7. Depredador #3
Rodeando el bosque, cerca del río, avanzando tras los peñascos y colinas, escondiéndose en cada recoveco, sacaban tiempo para distenderse y observar, emitir algún comentario, señalar las maravillas que encontraban.
Árboles de tronco azul, enredaderas que crecían desde la copa de los árboles y caían a la tierra, drenándola y escupiéndola, esparciendo cientos de miles de semillas y alejando a geevars y personas por igual.
Flores que emitían sonidos hermosos, agudos que jamás habían escuchado antes, ondas que seguían las vibraciones del aire y cuya melodía cambiaba con el viento que las agitaba.
Criaturas lanudas y toscas, en apariencia rudas y de naturaleza tranquila, que dejaban paso a los maravillados viajeros.
Frutos que atraían las hojas del propio árbol en el que se encontraban, vistiéndose con una elegante cota hasta pesar lo suficiente como para caer al suelo y hacer germinar sus semillas…
Disputas territoriales entre criaturas monstruosas, cuyo choque resonaba tanto como el estallido de una bomba, zarandeando el bosque entero en numerosas ocasiones.
Cazadores y presas siendo devorados por el suelo mismo que pisaban y tantos otros misterios y maravillas que descubrirían con el pasar de los días.
La inmensa fuerza de Jinner les permitió sobrevivir a los escasos ataques de geevars que hubo durante su travesía.
La escena bélica beneficia mucho a aquellos que abrazan el sigilo y están tan asustados que ni siquiera el hambre los frena.
Fueron dos largos días de caminata. Durante la primera mitad del primero pudieron vencer la sed con el agua dulce del río, aunque a Minaryan le costaría unos grandes dolores de estómago que lo incapacitarían para caminar durante la otra mitad.
Vinadarian y Kargu se turnaron para llevarlo.
Durante el segundo, tuvieron el ataque más peligroso de una de las criaturas, con Vinadarian a la cola del grupo.
Fue emboscado por una sigilosa y letal alimaña que se enzarzó con él desde las sombras, escondida en unos hierbajos.
Era poco mayor que un perro pequeño. Vinadarian cayó al suelo tras un corte en el cuello y se desplazó con las manos hacia atrás como pudo.
El tacto de la tierra le reveló algo de lo que no se habían percatado hasta ahora.
La tierra era distinta a tan solo unos metros de distancia, pues allí era húmeda y blanda, de un tacto similar a la tierra común, pero aquí tenía una textura endurecida, áspera y de un grano distinto, afilado, que le cortaba superficialmente los dedos al apoyar su peso.
Jinner actuó rápido. Su fuerza y velocidad sobrehumanas dejaban a Kargu y Minaryan asombrados, pero nunca las había lucido a un nivel siquiera similar a cuando detuvo a la criatura.
Di un salto limpio apoyado en su pierna derecha y aterrizó con la izquierda, derrapando delante de su ataque.
Atrapó sus garras con la mano derecha y las apretó con un poder desmesurado, quebrándolas como cerillas deshechas atropelladas por una apisonadora.
El geevar salió a toda prisa, sangrando por la pata y cojeando, pero con el ímpetu de los que aprecian su vida.
Pasmados, ambos supieron que frente a ellos estaban las dos únicas personas que podrían hacer de una tormenta su hogar. Vinadarian río y Jinner lo acompañó al poco.
—¿También te has dado cuenta? —le preguntó el segundo al primero.
—Siempre superas mis expectativas —respondió Vinadarian.
Jinner le tendió la mano, ayudándolo a levantarse.
—Hay cientos, pero solo merodean por aquí los más pequeños —dijo con una sonrisa satisfecha.
—Es porque son territoriales, ¿no?
—Entiendo que sí, pero creo que también tiene algo que ver con la tierra, creo que lo que pasó ha afectado todas las facetas del entorno. Quizá también el aire, la gravedad, el agua…
Kargu y Minaryan no entendían nada, era como si hablaran su propio idioma, algo de lo que se percató Vinadarian.
—Chicos, Jinner nos ha estado llevando por el borde de dos biomas. ¿Ha sido sin darte cuenta? —dijo, implicando a todos en la conversación
—Ecotono, Vina. Bueno, no sé si vosotros conocíais ese nombre…
Es que a mi madre le gustaba mucho la naturaleza —contestó Jinner abriéndose a ellos—.
Al principio ha sido sin querer, simplemente he hecho lo que me pediste.
Es el camino donde hay menos actividad y vamos hacia donde se produce la mayor actividad.
Es natural que me terminara dando cuenta, pero no quería desconcentraros.
Lo habéis hecho muy bien aguantando hasta aquí.
Minaryan sonrió de oreja a oreja.
—¿Eso significa que hemos llegado?
Jinner le devolvió la sonrisa, pero bajó el tono para indicar al pequeño que no se relajara.
—Estamos a punto, y este significa que hay ciertos lugares en los que el peligro es muchísimo menor. El plan de tu hermano ha empezado a funcionar sin que nos demos ni cuenta —le respondió guiñándole un ojo.
—¡Y no ha tenido que morirse nada de nada! —respondió Minaryan, emocionado, en un grito que inundó cada brizna de hierba, grano de arena y gota de agua de cada bioma que pudiera haber.
El peligro acechaba y, a pesar de las dificultades, los chicos brillaban con luz propia.
Las promesas, las metas, los objetivos y la supervivencia del grupo formaban parte del inmenso mecanismo que movería el mundo hacia algo mucho mayor que la palabra destino, pero era tan solo uno de sus engranajes.
La procedencia es, a menudo, la madre de la inspiración. Con artistas, matemáticos, ingenieros e incluso luchadores, se ha comprobado que la humanidad utiliza su pasado como aprendizaje y motivación hacia el perfeccionamiento.
Durante varias semanas, los cuatro jóvenes experimentarían las dificultades de seguir con las locuras de aquel que hacía de nexo de su extraño pero profundo vínculo.
Sin embargo, incluso los más insólitos engranajes requieren de otras piezas para funcionar, lo cual lleva a contar los devenires de esta historia desde una nueva perspectiva.