Riftborne (Trilogía Esprithean 1) Capítulo 34
69%

Capítulo 34

E l paseo me tomó más tiempo de la cuenta, pues no había contado en un principio con los artilugios rompetobillos que Laryk consideraba zapatos.

Sentí el fantasma de su mirada fija en mí y me tiré del vestido hacia abajo con nerviosismo.

Osta había elegido un restaurante en el puerto.

El lugar ofrecía una vista deslumbrante de la ciudad y su reflejo en el agua a sus pies. En los muelles corría una brisa húmeda por el mar que hizo que se me estremeciera la piel expuesta. Inhalé el aroma del pescado asado.

No fue complicado encontrar a mis amigos tras navegar por las masas de aossí que poblaban el muelle. Raine se había asegurado de reservar la mejor mesa al aire libre.

—¡Siento muchísimo llegar tarde! —Me acerqué corriendo y encontré un hueco vacío al lado de Raine y enfrente de Briar y Osta.

Me sorprendió ver que Nazul se había atrevido a aparecer.

Había copas más o menos llenas sobre la mesa. Tenía ganas de tomarme algo y de la relajación que me proporcionaría, pero necesitaba estar en pleno uso de mis facultades para contar la historia con claridad.

—Eh…, ¿hola? ¿Quién es esta tigresa que hay entre nosotros? —susurró Briar con los ojos abiertos como platos.

—¿Fia? ¿Dónde tenías escondido este vestido? —En un movimiento instantáneo, Osta rodeó la mesa, me levantó de la silla y luego me giró con torpeza para poder verlo mejor.

—¡En serio, Fia! ¡Estás despampanante! —Raine sonrió y levantó la copa en mi dirección a modo de brindis.

Un rubor me tiñó las mejillas y puse los ojos en blanco mientras guiaba a Osta con delicadeza de vuelta a su asiento.

—Es que… quería traer algo nuevo, así que me he ido hoy de compras después de marcharme del cuartel. —Esperé sonar convincente, pero, cuando Osta abrió los ojos de par en par, supe que debía haberme limitado a morderme la lengua.

—¿De compras? ¿Tú? ¿Y no me has invitado? —Osta se llevó la mano al corazón como si le hubieran asestado una puñalada; el alcohol sacaba a relucir el dramatismo.

—¿Adónde te ha llevado Mercer, por cierto? —interrumpió Raine, salvándome de una mentira piadosa para obligarme a soltar otra.

Repetí las palabras del general:

—Tenía que firmar unos documentos de mi primer día que se traspapelaron.

—Pues has tenido suerte, porque Mercer no nos ha dado tregua durante el resto de la sesión —se quejó Briar.

Con una mueca, les ofrecí una mirada pesarosa a los dos.

—¿Os importa que me siente aquí? —Alzamos la vista y nos encontramos a Draven incómodo al lado de la mesa.

Se había recogido el pelo negro que por lo general le caía por la cara.

Al fin pude verle los ojos gris azulado enmarcados por unas pestañas oscuras.

Era obvio que había ganado músculo debido a todo nuestro entrenamiento.

—¡Draven! Me alegro de que hayas decidido venir. ¡Siéntate, siéntate! —Briar tiró de un taburete vacío que había en una mesa detrás de la nuestra y lo puso en la cabecera.

—Sí, pensé que, si total iba a meterme en problemas por las actividades del grupo fuera de clase de todas formas, al menos debería participar también. —Nos dedicó una media sonrisa mientras tomaba asiento.

—¡Vamos a pedir una ronda de bebidas! —Osta dio palmaditas y le hizo una señal al camarero.

Tal vez una copa no me vendría mal.

Draven era sorprendentemente divertido cuando estaba borracho. Esperaba que se uniera a nuestras quedadas en el futuro.

Las siguientes horas pasaron en un suspiro.

Antes de pagar la cuenta, Osta se marchó a refrescarse.

—¿Sabes que el general Ashford ha vuelto? —preguntó Raine mientras esperábamos a que Osta regresara.

—No tenía ni idea —respondí demasiado rápido.

—Estoy seguro de que estás muy emocionada por que haya vuelto, Fia, ¿verdad? —La voz de Briar había subido una octava y arrastraba un poco las palabras.

—¿Qué quieres decir?

—¿Por qué pareces tan avergonzada? Te estás tirando al general. ¡Eso es un logro! —Soltó una risita, y, aunque estaba de broma, el volumen con el que lo dijo no lo parecía tanto.

—No sé de qué estás hablando, la verdad… —Me removí, con la esperanza de que nadie estuviera prestándonos demasiada atención.

—Briar, baja la voz un poco —dijo Draven.

—¿Por qué si no iban a estar teniendo lecciones privadas en un gimnasio fuera del campus? No me parece nada inocente. —Briar apretó los labios y movió las cejas.

Fulminé a Raine con la mirada mientras se me revolvía el estómago. No me podía creer que le hubiera contado esa información a alguien después de que le pidiera que no lo hiciera. Por la apariencia de su rostro, se estaba arrepintiendo.

No pude sino percatarme de que unas cuantas cabezas se giraron en nuestra dirección. Me incliné sobre la mesa y susurré:

—Ya hablaremos de esto luego. Ahora no es el momento, en serio. Haced el favor. —No fui capaz de evitar el matiz severo de mis palabras.

