RITTER 16 #2
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16 #2

A regañadientes, y luego de darme una mirada de disculpa, Navaja salió y me dejó sola con Ritter. Se cruzó de brazos frente a mí. Yo rodé los ojos. No me sentía en condiciones para lidiar con Ritter y todo lo que provocaba en mi cuerpo.

Él ladeó la cabeza, curioso, y yo tragué grueso. Se veía increíble. ¿Cómo alguien podía verse tan guapo encerrado en un psiquiátrico?

—¿Qué quieres, Ritter? —pregunté.

Se quedó callado unos segundos. Solo mirándome. Después caminó hacia mí y me tomó de la mano para levantarme de la cama.

El gesto fue tan inesperado que mi cuerpo entero se tensó.

—No sé qué te pasa, pero que no te dieras cuenta que alguien te seguía no es normal en ti —susurró, como si hubiera más personas a nuestro alrededor—. Así que quiero que no vuelvas a bajar la guardia. ¿Estamos de acuerdo?

—Ritter...

—¿Estamos de acuerdo o no, Brisa?

—Estamos de acuerdo —Suspiré, rendida.

Nos quedamos en silencio por un instante. Uno incómodo. Pesado.

Ritter dio un paso hacia mí lentamente, y esta vez no retrocedí. Me quedé ahí, sosteniéndole la mirada aun cuando sentía algo extraño revolviéndose dentro de mi pecho.

—¿Por qué...? —murmuró de pronto.

Fruncí un poco el ceño.

—¿Por qué qué?

Él tenía los ojos clavados en los míos. Intensos. Demasiado intensos. Su mandíbula estaba tensa y el cuerpo rígido, como si estuviera conteniéndose de algo. Ritter jamás parecía dudar de sí mismo, jamás parecía perder el control.

Pero en aquel momento... sí.

Y parecía odiarlo.

—Quiero saber por qué no puedo sacarme de la cabeza cómo te veías con ese vestido —admitió finalmente.

Mi respiración se trabó un segundo. Joder. Pensé que no íbamos a hablar de esa noche nunca. No de lo sucedido con Amaya, no, de eso no. De lo que pasó antes. De cuando me dijo que era preciosa. Cuando bailamos. Cuando nuestros cuerpos se rozaron. De su mirada. De mi cuerpo reaccionando a ella...

—No creo que este sea el momento...

Ritter soltó un suspiro cansado, frustrado. Después alzó una mano y me apartó el cabello del rostro lentamente, acomodándolo detrás de mis orejas.

El roce de sus dedos me estremeció entera. Ojalá pudiera decir que no me afectó. Que no quise acortar la distancia entre nosotros. Que mi cuerpo no seguía reaccionando a él de una forma extraña.

—No logro dejar de pensar en ti —continuó en voz baja—. Todo el tiempo estás aquí —Y llevó dos dedos a su sien—. Me estás volviendo completamente loco, Brisa.

No supe qué responder porque Ritter no sonaba burlón. No estaba jugando.

—Ritter...

—No —me interrumpió de inmediato, negando con la cabeza—.

Ni siquiera sé qué mierda me pasa contigo.

Tú me desesperas. Me sacas de quicio. Siempre estás metiéndote en problemas, siempre dices algo incorrecto en el peor momento posible y aun así...

—Se quedó callado un segundo. Sus ojos descendieron hasta mis labios—.

Y aun así no puedo mantenerme lejos de ti.

Me enferma la idea de que alguien te toque.

Me enferma la idea de que alguien te haga daño.

Sentí el corazón golpearme fuerte contra las costillas.

Ritter volvió a acercarse un poco más. Lo suficiente para que pudiera sentir su respiración rozando mi piel.

—No es el momento —repetí.

Él soltó una risa seca, cansada.

—Ninguno parece serlo y yo... —Sus dedos seguían perdidos entre mi cabello. Sentía su respiración chocando contra mis labios y todo mi cuerpo reaccionaba de una forma absurda—. Estoy jodido, ¿no?

