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Expedientes, un beso y algo más

Unas horas más tarde

Nunca le devolví la tarjeta para abrir la oficina del Rector a Ritter y él nunca me la pidió.

Quizá solo asumió que la tiraría y que no la usaría para nada más.

Error. Esa noche, mientras daba vueltas en la cama, lo recordé.

Así que, frente a mí quedaron dos opciones: quedarme pensando en el beso con Ritter o investigar.

Suspiré hondo y miré a mi alrededor con precaución. Quisiera, de verdad, poder omitir la parte en la que Ritter Meyer me besó y yo dejé que lo hiciera. ¿Si Navaja no entraba qué más iba a pasar?

Me saqué ese pensamiento de la cabeza. Solo fue un momento de vulnerabilidad. Nada más.

Así que, decidida a no pensar demasiado en eso, tenía un mejor plan. No terminaba de comprender la unión repentina de los hermanos Meyer y Navaja, así que iniciaría por investigar eso. Además, este último me dijo que los hermanos estaban internos por una misma razón. ¿Cuál era? Yo quería saber.

En aquel momento estaba entrando a la oficina del Rector. La última vez que estuve allí me fijé en un archivador metálico colocado en una de las esquinas. Estaba cerrado con candado y, para mí, todo lo que llevaba candado automáticamente se volvía interesante. O sospechoso.

Por suerte, unas horas antes había escuchado a dos guardias cuchicheando cerca de la recepción. Comentaban que las cámaras de seguridad de aquel piso estarían en mantenimiento durante toda la madrugada porque, y cito textualmente: «Todos los malditos internos defectuosos estarán dormidos».

Idiotas. Claramente no conocían a los internos «defectuosos».

Yo era la prueba viviente de eso. A las cuatro de la mañana estaba metiéndome donde claramente no debía.

Cerré la puerta detrás de mí con muchísimo cuidado y, el clic resonó en la oficina, solté el aire que llevaba contenido desde que había entrado al edificio administrativo.

Miré alrededor rápidamente antes de caminar directo hacia el archivador. El candado seguía ahí. Brillante. Intacto. Esperándome.

Sonreí.

Porque además de ser buena husmeando, también era bastante buena entrando en lugares prohibidos y abriendo cosas que no me pertenecían.

Me quité la horquilla que le había robado a mi nueva compañera de dormitorio mientras dormía y me agaché frente al candado.

Moví la muñeca con precisión.

Un clic.

Y luego otro.

Menos de un minuto después, el candado cedió.

—Genial... —murmuré.

Abrí el archivador rápidamente y comencé a revisar las carpetas del edificio B. Había demasiadas. Nombres. Apellidos. Diagnósticos. Fotografías. Medicaciones. Algunas carpetas tenían sellos rojos. Otras estaban marcadas con símbolos que no entendía.

Fui pasando archivos deprisa, guiándome por los apellidos.

Meyer.

Navaja no aparecía por ningún lado, lo que probablemente significaba que ese ni siquiera era su verdadero apellido.

Encontré a los hermanos Meyer segundos después.

Hospital Psiquiátrico Santuario

Historia clínica psiquiátrica

Ficha de identificación:

Nombre: Rayner MeyerSexo: MasculinoEdad: 25 añosLugar y fecha de nacimiento: Alemania, 6 de junio de 2000.

Síntomas que presenta el paciente:Ausencia parcial de empatía, impulsividad agresiva, desapego emocional, conductas posesivas y dificultad para establecer vínculos afectivos sanos.

Diagnóstico:Trastorno de la Personalidad Antisocial (TPA).Sociópata de alto funcionamiento.

Motivo de internamiento:Culpable del asesinato de sus padres adoptivos junto a sus hermanos: Ritter Meyer, Loyd Meyer y Carolina Meyer.

Detuve lo que estaba leyendo. ¿Loyd Meyer? ¿El cuarto hermano del que nadie sabia? ¿Donde estaba?

Solté todo el aire de golpe y volví a leer:

ANEXO:

Carrera universitaria elegida: Medicina Forense.

Detuve lo que estaba leyendo. ¿Loyd Meyer? ¿El cuarto hermano del que nadie sabía? ¿Dónde estaba?

Solté todo el aire de golpe, encontré recortes de periódicos alemanes hablando sobre el caso Meyer. Todos parecían describirlos como monstruos.

Pasé la página lentamente y encontré recortes de periódicos alemanes hablando sobre el caso Meyer. Todos parecían describirlos como monstruos.

«Los hermanos Meyer asesinan a sus padres».

«Jóvenes peligrosos».

«Violencia familiar extrema».

Fruncí el ceño mientras seguía leyendo. Todo eran teorías. Suposiciones. Reconstrucciones policiales.

No había una confesión. No había pruebas claras. Solo los encontraron dentro de la casa. Cubiertos de sangre, y eso había sido suficiente. Mi mirada bajó hasta otra anotación escrita en el expediente.

«Los pacientes presentan una obsesiva necesidad de protegerse mutuamente. La separación prolongada entre ellos desencadena episodios violentos.»

Eso sí me lo creía. Muchísimo.

Seguí pasando hojas hasta que una línea escrita casi al final llamó mi atención.

«Existe sospecha de abuso físico y psicológico severo dentro del núcleo familiar adoptivo.»

