... no sentí culpa. Sentí paz. Mucha paz.

Harper palideció.

—Eres un monstruo...

Asentí lentamente.

—Esa noche nació uno. Después volvió a esconderse durante un tiempo... hasta que finalmente me cansé de Liar y lo maté.

—Brisa... somos hermanas...

Levanté el arma y la apunté al pecho.

—Ya no pienso esconder el monstruo que soy nunca más —sonreí—. Todavía nos falta un último juego, hermana.

Le señalé la puerta abierta con el cañón de la pistola.

—Ponte de pie.

Le costó obedecer. Su pierna herida casi no podía sostenerla. Aun así, lo hizo. Nuestras piernas temblaban por igual.

—Te odio —escupió entre dientes—. Nunca había odiado tanto a alguien.

Mi sonrisa se ensanchó.

—Perfecto. El odio hace correr más rápido —incliné la cabeza—. El juego es sencillo: tú corres... y yo te cazo. Y si te alcanzo... morirás.

Harper ni siquiera lo dudó. Arrastrando la pierna herida comenzó a correr por el pasillo.

Yo sonreí.

Salí detrás de ella sin ninguna prisa, con la pistola en una mano y el cuchillo en la otra. No necesitaba alcanzarla enseguida. Necesitaba que sintiera miedo. Quería que sintiera mucho miedo antes de morir.

—¿Sabes qué es lo más gracioso? —pregunté alzando un poco la voz para que pudiera escucharme—. Que puedo imaginarme perfectamente esta misma escena... pero conmigo en tu lugar.

Harper siguió advancing sin responder.

—Yo corriendo. Tú detrás de mí.

Solté una risa.

—Estoy segura de que disfrutarías muchísimo haciéndome creer que todavía tengo posibilidades de escapar.

Continué caminando.

—Empezarías a llamarme... —Bajé la voz hasta convertirla en un susurro—. Breeze...

Harper se estremeció. Aceleró el paso como pudo, cojeando. Respiraba con dificultad. La sangre que dejaba tras de sí marcaba el camino como un rastro imposible de perder.

—Breeeze... —volví a cantar, divertida—. No puedes esconderte de mí.

Ella ya llevaba varios minutos huyendo. Estaba agotada. Su respiración era errática y sus piernas apenas la sostenían. De pronto se detuvo. Frente a ella solo había dos puertas metálicas. Tiró desesperadamente de una. Cerrada.

Probó la otra. También. Negó con la cabeza una y otra vez mientras comenzaba a llorar. Entonces me acerqué despacio, dejando que el sonido de mis pasos rebotara por todo el pasillo.

—Te encontré...

Sus hombros se tensaron. Giró lentamente la cabeza. Yo seguía sonriendo. Solté una carcajada alta cuando terminé mi falsa historia.

Harper seguía intentando escapar. Negué con la cabeza.

—Qué decepción... —murmuré con una sonrisa—. Esperaba un poco más de ti.

Aceleré el paso. Ella también lo hizo, aunque ya era demasiado tarde. Estiré la mano, la sujeté con fuerza del cabello y tiré de ella hacia atrás.

Su cuerpo cayó pesadamente contra el suelo. El golpe resonó por todo el pasillo.

—¡Déjame! —gritó intentando arrastrarse.

Me agaché a su lado con una calma que incluso a mí me daba miedo.

—Te lo advertí. Te dije que no dejaras que te encontrara. Y aquí estás —sonreí—. Ahora tendré que matarte.

Harper no respondió; tomándome con la guardia baja, sacó un cuchillo oculto entre los pliegues de su vestido y lo lanzó directo hacia mi cuello. Me aparté por puro instinto. La hoja silbó a escasos centímetros de mi piel.

Antes de que pudiera incorporarse, sujeté con fuerza su pierna herida y tiré de ella. Harper soltó un alarido desgarrador mientras volvía a caer al suelo. El cuchillo salió disparado varios metros, perdiéndose en la oscuridad del pasillo.

Me dejé caer encima de ella, inmovilizándola. Las dos respirábamos con dificultad. La sangre de ambas terminaba mezclándose sobre el suelo.

Harper me observó unos segundos y, para mi sorpresa, sonrió.

—Me parece increíble... —dijo entre jadeos—. Has perdido más sangre que yo... y sigues de pie.

Le devolví la sonrisa.

—Te sorprendería todo lo que soy capaz de soportar. —Me incliné hasta quedar a escasos centímetros de su rostro—. Sobre todo cuando tengo un motivo para seguir respirando.