Ritos de estorninos (Escudo de gorriones 2) Capítulo sesenta. Caspia
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Capítulo sesenta. Caspia

Capítulo sesenta CASPIA

Resiste.

–Por favor, Caspia... –La voz de Andreas era un murmullo apagado contra el fuego que me ardía en las venas.

El monstruo tenía sed de muerte. De que su sangre se sumara a los charcos que crecían sobre el mármol del suelo. De que le tiñera la lengua.

Resiste.

Un grito me desgarró la garganta y sacudió las paredes.

Soltó la espada.

–Te amo.

Resiste.

Luché contra el dolor. Contra la sed de sangre. Pero, con cada latido, el monstruo me arrebataba un poco más de control.

El llanto de un bebé llegó desde una ventana en lo alto del castillo. El sonido atravesó la locura y, por un instante desgarrador, recuperé el control.

Era una Estornino.

Yo dominaba aquel cuerpo.

Obligué a mis alas a obedecer mi voluntad.

El monstruo se enfureció.

Pero contuve su sed de sangre.

No por mucho tiempo.

Pero sí el suficiente.

Luché por la vida de Andreas.

Y por la de ella.

Hasta que mi esposo levantó la espada e hizo lo que tenía que hacer.

Y entonces el Divino me llevó a casa.