28 #3
—¿Ya te dije lo sexy que me pareció toda esa... tensión entre nosotros? —inquirió sobre mis labios—. Mi fantasía favorita cumplida.
—Qué idiotas son todos. —Sonreí—. Fuimos tan obvios en algunas ocasiones.
Dejé que me tocara y gemí contra su boca.
Ella sonrió, satisfecha.
—Quiero que me folles, amor. Quiero que, por favor, me folles como solo tú sabes hacerlo.
—No pretendo ser suave ni gentil contigo. Estoy cabreado y quiero desquitarme con ese coño.
—Lo sé —susurró todavía subiendo y bajando la mano alrededor de mi polla—. Desquítate todo lo que quieras.
Ella apoyó su cabeza en mi pecho y yo dejé un beso sobre su cabello.
—Joder, amor, cuánto te extrañé.
—Estoy aquí ahora, amor. Eres el único lugar al que volvería millones de veces.
Ella se alejó y sonrió. Y entonces, por un segundo, solo la miré. El cabello le caía a ambos lados de la cara, sus ojos brillaban por la lujuria, tenía los labios entreabiertos. Era mi chica. Mi mujer. La había echado tanto de menos.
Dejé de respirar cuando sacó la mano de entre mis pantalones y, sin dejar de mirarme y sonreírme, se arrodilló. Sin dejar de verme, se deshizo de mi pantalón de pijama y liberó mi polla, que estaba dura y lista para ella.
Y entonces, sin dejar de mirarme, se la llevó hasta la boca, lamió la punta un segundo y luego se la metió tan profundo que se me escapó un gruñido de placer.
—Joder. Joder —gruñí extasiado.
Ella lamió, saboreó, y se ayudó de sus manos. Una la utilizó en mi polla y la otra para sostenerse de mi cintura. Inconscientemente mi mano cayó sobre su cabello, lo envolví en una coleta y marqué mi propio ritmo follándole la boca como un puto animal y como sabía que le encantaba.
Duro.
No podía apartar la mirada de su boca entrando cada vez más lejos, tanto que se ahogaba, pero no se detenía. Ni siquiera le cabía completa en la boca, pero no parecía un impedimento para ella. Y eso me volvía completamente loco.
Me encantaba el sonido que hacía, cómo ponía los ojos en blanco y gemía.
—En cuatro sobre la cama —le ordené.
Brisa se sacó mi polla de la boca, tragó grueso y se subió encima de la cama justo como le había ordenado.
Joder, qué buena era...
Cuando me subí en la cama detrás de ella, le subí el vestido de dormir hasta la cintura y, sin importarme demasiado, rompí sus bragas antes de enterrarme en su interior de golpe.
Brisa soltó un gemido que llenó toda la habitación.
Mi polla se deslizó en su interior con una facilidad increíble por lo mojada que estaba.
Ella enterró la cabeza en la almohada cuando la tomé de la cintura y comencé a entrar y a salir de su interior sin compasión. Sentí una de sus manos sobre la mía, guiándola hasta su cabello. Sonreí cuando entendí lo que quería: que la tomara del cabello mientras me la follaba duro.
Y eso hice.
—Esto querías, ¿no? —inquirí entre dientes, tenso, cada partícula de mi cuerpo reaccionando a cómo ella también se movía en círculos.
Brisa jadeó con fuerza y se giró para mirarme.
—Ritter... —gimió.
—Eres mía, joder. Eres malditamente mía —gruñí—. Y yo soy tuyo. Todo tuyo.
La tomé de la cintura y la giré en la cama, saliéndome de su interior; Brisa cayó sobre su espalda. Su sonrisa maliciosa se ensanchó y abrió las piernas para mí.
—Siéntate en mi cara.
—¿En tu cara?
—En mi cara. Quiero que me montes y me dejes comerte ese coño hasta que me quede sin aliento.
Sin dejar de mirarme, lo hizo. Sonreí contra su intimidad húmeda.
Estaba tan mojada que goteaba. Acerqué mi boca hasta sus pliegues y, sin una pizca de dulzura, lamí haciendo que ella se contrajera y gimiera.
Brisa se sostuvo de la pared frente a la cama y se movía, mucho.
La sostuve por la cintura —manteniéndola quieta— sin dejar de succionar.
No me pasó desapercibido el hecho de que sus rodillas estuvieran temblando.
—Ritter —gimió.
Introduje dos de mis dedos en su interior sin dejar de lamer; Brisa se retorció gimiendo con fuerza. Se le escapó un gemido bastante alto y se llevó una de sus manos tratando de callarlo.
—No, joder —le dije apartándome un segundo para poder hablar—. No me importa si te escucha todo el puto psiquiátrico. Grita para mí, Brisa.
Su cuerpo completo tembló cuando moví mis dedos dentro de ella; se retorció de placer gritando mi nombre, el orgasmo apoderándose de su cuerpo.
Me alejé de ella sonriendo y pasando mis dedos por mis labios.
Brisa abrió los ojos, me miró y se deslizó hacia abajo para quedar a horcajadas sobre mi polla. La miré embobado mientras ella misma acomodaba mi polla en su entrada y luego se dejaba caer de golpe. Ambos gemimos. Cerré los ojos mientras se movía, gimiendo y soltando respiraciones hondas.
Soltó un grito cargado de deseo cuando impulsé mi pelvis hacia arriba con fuerza. La sostuve por las caderas y ella me sonrió con malicia mientras se seguía moviendo.
Mi cuerpo completo se tensó cuando ella se inclinó hacia mí y comenzó a moverse en círculos. Sin dejar de mirarme. Con una lentitud tortuosa que tensó todo mi cuerpo. Se acercó tanto que su boca rozó la mía.
Y entonces, finalmente me besó.
Joder, de verdad estaba muy jodido.