29. Muro #6
—Si el túnel se inunda, dejarán de seguirnos. Sería demasiado peligroso. Podemos taponarlo con el escudo y ahogarlo. Además, la corriente incluso podría ayudarnos a empujar —concluyó Jinner.
—Hay que levantarlo, que penetre muy hondo en la tierra de arriba y tirar hasta que el flujo de agua sea tan considerable que los haga retirarse —sentenció Vinadarian.
—¿Será suficiente? —preguntó Sara—. ¿Cuánta agua había?
—Creo que sí. Puede que no la suficiente para inundar el túnel entero, pero sí gran parte.
Además, ellos tampoco sabrán nada —respondió Vinadarian—.
Creo que deberíamos tirar hasta el agujero que ha cavado el peque, justo ahí, levantarlo y tirar.
Echaremos toda la tierra abajo y el caudal será mucho más fuerte.
Con el agua de nuestro lado e inundando su parte del túnel, incluso ellos se rendirán.
—Tendrían que estar locos para intentarlo, me parece una gran idea —contestó Jyon.
—Lo que sea, pero daos prisa, por favor —respondió Álika, temblorosa.
—Una, dos, y … ¡tres! —comandó Vinadarian. Todos tiraron con fuerzas renovadas, tanto que el villano tuvo que detener el avance de los demás interponiendo su propia fuerza—. Parad, parad, aquí está bien.
Desde el otro lado, Ghrun lo escuchó.
—Planean algo. Línea uno, preparaos para abrir fuego — ordenó en un breve susurro.
—Una, dos… ¡y tres! —gritó Vinadarian levantando el escudo con todas sus fuerzas, quedándose a medias del recorrido. Jinner lo ayudó a empujarlo desde abajo—. ¡¡TRES!! —repitió el villano.
Todos tiraron, retirando la tierra del techo y dejando entrar un enorme caudal que enseguida llenaría el túnel de agua.
Ghrun nadó contra corriente, adelantándose al escudo y, golpeando la tierra con el suyo. Intentaba entrar en el túnel donde estaban todos.
—¡¡¡TRES!!! —repitió Vinadarian, chocando su escudo contra el de Ghrun. Sobrepasó su posición. Este se recolocó más adelante, clavando de nuevo su escudo y abriendo un hueco por el que entrar—. ¡¡TRES!! —repitió, con fuerzas reducidas.
Volvieron a sobrepasar la posición del lobo una última vez hasta que ya no pudieron más. El escudo cayó al suelo y Ghrun clavó el suyo para alcanzarlos, haciendo palanca para abrirse paso.
—¡¡TRES!! —dijo Vinadarian una última vez. Tan solo Jinner, Kargu, Jyon y él tenían fuerzas para empujar, por lo que solo se movieron tres o cuatro metros hasta chocar con el escudo del lobo. Este abrió a patadas un pequeño hueco en la apertura por el que apenas podía meter el brazo.
En silencio absoluto, la celebración fue inmensa al comprobar cómo se escuchaban los pasos encharcados del lobo volver por donde había venido.
El jolgorio se oscurecía de incertidumbre al no saber qué habría al otro lado del escudo.
Rogaban que hubiese funcionado. Si Ghrun se había detenido, así lo habrían hecho los demás.
Regresaron al volcán. Bajo la luz ígnea y el calor del magma y ante la mirada atónita de los civiles que se habían quedado, pudieron festejar, pese a que ya no les quedaban fuerzas para hacerlo.
Vinadarian dio una última orden tras comprobar por enésima vez que nadie los seguía por el inmenso pasaje que habían construido, y dejó el escudo a un costado de la salida con sumo cuidado.
—Ni siquiera lo he preguntado, pero esto del túnel es cosa tuya, ¿verdad, Mina?
—preguntó al pequeño a su lado. Minaryan asintió con la cabeza, muy orgulloso, y su hermano le hizo una incómoda caricia con su única mano libre.
Sonrió a Vinlit y los demás, que observaban la escena.
Caminaron con cautela hasta el otro lado del volcán, donde el terreno era estable.
—Gracias —dijo Vinadarian con amargura—.
Gracias por escucharme, gracias por desobedecer, gracias por romper las normas y por respetarlas.
Por confiar en mí y por dudar de mí, por todo.
—Resopló, desvió la mirada y se enrojeció lo justo para que los que lo conocían se percataran—.
Me gustaría pediros una tontería. Un momento que recordemos cuando pensemos en todo esto.
—Jadeó, respiró hondo y se esforzó en labrar una sonrisa—.
Ya no me quedan fuerzas, y seguro que a vosotros tampoco, así que entendería que os negarais.
—Agitó la mano, miró a Jinner de reojo—.
¿Querríais levantar el escudo que nos salvó, todos juntos?
Sin mediar palabra, amigos y conocidos se situaron en distintas partes del escudo, quedándose Minaryan justo debajo.
—Uno —dijeron Jyon, Herbia y Sara.
—Dos —continuaron Kargu y Jinner.
—¡TRES! —concluyeron Minaryan y Serquam, con Za-Jir emulando su grito.
Vinadarian levantó la inmensa placa sin apenas hacer esfuerzo, ante la orgullosa mirada de todos cuantos habían presenciado sus hazañas.
Las sonrisas y las carcajadas sustituyeron a los gritos, los aplausos a los gruñidos y las felicitaciones a las malas miradas.
Pero se cernía sobre el volcán la sombra que los protegió, sostenida por todos aquellos que ayudaron a derribar, una vez más, el muro.
Un muro que sirvió de espada y de escudo.
La sombra de la esperanza proyectó su inmaculada imagen en la roca volcánica.