RITTER 27 #3
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27 #3

Forcejeó de inmediato contra quienes lo retenían. Su expresión cambió por completo. Jamás lo había visto mirar a alguien con tanta furia.

Harper, mientras tanto, sonreía.

—Ritter Meyer... qué placer conocerte al fin. —Inclinó ligeramente la cabeza—. Lamento que tenga que ser en estas circunstancias.

Se acercó a él con pasos lentos, contoneando las caderas, disfrutando cada segundo. Se detuvo justo frente a Ritter y, antes de mirarlo, volvió la vista hacia mí.

—Joder... qué bueno está. Te entiendo completamente, hermanita —suspiró—. A mí también me encantan los chicos malos.

Sin pedir permiso, se puso de puntillas y dejó un beso fugaz sobre sus labios.

Ritter ni siquiera pestañeó.

Solo tensó la mandíbula.

—¿Qué se siente descubrir que alguien puede arrebatarte lo que es tuyo, hermanita? —preguntó Harper sin apartar los ojos de mí.

Ritter giró lentamente la cabeza hacia ella. Su expresión era de un frío absoluto. No había rabia descontrolada ni desesperación. Solo esa calma aterradora que precedía a una tormenta.

La observó durante unos largos segundos. No había sorpresa en su rostro por el parecido entre nosotras. Solo había odio en sus ojos. Como si estuviera memorizando su rostro. Como si ya hubiese decidido exactamente cómo iba a morir.

—Te voy a arrancar la lengua si vuelves a acercarla a mi boca —gruñó con una voz tan baja que erizó mi piel.

Después volvió a buscarme con la mirada. Y fue entonces cuando lo vi.

El leve temblor en su respiración. La tensión en sus hombros. La forma en que sus manos intentaban cerrarse en puños pese a que casi no podía moverlas.

Estaba conteniéndose porque me estaba viendo a mí. Podía ver la sangre deslizándose por mis brazos, por mi pecho, por mi muñeca. Veía las marcas que Harper había dejado sobre mi piel.

Harper también lo notó. Su sonrisa se ensanchó. Rodeó lentamente a Ritter hasta quedar detrás de él y se inclinó sobre su oído.

—He escuchado que nunca te arrodillas ante nadie. Que nadie ha conseguido doblegarte jamás. —Su voz era un susurro venenoso—. Pero supongo que era porque nadie había descubierto dónde estaba tu verdadero punto débil. O quizá pensaron que no tenías uno. Pero sí lo tienes, ¿verdad?

Los ojos de Ritter no se apartaban de los míos. Ni un solo segundo.

—Insisto... —murmuró Ritter con una calma inquietante—. Te arrancaré la lengua... y después dejaré que ella te mate como la perra que eres.

Por primera vez desde que todo había empezado... la sonrisa de Harper vaciló un instante.

—¿No lo harás tú? Oh, la quieres tanto que...

—¡Cállate! —escupió él, furioso.

Harper abrió los ojos fingiendo sorpresa.

—¿Qué pasa, Ritter? ¿No quieres que revele ese secretito que ustedes guardan con tanto esmero?

—¿Qué mierda quieres? —gruñó en respuesta Ritter.

Ella sonrió como si hubiera estado esperando aquella pregunta desde el principio. Salió de detrás de él y caminó despacio hasta detenerse a mi lado. Sin apartar la vista de Ritter, apoyó el cañón de una pistola contra mi sien.

El metal helado rozó mi piel.

Cerré los ojos un instante.

—Quiero conseguir lo que nadie ha logrado antes —dijo con una calma aterradora—. Quiero verte arrodillado. Quiero verte suplicar. Quiero comprobar hasta dónde puede llegar ese amor enfermizo que sientes... y que siempre has sentido por Brisa Jones.

Nadie habló. Los dos hombres soltaron a Ritter, aunque las armas seguían apuntándole directamente a la cabeza.

Él volvió a buscar mis ojos. Yo ni siquiera podía sostenerle la mirada. Sentía la sangre resbalando por mi piel, el peso insoportable sobre mis brazos y el cuerpo estremeciéndose por los espasmos que todavía dejaban los electrochoques.

No podía hacer nada. Solo seguir consciente.

—El tiempo corre, precioso. —Harper amartilló lentamente el arma contra mi cabeza—. Tienes exactamente cinco segundos antes de que le vuele los sesos delante de ti.

Sonrió.

—¿Qué pasa? ¿Ya no te importa? ¿O tantos años separados terminaron pasándoles factura? —Se llevó una mano a la boca fingiendo sorpresa—. Ay... Olvidé que ustedes dos llevan años mintiéndole a todo el mundo.

—Hija de puta —murmuré como pude.

Sus ojos brillaban de emoción.

—Qué historia tan bonita. Fingieron conocerse aquí, en este lugar. Dejaron que todos creyeran que eran dos completos desconocidos cuando, en realidad... —Miró primero a Ritter. Después a mí—... ustedes se conocían desde mucho antes.

Mi cuerpo entero se tensó. Ritter apretó los labios y entonces lo hizo. Sin apartar la mirada de Harper. Sin una sola muestra de duda. Ritter dobló lentamente las rodillas y se arrodilló.

El silencio que inundó la habitación fue absoluto. Hasta los hombres que lo apuntaban parecieron quedarse inmóviles. Por primera vez en toda su vida... Ritter Meyer se arrodillaba ante alguien.

Y lo hacía por mí. Harper sonrió satisfecha. Había ganado. O al menos eso creyó porque Ritter nunca bajó la cabeza. Nunca la miró con miedo. Nunca suplicó.

Alzó el rostro y habló con una serenidad que heló la habitación.

—He luchado contra mis propios demonios para mantenerla a salvo, así que tócala y descubrirás por qué incluso el mismo diablo evita ponerse en mi camino cuando de ella se trata.