Rita Bumbum se va de campamento (Rita Bumbum 3) Atención personalizada
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Esa tarde en casa de Rita, Nico estaba de muy buen humor .

Al salir del colegio, Max se llevó a Mía a casa y él se fue con su madre a merendar a un sitio que le encantaba y donde esa tarde pidieron chocolate a la taza y un bocadillo de queso.

Janis le dedicó toda su atención: charlaron, lo escuchó con interés y le dio muchos besos y abrazos.

Janis echaba de menos momentos como esos, a solas con Nico, y disfrutó de lo lindo de esa merienda juntos.

Regresaron a casa contentos y se prometieron que otro día repetirían, aunque Rita no se fuera de convivencias.

Ninguno de ellos sabía que, muy lejos de allí, ella estaba perdida con sus amigos en el bosque y que la profesora se acababa de dar cuenta de que le faltaban las mismas criaturas que, misteriosamente, ¡siempre perdía!

— Pero ¿¡cómo es posible!? ¡Si estaban jugando al escondite con nosotros! Este grupo me va a provocar un ataque al corazón un día de estos! ¿Dónde se habrán metido? Venga, ayudadme y gritad todos conmigo:

¡¡¡RII IIIIT AAA AAA !!!

¡¡¡CA MIII III LAAA AAA !!!

¡¡¡BE T II III I!!!

¡¡¡MI G UE EE L!!!

Lo único que oían era el ruido del bosque: una rama que se partía, un pájaro piando…, pero a ninguno de los que llamaban.

—Seguro que se han escondido muy bien y que saldrán enseguida. Vamos a intentarlo un poco más —propuso Juan Manuel, que era bastante optimista.

Y los llamaron una y otra vez. Los buscaron por ahí cerca, pero no había ni rastro de los cuatro amigos por ningún lado. Finalmente, Luisa, que estaba un poco nerviosa, propuso:

—Hagamos una cosa: yo vuelvo con el grupo a la casa, no vaya a ser que hayan vuelto sin querer. Y tú te quedas aquí, Juan Manuel, por si aparecieran de repente. ¿LO VES bien?

Él dijo que sí y que estuviera tranquila, que seguro que los encontrarían pronto.

Mientras, los cuatro amigos intentaban usar la lógica para encontrar el camino de vuelta. Rita dijo:

—A ver, pensemos: Cuando Camila ha tenido RETORTIJONES, hemos ido hacia arriba, ¿verdad? Miguel se quejaba de que era empinado. Pues si era empinado para venir, ahora tendríamos que bajar, ¿no os parece?

— Hala , Rita, pareces la investigadora de una serie… ¡Qué inteligente eres! —exclamó Camila con absoluta admiración.

—¡Es lógica, Camila, no inteligencia! —Aunque a Rita le gustó el elogio que le había dedicado su amiga.

—¡Muy bien, Rita, vayamos hacia abajo! —añadió Miguel, que estaba cansado y quería volver a la casa enseguida.

—Veo dos caminos por los que podemos bajar. ¿Por cuál hemos venido, os acordáis? —Beti también intentaba usar la lógica.

—A mí me parece que he visto mucho musgo al subir. Miremos qué lado tiene más. —Rita se apresuró a investigar. Le encantaba descubrir pistas y pensaba que tenía que salvar a sus amigos de dormir a la intemperie esa noche sí o sí.

— ¡Aquí hay mucho musgo! —exclamó Miguel.

—¡Pues bajemos por donde estás tú! —gritó Rita desde el otro lado.

—Ahora nos iría bien tener un avión y poder mirar desde arriba dónde queda la casa o dónde están los demás. Cuando sea mayor, seré piloto y os salvaré si un día os perdéis en el bosque. —Camila, de mayor, quería ser piloto de aviones.

—¡Será genial! —exclamó Rita, que pensó que sería difícil que fuera piloto si su amiga tenía miedo de las alturas, pero ese no era el momento más indicado para llevarle la contraria.