Sentí algo extraño en el pecho al leerlo. Porque Ritter jamás parecía una víctima. Rayner tampoco y Carolina muchísimo menos. Ellos actuaban como depredadores. Como personas que habían nacido rotas.

Pero quizá no nacieron así.

Quizá alguien los convirtió en eso.

Cerré la carpeta de Rayner y seguí buscando. Encontré la de Carolina.

Hospital Psiquiátrico Santuario

Historia clínica psiquiátrica

Ficha de identificación:Nombre: Carolina MeyerSexo: FemeninoEdad: 24 añosLugar y fecha de nacimiento: Alemania, 01 de diciembre de 2001.

Síntomas que presenta la paciente:Ausencia parcial de empatía, encanto superficial elevado, impulsividad emocional, comportamiento manipulador y desapego afectivo.

Diagnóstico:Trastorno de la Personalidad Antisocial (TPA).

Motivo de internamiento:Culpable del asesinato de sus padres adoptivos junto a sus hermanos: Ritter Meyer, Loyd Meyer y Rayner Meyer.

ANEXO:Carrera universitaria elegida: Psiquiatría.

Pasé la página lentamente y encontré evaluaciones hechas por distintos especialistas.

«La paciente presenta una alta capacidad de adaptación social.»

«Demuestra una inteligencia emocional superior al promedio.»

«Es considerablemente menos violenta que sus hermanos, aunque más manipuladora.»

Pasé la página lentamente y encontré evaluaciones hechas por distintos especialistas.

«La paciente presenta una alta capacidad de adaptación social.»

«Demuestra una inteligencia emocional superior al promedio.»

«Es considerablemente menos violenta que sus hermanos, aunque más manipuladora.»

Mis ojos se detuvieron en esa última línea. Eso tenía demasiado sentido. Carolina jamás levantaba la voz. Nunca parecía perder el control. Incluso cuando estaba molesta seguía sonriendo de esa forma elegante y tranquila que hacía parecer que absolutamente nada podía afectarla.

Continué leyendo.

«La paciente muestra conductas protectoras hacia los hermanos Meyer. Especialmente hacia Ritter.»

Fruncí el ceño. Eso también encajaba. Carolina siempre estaba cerca cuando Ritter parecía perder el control. Como si fuera la única capaz de detenerlo antes de que explotara.

Cerré el expediente y continué. Finalmente encontré el de Ritter.

Hospital Psiquiátrico Santuario.

Historia clínica psiquiátrica

Ficha de identificación:Nombre: Ritter MeyerSexo: MasculinoEdad: 26 añosLugar y fecha de nacimiento: Alemania, 15 de enero de 1999.

Síntomas que presenta el paciente:Egocentrismo marcado, ausencia de empatía, encanto superficial, comportamiento manipulador, necesidad excesiva de control y tendencias violentas reprimidas.

Diagnóstico:Trastorno de la Personalidad Antisocial (TPA).Psicopatía de alto funcionamiento.

Motivo de internamiento:Culpable del asesinato de sus padres adoptivos junto a sus hermanos: Loyd Meyer, Rayner Meyer y Carolina Meyer.

ANEXO:Carrera universitaria elegida: Criminología.

Pasé la página lentamente.

Había fotografías. Una casa enorme cubierta por luces policiales. Sangre. Demasiada sangre.

Y luego él. Muchísimo más joven. Quizá de veinte años. Estaba sentado en las escaleras de la entrada con una camisa blanca salpicada de rojo. Tenía las manos esposadas.

Mis ojos bajaron hasta el informe psicológico adjunto.

«El paciente demuestra una capacidad alarmante para manipular emocionalmente a terceros. Alto nivel intelectual. Conducta violenta selectiva. Carece de culpa genuina.»

Tragué saliva.

Más abajo encontré una anotación añadida años después.

«El paciente niega constantemente la autoría del crimen familiar. Refiere recordar "otra persona" dentro de la residencia la noche del asesinato.»

Mi respiración se detuvo un segundo.

Otra persona.

Volví rápidamente a las carpetas anteriores. Rayner, Carolina. Y entonces lo vi. La misma anotación en ambos expedientes.

«El paciente insiste en que había alguien más en la residencia.»

Mis ojos subieron y se detuvieron en la pequeña foto pegada en una esquina del expediente. Ritter se veía más joven, como en la foto que estaba esposado. Su cabello era más largo y mucho más rebelde. No había tatuajes en su cuerpo.

Intenté buscar la del cuarto hermano Meyer, pero justo cuando comencé a guardar las carpetas, una voz hizo que me pusiera alerta.

—¿Encontraste lo que buscabas?

Giré la cabeza muy lentamente solo para encontrarme con Ritter. Estaba apoyado en la puerta, con los brazos cruzados, igual que sus piernas, y una sonrisa plantada en los labios.

Maldita sea.

No tenía idea de cuánto tiempo llevaba ahí observándome.

El uniforme oscuro del psiquiátrico le quedaba ridículamente bien.

Sus brazos tatuados tensaban ligeramente las mangas y el azul hacía contraste con su piel bronceada y sus ojos claros.

Todo en él desentonaba con aquel lugar. Ritter no parecía un interno.

Parecía alguien que pertenecía muchísimo más al caos que a una institución intentando controlarlo.

No podía dejar de mirarlo, y él parecía no poder dejar de mirarme a mí.

—¿Qué haces aquí? —pregunté intentando sonar firme.

—¿Qué haces tú aquí? —contraatacó, sonriendo un poco.