—¿De verdad, después de todo, crees que puedes tenerme?

La comisura de su boca se curvó lentamente en una sonrisa ladeada. Oscura.

—Creo que tú puedes tenerme a mí.

Mi respiración se volvió irregular.

—No quiero tenerte —mentí.

—Yo creo que sí quieres. Y mucho.

—¿En serio? —pregunté en un susurro bajo, íntimo.

No sabía qué demonios estaba pasando entre nosotros. Solo sabía que no quería apartarme. Y él tampoco parecía querer hacerlo.

De hecho, Ritter volvió a acercarse todavía más.

—¿Por qué me estás mirando así? —murmuré.

Sus labios rozaron los míos un segundo. Solo un roce. Pero fue suficiente para hacer que mi boca se entreabriera involuntariamente. Sentía la cabeza ligera. Como si estuviera drogada. Como si todo aquello fuera una terrible idea y aun así no pudiera detenerme.

—Porque me estoy muriendo por besarte, te lo juro. Me estás volviendo loco, Brisa.

—No quiero que me beses —volví a mentir.

Ritter me sostuvo la mirada durante un segundo eterno. Como si estuviera intentando decidir algo. Después soltó una risa baja, incrédula, y negó con la cabeza.

—A la mierda —gruñó.

Y, entonces, deteniendo mi mundo completo, me besó.

Sin cuidado, sin paciencia.

Sus labios chocaron contra los míos con hambre contenida, como si llevara demasiado tiempo deseándolo. Una de sus manos se hundió en mi cabello mientras la otra rodeaba mi cintura y me pegaba a su cuerpo.

Ojalá pudiera decir que lo aparté, que lo golpeé, que no le respondí el beso. Pero no fue así. Al contrario, solté un jadeo ahogado contra su boca y Ritter aprovechó eso para profundizar el beso.

Todo en él era intenso. La forma en la que me sostenía. La forma en la que me besaba. La forma en la que parecía perder completamente el control conmigo. Y lo peor era que yo también lo estaba perdiendo.

Mis manos terminaron aferrándose a su camisa casi por instinto mientras él seguía besándome como si quisiera borrar cada pensamiento de mi cabeza.

Como si quisiera consumirlos todos.

Ritter soltó un gruñido bajo cuando respondí el beso y me empujó suavemente contra la pared más cercana.

—Mientes fatal —murmuró contra mis labios.

Ritter seguía sosteniéndome de la cintura, y yo todavía tenía las manos aferradas a su camisa mientras nuestras respiraciones chocaban entre sí.

Sus ojos descendieron hasta mis labios una vez más.

Y justo cuando volvió a inclinarse hacia mí, la puerta se abrió de golpe.

Nos apartamos tan rápido que casi pareció sospechoso.

Mi espalda chocó contra la pared mientras Ritter daba un paso atrás y se pasaba una mano por el cabello con evidente fastidio.

—¿Qué mier...? —La voz de Navaja murió a medias cuando nos vio.

Sus ojos pasaron de Ritter a mí lentamente. Después arqueó una ceja.

—Oh.

Sentí el calor subir hasta mis mejillas mientras intentaba recuperar la respiración y aparentar que no acababan de besarme contra una pared. Ritter soltó un suspiro pesado.

—¿Qué quieres? —preguntó de mala gana.

Navaja seguía mirándonos raro. Muy raro.

—Carolina te está buscando —respondió finalmente—. Dice que encontraron algo sobre el chico que seguía a Brisa.

El rostro de Ritter cambió de inmediato. Asintió una sola vez. Antes de salir, me dio una última mirada. Una peligrosa. Una que me revolvió el estómago entero.

—Seguimos hablando de la investigación luego —murmuró.

Y después salió de la habitación junto a Navaja. Yo me quedé quieta, completamente quieta, mirando la puerta cerrarse frente a mí mientras mis labios seguían ardiendo por culpa de Ritter Meyer.

Joder...

¿Qué mierda había sido todo eso?