10 #2
Eso pareció divertirle. Rodé los ojos, saqué el USB y lo dejé caer en su mano. Lo atrapó sin esfuerzo, sin apartar la mirada de mí.
—Admito que te subestimé —admitió entonces—. Pensé que no lo lograrías. Considérame sorprendido.
—Genial, estoy demasiado feliz de haberte sorprendido —solté con ironía—. ¿Ya me puedo ir a hundirme en mi maldita miseria?
—Pensé que querrías ver qué hay en el USB —murmuró como si nada—. Pero...
Se separó del árbol y comenzó a caminar en dirección a los dormitorios. Mis sentidos se activaron. Joder. Yo sí quería saber qué había en el USB...
No me lo pensé mucho y lo seguí. Cuando nos metimos en el ascensor y subimos hasta donde estaban las habitaciones de los chicos, lo supe.
Mi cuerpo entero se tensó y me quedé en el umbral de la puerta como estúpida cuando él la abrió y entró.
Su habitación. Sola. No era una habitación compartida con nadie.
—¿Vas a quedarte ahí? —me preguntó desde adentro. Lo vi rebuscar entre sus cosas y supuse que estaba buscando el computador.
Yo, en cambio, parecía una estatua. Miré de nuevo el interior de su habitación y sentí algo raro.
Yo no quería estar en un espacio cerrado con Ritter.
Antes, mi psiquiatra siempre me decía que debía evitar a toda costa situaciones que me comprometieran o me hicieran caer. ¿Debía evitar esta situación?
De repente, haciéndome consciente de la lucha interna que tenía en mi mente, me hice dos preguntas. ¿Qué era más fuerte, el rechazo o la curiosidad?
En ese momento, en el umbral de su puerta, tomé una decisión. Yo podía controlarme, pero tenía que... sustituir esa curiosidad que sentía por él por...
Alguien más...
—No quiero que te me acerques más de lo necesario ni que insinúes nada extraño.
Ritter detuvo su búsqueda y me miró.
—¿En serio piensas que yo te obligaría a hacer algo que no deseas? —inquirió, y abrí la boca para decirle que sí, pero él continuó—: ¿Por qué pedazo de mierda me tomas?
Fue suficiente para hacerme dar un paso, dudosa. Él avanzó hasta donde estaba, me rodeó y, haciéndome brincar del susto, cerró la puerta detrás de nosotros. Me tensé cuando sentí su cuerpo muy cerca del mío.
—Ritter —le advertí.
—¿Qué te da más miedo, Brisa, que pueda obligarte a hacer algo que no quieras o que pueda incitarte a hacer algo que deseas con todas tus fuerzas?
—No deseo nada.
—¿Ah, no?
—No. No me interesas en lo absoluto.
—Repítelo de nuevo hasta que te lo creas. —Sonrió con malicia—. Sé lo que haces para mantener esos pensamientos a raya, Brisa.
Me enfurecí.
—¿Y qué es lo que hago, según tú?
—Imaginas que soy igual de enfermo que ese exnovio tuyo. —Todo mi cuerpo se congeló—. Y créeme, soy muy malo, peor que él, pero no obligaría nunca a una mujer a hacer algo que no quiera. ¿Te queda claro?
—¿Cómo sabes de...?
—¿De Liar? —me preguntó, y yo me pasmé más—. Pensé que había quedado claro que yo, Ritter Meyer, lo sé todo.
Luego, como si nada, volvió hacia donde estaba, recogió el computador y se sentó sobre su cama. Me temblaba todo el cuerpo cuando me acerqué. Si él sabía de Liar, también sabía... que yo lo había matado y...
No supe cuánto tiempo pasó, solo volví a reaccionar cuando escuché su voz. Lo miré. Se veía... normal.
—Aquí veo algo importante.
Él me tendió el computador y con las manos temblorosas lo tomé. Había un archivo abierto. Lo leí: Hansel Moreau.
«Nombre del paciente: Hansel Moreau.Diagnóstico: trastorno de la personalidad, psicópata.Edad: 25 años.Estado: alto riesgo.Lugar: Edificio B, ANEXO.Situación: atado por mostrarse violento.
Reporte:
En el último mes no ha mostrado una actitud agresiva.
En las terapias conversacionales se ha mostrado socialmente irresponsable.
En una prueba donde se planteó un caso hipotético se mostró sin remordimiento o empatía.
No habla con nadie. Tampoco responde ante ataques verbales.
Sigue atado; aún no se le considera confiable.
La semana pasada, el rector en persona lo visitó. Dos días después, Hansel Moreau desapareció durante seis horas.
Cuando regresó, tenía sangre bajo las uñas. No era suya.
Ninguna cámara registró cómo salió del edificio B. Ningún guardia reportó movimiento extraño. Como si el hospital entero hubiese decidido cerrar los ojos para él.
Desde entonces, tres pacientes aseguran haberlo visto caminando por los pasillos durante la madrugada, aunque oficialmente permanece encerrado en el ANEXO.
Uno de ellos apareció muerto esa misma noche.
Hansel no ha querido explicar qué ocurrió. Solo sonríe cuando se le pregunta por ello.
Observación adicional:El rector prohibió continuar interrogándolo. También ordenó borrar parte de los registros de seguridad relacionados con la noche de la desaparición.
Conclusión provisional:Hansel Moreau no está encerrado porque sea peligroso para sí mismo.Está encerrado porque alguien teme lo que pueda hacerle a los demás.»
Tenía muchísimas preguntas sobre lo que leía, pero antes de preguntar, decidí terminar de leer.
«Reporte 2, anexo al anterior:
Nada.
Hansel continúa sin cooperar.No responde preguntas directas. No niega nada. Tampoco confirma nada.
Solo sonríe.
Una sonrisa lenta, torcida, incómoda. Como si supiera algo que nadie más sabe dentro de este lugar. Como si estuviera esperando pacientemente a que todo empeore.
Durante los interrogatorios mantiene contacto visual excesivo con el personal. No parpadea demasiado. Eso ha provocado incomodidad en varios doctores y episodios de ansiedad en dos enfermeros del turno nocturno.
Cuando se le preguntó por los incidentes recientes, inclinó apenas la cabeza y dijo:"Ustedes siguen buscando monstruos en las habitaciones equivocadas".
Después se rio.
No volvió a hablar en toda la sesión.
El rector no ha regresado a verlo desde el incidente de la desaparición, aunque continúa ordenando personalmente cualquier modificación relacionada con su expediente. Varias partes de su historial clínico fueron eliminadas esta mañana sin autorización del equipo psiquiátrico.
Se le informó a Hansel que sería trasladado permanentemente al edificio B si confesaba cualquier relación con las muertes recientes. No mostró reacción alguna.
Sin embargo, al escuchar el nombre de Brisa Jones, sonrió.
M.D.
—¿Quién es este tipo? ¿Lo conoces? ¿Sabes por qué reaccionó así ante mi nombre? ¿Me conoce de algo?
—Cuántas preguntas, Brisa. No me parecías tan curiosa.
—Responde —le ordené, tensa.
—Lo conozco. Es uno de los internos más peligrosos y uno de los pocos que continúa en ese pabellón por su mal comportamiento.
—¿Sabes quién es M.D.? —volví a preguntar con la mirada clavada en Ritter.
—Tengo mis sospechas.
—Quiero ir a verlo. Quiero preguntarle yo misma qué... qué tiene que ver conmigo y si... si fue él quien está asesinando personas.
—¿Estás segura de que eso es lo que quieres, pequeña Brisa?
—Sí.
—Entonces es hora de que conozcas a Hansel Moreau.