Briar se burló.

—Vamos a dejarnos de dramas. Se sabe que el general Ashford tiene sus favoritos. Tú no eres la primera, y seguro que no serás la última, cariño.

—¡Briar, para ya! —siseó Raine, dándole un golpe con la mano.

Necesitaba tomar un poco de aire.

—Voy a buscar a Osta —anuncié, y me puse de pie con las piernas agarrotadas. Cuando no la vi en el baño, salí a los muelles interconectados.

Miré a mi alrededor, y casi me había rendido cuando vi la silueta de Nazul inclinada sobre otra más pequeña; una lámpara titilante apenas iluminaba la vista. Estaban sumidos en un abrazo, y, en efecto, lo que tenía él entre los dedos era el vestido amarillo de encaje de Osta.

—¿Qué coño? —espeté, ya de camino a separarlos.

Ellos se apartaron aturdidos. Cuando Osta me vio, abrió los ojos de par en par.

—¡Fia! Iba a contarte lo nuestro, pero todavía es tan reciente…

—No, no, no. Esto no puede ser. Osta, no es buena persona. He visto la gente con la que se junta y sé con exactitud lo que piensan sobre los riftborne.

Miré a Nazul con furia. Él tuvo la decencia de desenredarse de mi mejor amiga y dar un paso atrás.

—No es como crees. Después de salvarme en el claro, seguimos hablando y te prometo que…

—Te lo digo en serio. Solo intenta usarte para echar un polvo. —No pude más que interrumpirla de nuevo—. Creo que es hora de que volvamos a casa esta noche.

—Fia, te prometo que no tengo malas intenciones con Osta. Me gusta de verdad… —comenzó a decir Nazul. Yo levanté una mano.

—Ni de coña. Con ella no —solté con una mirada de advertencia.

Enganché el brazo con el de Osta y empecé a tirar de ella detrás de mí, pero pude sentir cómo se resistía y miraba a Nazul.

Íbamos de camino a la barra de la terraza cuando Raine nos alcanzó.

—¿Ibais a marcharos sin decir nada? Fia, lo siento mucho. Se me escapó sin querer hace meses, antes de que nos hiciéramos tan íntimas. Nunca pensé que Briar se iría de la lengua. Es evidente que he cometido un gran error —alegó Raine con gran preocupación en los ojos.

Me detuve y respiré profundamente el aire nocturno.

Solté a una Osta confundida y me volví hacia Raine.

—No… pasa nada. Es que no sé por qué ha tenido que proclamarlo así.

No ha podido hacerlo en peor momento. —Fruncí el ceño y eché un vistazo a la calle casi vacía.

A lo mejor debería haberme enfadado más con ella, pero no estaba en posición de perder amigos en aquel instante.

Le di la oportunidad de redimirse con un nuevo secreto—.

Se me ocurre una manera de que me compenses —le ofrecí con una sonrisita.

—Cualquier cosa —me prometió Raine.

—El claro. Lo que sea que me vieras hacer… no lo viste. —Me mordí el labio y miré a mi alrededor otra vez—. Hice unos cuantos trucos y avergoncé a alguno de los chicos, lo que provocó una escena. Eso es lo único que ocurrió.

Raine me observó confundida, pero yo vi cómo conectaba los puntos tras los ojos, y asintió con solemnidad al entenderlo.

—Dalo por hecho. Se lo contaré a los demás también… Tal vez a Briar una vez que se le haya pasado la borrachera. De nuevo, lo siento mucho, Fia.

—Eso me será de mucha ayuda, gracias. —Prometí verla al día siguiente antes de enganchar el brazo con el de Osta otra vez. Ella estaba mirando melancólica hacia el agua, y no pude retener un suspiro de exasperación cuando emprendimos el camino a casa.

—Osta, ¿en qué estabas pensando? —Fruncí los labios por la desaprobación.

—Te equivocas con él, ¿sabes? Hemos hablado casi todas las tardes desde lo del claro y es más caballero que cualquier muchacho u hombre que haya conocido hasta la fecha.

Y estás ciega si piensas que no es atractivo, así que deja de poner esa cara ya.

—Me dio un empujón con la cadera, y tuve que estabilizarme para evitar torcerme el tobillo.

—No creo que lo entiendas. Es el mejor amigo de Baelor. Ya sabes, el que intentó quemarte viva.

—Ese es Baelor, no Nazul. Además, no es para nada su mejor amigo. Me protegió —argumentó.

Negué con la cabeza. No me lo creí ni por un segundo.

—Fia, sé que eres muy protectora conmigo, pero una cosa te voy a decir.

—Osta se acercó a nuestra puerta principal, se detuvo antes de abrirla y se giró hacia mí—.

Seguiré explorando esto con Nazul, tanto si te gusta como si no.

Soy una adulta que puede tomar sus propias decisiones, y me meteré en ello sabiendo las consecuencias.

Por favor, respétalo. —Osta habló con tanta claridad que me olvidé de que había estado bebiendo toda la noche. Iba en serio sobre esto.

—Vale…, pero te juro por Eibhlín que, si te hace daño, lo mataré yo misma.