Rinaryan: La huella de un fantasma 25. La primera página #2
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25. La primera página #2

—Te vas a marchar sin haberme dado la oportunidad de hablar contigo.

—Antes de poder siquiera abrir la boca, la niña continuó con la voz quebrada y aguda, los puños apretados y alzándose de puntillas.

Sus palabras fueron un fulminante destello de fuerza que clavó en su corazón como una estaca—: Solo te pido unos minutos.

No quiero molestarte ni tampoco hacerte daño, pero necesito que me contestes.

En una fugaz petición con la mirada, Vinlit le denegó cualquier posibilidad de usar la planta superior, por lo que, si quería conversar en privado, tendría que ser a la salida del volcán.

Asintió con templanza y respeto a su petición. Entre calladas caricias y despedidas cortadas, el tumulto lo siguió hasta la salida.

Respiró hondo. La fugacidad de su estancia solo se comparaba a la intensidad de lo vivido. No llegó a la hora y, sin embargo, el hombre que entró era muy distinto al que salía. Eso pensó, pero al ver a todos bañados por la luz del sol, no pudo evitar trazar otra sonrisa.

Las sombras de su aventura danzaban bajo la lluvia de rayos. Tan solo se había encontrado.

Mediría bien sus palabras antes de partir. No quería ser dramático, tampoco condescendiente o parecer indiferente; no fue difícil, menos aun cuando la pequeña le apretó la mano con impaciencia.

Incluso Vinlit parecía expectante. Podía verla fingiendo desinterés escondida entre la gente como una niña pequeña. En su madriguera, esta había sido su forma de defenderse, siempre lo fue. La peor de las tres hermanas.

Las palabras fluyeron como el agua cae de una cascada, en tono calmado. Su rostro vestía la esperanza del ingenuo y la sonrisa que tanto le había costado recuperar.

—No hubo falsedad en las palabras de la científica.

Aún hirientes y faltas de respeto, cada cosa que dijo portaba el rigor digno del puesto que ocupa.

Sus inmensos logros la llevaron al descubrimiento y control de la llamada esencia de dios.

Según mis conocimientos, se bautizó así debido a que es una figura ideal y cambiante según la religión o cultura que la aprecie o desprecie.

Si bien no tiene nada que ver con ser un dios, sí se acerca a lo que podemos imaginarnos como uno.

Leer pensamientos como un libro, controlar lo que hacemos o incluso quiénes somos son algunas de las funciones que se me ocurren que podría lograr.

Ella es mucho más inteligente que yo, y con tanto poder puede hacer cosas que yo no sería capaz de imaginar.

»Fue odiada por muchos, por cuantiosos motivos.

Pero el principal nunca cambiará; un poder tan inconmensurable en manos de una sola persona limita la libertad de todas las demás.

Y, sin embargo, no es más que una minúscula parte del mundo en el que vivimos.

Ínfima en comparación con cada instante que pasa.

Comprobaron que las leyes físicas se rigen por la perfecta unión entre ellas y la esencia de la naturaleza, una mucho más amada que amplificaba a todo aquel que pudiera ayudar.

Esa esencia se bautizó en su momento como «esencia del destino».

Destino significa que el futuro está escrito y que, por lo tanto, nunca existió la libertad que engendró nuestro odio.

Vinadarian apretó la mano de Serquam con complicidad y observó a todos sus espectadores durante unos segundos antes de continuar. Su figura se apagó con el sol en alto tras de él, convirtiéndose en una silueta de un hombre tomando la mano de una niña.

—No soy ningún héroe, no soy nadie especial ni pretendo serlo.

Solo el fantasma de un niño buscando refugio para los que, como él, son incapaces de encontrarlo.

Pero he aquí mi mensaje. Si el destino es tan cruel de haberme hecho sobrevivir a su peón, así sea.

No importa. Si la lógica debe marcar nuestro camino y no nuestro corazón, no importa.

No deberían haberme mostrado un hueco en su impoluto muro.

Lo haré más grande. Más amplio. Golpearé hasta quedarme sin dedos, sin brazos y sin espíritu, con la única esperanza de mostrar mi puño al siguiente que tome mi lucha.

Lo único que pido a cambio no es que toméis mi lucha, sino que dejéis atrás vuestro odio al cruzar al otro lado.

Minaryan dio un paso al frente con fuerza y devolvió la mirada a su hermano con el ceño fruncido, asintiendo en silencio. Jyon lo imitó, acompañándola Niza junto a su pierna derecha. Tras ella, Herbia y Sara al mismo tiempo. Za-Jir se puso a su altura poco después.

Vinlit fue la última en formar la línea. También la última en hablar. Se limpió el polvo de los hombros y enderezó su postura, manteniéndose regia antes de contestar.

—Nadie escapa al destino. Nada escapa a la lógica.

A pesar de haberte conocido desde hace más de diez años, descifrar los entresijos de tu mente y escuchar cada palabra que tuvieras que decir o que jamás hubieras dicho, no reconozco a la persona que sale de mi propio territorio.

Tampoco me reconozco a mí misma al desear algo ligado a la probabilidad y al destino que tratas de destruir, pero te deseo suerte.

El anochecer no se hizo esperar. En la cuna del silencio se escuchaban sus pasos bajando la montaña para hablar.

Las luces se apagaban, el tiempo se agotaba.

La noche del quinto día había llegado. Trató de no alejarse mucho, pues la pequeña debería volver al finalizar su conversación, y bajo la luz de la luna llena la escuchó atónito.

—Aquel día…, cuando tuviste que decidir entre mi papá, Yayika y yo… No sé a quién podrías haber elegido. Pero necesito saber ¿por qué mi papá? Llevo preguntándomelo desde que hablamos esta mañana… Y al escucharte me pregunto si era parte de alguno de tus planes, si fue lo mejor para salvarnos o…

Vinadarian negó con la cabeza.

—Es difícil determinar un porqué. Yo también le he dado muchas vueltas, y creo que no puedo darte una respuesta concreta, sino lo que sentí en ese momento.

No he tenido muchos amigos a lo largo de mi vida.

Te considero uno de ellos, y a él lo consideraba otro, quizá a Yayika no tanto, pero sí la guardo respeto y cariño porque que ha cuidado de ti y lo bien que se comportaba con Minaryan y Kargu.

Es una buena persona. Era la elección más racional para mí, lo primero que se me pasó por la cabeza.

Serquam apretó la mano aún más y su respiración se agitó mucho, sus hombros temblaban casi tanto como sus labios.

—¿Y por qué elegiste entonces a mi papá?