5. Violencia #3
Inadvertidos, los médicos que trataban las heridas de Vinadarian presenciaban incrédulos su capacidad de regeneración.
Cuando este recobraba la conciencia, escuchó el disparo.
Su piel se erizó, y contempló de primera mano a la mujer empujando a su amigo justo antes de recibir un balazo en la frente que la hizo caer en seco.
El resto de la escolta se volteó temblando y comenzaron a disparar en todas direcciones bosque adentro, lo que atrajo la atención de las criaturas del bosque que los rondaban.
Vinadarian salió despedido dando tumbos hacia sus amigos. Tomando a Kargu del brazo, lo subió sobre su espalda y agarró a Minaryan de la mano. Corrió sin mirar atrás en dirección opuesta a los disparos, metiéndose en el bosque.
—¿Qué coño está pasando? —preguntó entre doloridos gruñidos al golpearse con algunos troncos.
—No lo sé —respondió Kargu.
Minaryan no podía seguir bien el ritmo, sus piernas estaban ya muy débiles y se tropezaba cada pocos pasos, por lo que al adentrarse entre los árboles Vinadarian lo dejó descansar un poco.
—¿Puedes aguantar? —le preguntó, preocupado.
—Tengo miedo, Vi —respondió el pequeño, aterrorizado.
El mayor no supo contestar, solo apretó los labios con frustración y contuvo las lágrimas.
—Un poco más, vamos —dijo en tono de súplica.
—Estaban buscando a alguien peligroso en esta dirección. Iban tras él cuando dieron con un monstruo que atacó a unos niños —respondió Kargu.
—Joder, ¿prefieres que volvamos? ¿No ves que no tenemos ninguna otra opción? —dijo Vinadarian tratando de no elevar demasiado el tono.
—Si Minaryan no puede seguir, la mejor opción es que volvamos nosotros y les pidamos ayuda. Es lo mejor para los tres. Puedes volver a buscarnos cuando encuentres lo que buscas, yo cuidaré de tu hermano hasta entonces —sentenció Kargu.
—No, no… No es seguro. Es solo una posibilidad. —A Vinadarian le temblaba muchísimo la voz y se contagió a sus extremidades en muy poco tiempo.
—Seguir los tres es una opción mucho peor —respondió Kargu con firmeza.
—¿Y si os han visto ir conmigo? ¿Y si han oído que sois mis amigos? Mierda… Déjame pensar…
—No tenemos tiempo, hay que decidir ya —contestó Kargu de inmediato.
—¡¡Joder!! Tienes razón. —Vinadarian tomó de la mano a su hermano y se la ofreció a Kargu, quien la agarró con fuerza, impidiendo que pudiera zafarse, lo que provocó un ataque de ansiedad en el pequeño, que empezó a hiperventilar y llorar.
Estaba a punto de echarse a gritar cuando lo acalló el sonido de otro disparo mucho más cercano.
Le siguió una tromba incesante de disparos, todos con la misma arma semiautomática, repetidos en un patrón muy regular, y gritos de celebración.
—¿Lo tienes? —gritaba una voz masculina bosque adentro.
—¡¡Ayuda!! —gritó otra con esfuerzo mientras forcejeaba.
—¡¡Hay que matarlo ya!! —gritó el primero—. ¡¡Dispara, dispara!! —sentenció con la voz temblorosa.
Vinadarian echó una rápida mirada a Kargu y a Minaryan y, sin mediar palabra, supo qué era lo que debía hacer, echando a correr en la dirección del ruido para investigarlo. Aprovechando el ruido y la confusión, el pequeño consiguió zafarse y salió tras su hermano, presenciando la escena junto a él.
Tres hombres yacían en un enorme charco de sangre.
Un cuarto forcejeaba con alguien en el suelo, peleando por su arma, y el quinto apuntaba a la persona bajo este.
Superado por la urgencia, el hombre armado disparó a su propio compañero con objeto de dañar a quien estaba debajo, lo que terminó volviendo la situación en su contra.
Lejos de herir al desconocido, este rodó sin esfuerzo, intercambiando posiciones con el hombre con quien forcejeaba, demostrando que tenía la situación controlada.
Ante la mirada estupefacta del en vano despiadado soldado, el desconocido había arrebatado en un abrir y cerrar de ojos el arma de su ya fallecido compañero. Disparó sin demora, pero, para sorpresa de ambos, se había quedado sin munición.
El hombre trató de acabar de una vez por todas con el desconocido cuando Vinadarian chocó con su brazo y desvió su arma. Enfurecido por haber perdido su oportunidad, el soldado lo placó y cayeron juntos a un costado, rodando ladera abajo lejos de la pistola.
Sin tiempo de reacción, las manos de su enemigo ya presionaban el cuello de Vinadarian, dejándolo sin aire.
Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, agarró las muñecas de su enemigo y pudo separarlas poco a poco hasta respirar una ligera bocanada de aire.
Con una pequeña sonrisa burlesca, lo miró a los ojos antes de balbucear algo que no olvidaría.
—N-no voy a ponértelo tan fácil.
Su enemigo lo soltó, boquiabierto, mientras la luz de la luna iluminaba la escena al superar los nubarrones nocturnos y penetrar la maraña de árboles.
El chico, de la edad de Vinadarian, con el pelo rubio y corto en punta y pequeños rizos al final, ojos verdes, ropas polvorientas con restos de sangre y hechas un harapo, se apoyó en los brazos contra el suelo y lo miró boquiabierto con lágrimas contenidas.
—Eres… Eres tú… Has… Has vuelto de verdad —dijo.
—Te lo prometí, Jinner —respondió con una sonrisa sincera y aliviada.
Y Jinner sonrió por fin.