RITTER 22 #3
55%

22 #3

—Yo... yo siempre hablaba con Paul Miller. Él era quien me daba las instrucciones. Decía que solo transmitía lo que ella quería.

Por primera vez, Navaja intervino.

—¿Paul? ¿El psiquiatra de Brisa?

El hombre asintió con rapidez.

Fruncí el ceño. Aquello no tenía ningún sentido.

—¿Qué demonios tiene que ver Miller con todo esto? —pregunté.

—No lo sé —respondió de inmediato—. Se los juro. A mí solo me pagaban por seguir a Brisa Jones... observarla... asustarla cuando hiciera falta. Eso era todo. Nunca me contaban nada más.

La habitación volvió a quedarse en silencio.

Rayner fue el primero en romperlo.

—¿Qué quiere ella de Brisa?

El hombre dudó. Solo un segundo. Pero Carolina lo vio. Siempre veía esas cosas.

—Paul... dijo algo sobre una venganza. Una deuda pendiente. Ella quiere acabar con Brisa. —Respiró hondo—. No sé por qué. Se los juro. Eso es todo lo que sé.

Carolina no dijo nada. Continuó observándolo.

Uno.

Dos.

Tres segundos.

Después sonrió. Una sonrisa pequeña. Satisfecha.

—No.

El hombre levantó la vista de golpe.

—¿Qué?

—Todavía estás ocultando algo.

Él abrió mucho los ojos.

—No...

—Sí.

Carolina inclinó la cabeza, estudiándolo como si fuera un libro abierto.

—Cada vez que mientes miras hacia la izquierda antes de responder. Lo has hecho cuatro veces desde que entré en esta habitación. —El hombre palideció—. También aprietas la mandíbula cuando decides qué información puedes darnos y cuál no.

Nadie habló. Ni siquiera Rayner.

Carolina apoyó una mano sobre el respaldo de la silla y volvió a sonreír.

—Así que vamos a intentarlo otra vez. —Su voz era casi un susurro—. ¿Qué es lo que todavía no nos has contado?

—Paul habló de un secuestro. —El hombre cerró los ojos con fuerza—. Piensan asesinarla.

El silencio cayó sobre la habitación. Nadie respiró.

—¿Cuándo? —preguntó Carolina, sujetándole el rostro entre los dedos.

—Hoy.

—Siguen sin encontrarla —anunció Rayner sin apartar la vista del celular—. Como ya dije: la última vez que la vieron fue entrando al consultorio de Paul Miller. Nunca salió.

La mandíbula se me endureció.

—¿Estás seguro? —preguntó Carolina.

Navaja asintió una sola vez.

—Revisé las cámaras del pasillo. Entró. No volvió a salir.

Navaja dejó escapar un suspiro.

—Entonces vamos tarde.

Clavé la mirada en el hombre. Él también lo entendió. Ya nos había dicho todo lo que sabía. Su utilidad había terminado.

—Por favor... ya les conté todo —balbuceó, temblando.

Di un paso hacia él.

—Si Brisa muere... —Hice una pausa—. Espero que exista un infierno. Porque te aseguro que ella no será la primera persona a la que verás cuando llegues.

El silencio volvió a envolver la habitación. Navaja desvió la mirada. Rayner no dijo nada. Carolina permaneció inmóvil. Ninguno intentó detenerme.

—Quiero divertirme mucho contigo. Ahora no tengo tiempo para hacerlo como me gustaría —murmuré, inclinándome hacia él—. Pero te prometo que volveré.

Me incorporé y miré a mis hermanos.

—Nos movemos. Ahora.

Carolina fue la primera en caminar hacia la puerta.

—Es hora de salvarle el trasero a Brisa Jones.

Apreté la mandíbula y salimos de la habitación a paso rápido. Recorrimos unos metros cuando una voz conocida nos obligó a detenernos.

—Pensé que tardarían menos.

Levanté la vista. Hansel estaba apoyado contra la pared con el uniforme del psiquiátrico, las manos en los bolsillos y esa expresión de absoluto aburrimiento que parecía permanente en él.

Rayner frunció el ceño.

—¿Sabes dónde está Brisa?

Hansel desvió la mirada hacia mí.

—Se podría decir.

Mi cuerpo se tensó.

—Habla —le ordené, no estaba para sus juegos mentales.

—Como ya saben, Brisa no salió nunca del consultorio. Pero ella no está ahí y Paul Miller mucho menos. Salió hace rato por los túneles de servicio. Ella iba desmayada.

—¿Qué quieres a cambio de ayudarnos? —preguntó Navaja.

Hansel sonrió e iba a responder, pero unos pasos apresurados resonaron por el pasillo.

Todos giramos la cabeza. Joe apareció corriendo. Su respiración estaba agitada y, cuando vio a Hansel, sus ojos se humedecieron.

—Hansel...

Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Joe se lanzó a abrazarlo con fuerza, rodeándole el cuello con ambos brazos. Hansel soltó un suspiro resignado, pero terminó correspondiéndole el abrazo, acariciándole despacio la espalda.

Fruncí el ceño ante lo extraño que me pareció verlo devolverle el gesto.

—Tranquila, hermanita.

Joe escondió el rostro contra su pecho.

—Pensé que te había pasado algo.

—Sigo siendo difícil de matar.

Ella dejó escapar una risa entrecortada. Permanecieron así unos segundos, como si el resto del mundo hubiese desaparecido.

Fue Carolina quien rompió el silencio.

—¿Cuántas personas más deberíamos esperar que aparezcan?

Hansel levantó la vista. Joe se separó de él y nos miró.

—Brisa es nuestra hermana, protegemos a nuestra familia e iremos con ustedes. Les guste o no. Toda la vida nos quitaron personas importantes. No voy a permitir que también nos quiten a Brisa.

—Estamos interesados en encontrarla también —murmuró Navaja.

—Si queremos llegar a tiempo, —Se apartó de la pared y comenzó a caminar— será mejor que me sigan.