Riftborne (Trilogía Esprithean 1) Capítulo 48 #2
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Capítulo 48 #2

—Fia, te he dicho que ya iba. Por favor, danos un segundo —dijo Laryk mirándome.

—Creía que era una buena ocasión para presentarme al fin. Narissa, ¿verdad? —Esbocé una sonrisa—. Es increíble que no hayamos hablado hasta ahora. Parece que tenemos muchos intereses en común.

No pude adivinar si Laryk quiso reírse o reprenderme, pero había una gran tensión que crepitaba con estática. Calmé el escalofrío familiar que me recorría la columna.

No necesitaba mi foco para aniquilar a Narissa, iba a hacerlo con palabras.

—Hablas de mi insubordinación directa, pero tu mascota todavía está aquí. ¿No le acabas de decir que se marche? —espetó ella, poniendo mala cara.

—Ah, ¿este era el comportamiento ejemplar tan célebre del que me hablabas? —inquirí, dirigiendo mi pregunta a Laryk—. Sí, parece la defensora del compañerismo.

Laryk tuvo un tic en la mandíbula mientras se giraba hacia Narissa.

—Si tienes la intención de conservar tu puesto como oficial en mi facción, te sugiero que te marches ahora mismo.

Los ojos de Narissa brillaron de rabia mientras lo miraba con las fosas nasales dilatadas.

—Entonces ¿esperas que parta hacia Stormshire esta noche? —siseó.

—A primera hora de la mañana. Mientras tanto, regresa a tus aposentos. No puedo permitir que tus quejas personales den a mi facción una mala imagen, sobre todo en un momento así.

—¿Que yo soy la que está dando una mala imagen a la facción? —La rabia resonó en su carcajada—. Tú eres el que se está follando a una riftborne. ¿Qué imagen te crees que das tú? —Se detuvo—. ¿Cómo crees que me siento yo al respecto? Ya sabes lo que me hicieron a mí. A mi familia.

—Ah, ahí está. Me alegro de saber que tienes a una persona tan intolerante dirigiendo tu facción, Laryk. Sin lugar a dudas, eso da una imagen estupenda. —Me crucé de brazos, asintiendo en dirección a Narissa. Iba a dejar que se hundiera ella sola.

Cuando su nombre de pila me salió de la boca, a ella le refulgieron los ojos y por fin se dirigió a mí.

—Es el general Ashford, pedazo de zorra —espetó, acercando su cara a la mía. Yo le sonreí sin moverme.

Laryk la agarró del brazo y la apartó de mí.

—Narissa, vete. Ahora mismo. Antes de que me enfades de verdad —gruñó—. Haré que te trasladen a otra base y te degraden como digas otra puñetera palabra.

Los ojos de Narissa todavía ardían de rabia, pero vi un atisbo de dolor en ellos. Nos miró a los dos sin parar y se detuvo, abrió la boca y la cerró un segundo después. Se dio media vuelta y se precipitó hacia las escaleras. Prácticamente pude sentir el calor que emanaba cuando pasó por mi lado.

—Fia, te he dicho que te quedaras en la mesa —dijo Laryk, poniéndome una mano en la espalda y guiándome a través de la multitud una vez más.

—Ya sabes que no se me da muy bien seguir órdenes. —Me encogí de hombros aún con una sonrisa en la cara.

Laryk suspiró. Pude oír cómo ponía los ojos en blanco mientras nos acercábamos a la mesa.

—No suele ser tan agresiva —señaló, retirándome la silla.

—Te dije que piensa que estáis juntos —respondí, sentándome—.

Y sé que con toda probabilidad has hecho cosas para llevarla a esa conclusión.

—¿Era eso lo que me estaba haciendo a mí también?

¿Cómo podía estar segura de que él no le había dicho a ella en algún momento que era importante, que era la clave para ganar todo esto?

Laryk centró toda su atención en mí, entrecerrando los ojos. Movió una mano hasta mi muslo y deslizó hacia arriba la raja de mi falda.

—Sabes que no lo estamos —murmuró, y, a continuación, se inclinó para morderme la oreja. Su aliento me hizo sonrojarme. Me removí en mi asiento mientras su mano viajaba más hacia arriba por mi pierna y me miraba fijamente—. Ya te lo he dicho: no soy de relaciones.

Contuve una mueca de dolor cuando las palabras salieron de sus labios con tanta facilidad. Como si lo hubiera dicho tantas veces que se hubiera convertido en un hábito. Casi fue gracioso cómo la afirmación me tranquilizó y me rompió el corazón a la vez…

Sonaron las trompetas, anunciando la llegada del rey y la reina. Laryk agachó la cabeza y retiró la mano mientras ambos centrábamos nuestra atención en las puertas al final del salón.

Observé sus imponentes siluetas familiares deslizarse por la estancia hacia los tronos. Iban rodeados de su personal de seguridad, miembros de la Guardia Real con uniformes esmeralda. Hice una reverencia junto con el resto de la sala y me incorporé una vez que subieron al estrado.

El rey se volvió para mirar a sus súbditos, alzando las manos en un gesto triunfante.

—Sentaos. —Su voz resonó por todo el espacio—.

Nos enfrentamos quizá a la mayor amenaza que nuestro reino ha visto nunca —dijo, bajando la cabeza.

Se paseó por la tarima—. Aossí de todas las clases han dado sus vidas para proteger la isla de un enemigo invisible, implacable y salvaje en su misión de destruir nuestro hogar.

No obstante, no les dejaremos ganar. Lucharemos hasta el final por Sídhe.

No sucumbiremos a la oscuridad. —Alzó su cáliz en el aire, y toda la habitación se unió a él, elevando sus bebidas hacia el techo.

El sonido de una puerta de madera abriéndose con un crujido atravesó los vítores. Entonces, se hizo el silencio.

Un frío recorrió la habitación seguido de una brisa sutil. Y, una a una, las velas se apagaron. Solo permaneció la luz verde filtrada de la luna. Todo el mundo se quedó quieto, mirando a todos lados.

Uno de los guardias reales que acompañaban al rey y a la reina dio un paso adelante, les puso una mano encima a los dos y, con una oleada de energía, sus siluetas desaparecieron de la vista.

Me quedé sin aire.

Estaban aquí.

No iban a Stormshire.

Los espectros se dirigían hacia aquí todo el tiempo.

Por ese motivo los había visto pasar por Torre Creciente.

Se me aceleró el pulso, y, durante un instante, sentí que me iba a desmayar. Pero no podía. Había llegado el momento. Esto era la guerra, y estaba justo en medio de ella.

Laryk me agarró del brazo con mucha fuerza mientras la energía cambiaba. Un chasquido hizo que dirigiéramos los ojos hacia la esquina de atrás. Oí las respiraciones de todas las almas que tenía cerca.

Las sombras irrumpieron por toda la habitación, retorciéndose y expandiéndose, envolviéndola en una oscuridad total y absoluta.

Un grito desgarrador resonó en los pasillos, y un olor metálico familiar llenó el aire a nuestro alrededor.

Sangre.