Capítulo 31
–U na de nuestras partidas de investigación fue atacada durante una misión anoche mientras trataban de localizar la grieta —anunció Mercer en voz baja dirigiéndose a la parte delantera del gimnasio de sparring .
Tenía la frente marcada con unos surcos profundos.
Su conducta estaba desprovista de su templanza habitual.
Las bajas no eran inusuales, pero esto parecía distinto.
—Enviamos a un grupo de Veneno a la zona. Los acompañaban soldados e infantería de Cuerpo. Ninguno ha regresado vivo. —Un murmullo se propagó por la sala. Se me revolvió el estómago. Guardias del equipo V. Muertos.
«Espera».
—¿Quién iba en la partida de investigación? —pregunté en un tono apenas superior a un susurro. Se me aceleró el pulso con oscura anticipación. Tenía que saberlo, aunque no quisiera.
Mercer se frotó la nuca, se giró hacia el escritorio y cogió un trozo de pergamino.
—De nuestra facción…, Elyse Wellington, Devon Lanceburg, Val Stephens, Gentry Collins y Salara Marsh —dijo antes de restregarse los ojos y apoyarse contra la mesa. Oí un jadeo a mi izquierda.
—¿Salara ha muerto? —preguntó Raine con un hilo de voz.
Val… Gentry…
Estaban muertos.
Eran buenos, simpáticos y muy jóvenes. Demasiado jóvenes. Se me encogió el corazón y luché por contener las lágrimas. Algunos de los mejores y más brillantes de la Guardia. Muertos en un suspiro.
¿Cómo íbamos nosotros a sobrevivir a esto? No sabíamos lo bastante de los espectros para pararlos. Luchábamos una ardua batalla sin fin a la vista. Necesitábamos más tiempo. Necesitábamos saber más.
Y entonces me di cuenta.
No íbamos a sobrevivir.
Todos moriríamos luchando contra los espectros. Defendiendo a Sídhe. A la gente que amábamos, que estaba en sus hogares y no tenía ni idea de la oscuridad que asolaba la frontera occidental.
Debíamos hacer que nuestras vidas valieran la pena antes del inevitable final.
La ira y el miedo me invadieron. Cuando tuviera ocasión, lucharía hasta el último instante. No permitiría que esos monstruos llegasen hasta Ma u Osta…, Jacquelina o Eron…, Leila. Mataría a todos los que pudiera antes de que me robaran el aliento y me drenaran la vida. Encontraría la manera.
Noté una punzada en las palmas de las manos, bajé la mirada y me fijé en que me sangraban; me había clavado las uñas en la piel.
—Así que vamos a acelerar vuestro entrenamiento aún más.
Lo cierto es que no tenemos otra alternativa —dijo Mercer, y caminó de vuelta a nosotros—.
Hoy es el día. Vais a empezar a hacer sparring con los demás —acabó anunciando—.
Os pondré por parejas y vais a rotar de compañero a diario hasta que todos hayáis tenido ocasión de enfrentaros a todos.
Como sois impares, yo también participaré.
—Nos lanzó una mirada triste cuando nos removimos inquietos—.
No os preocupéis. No seré demasiado duro de momento.
—Su tono era ligero, pero eso no evitó que me preguntara a qué Esprithe debería rezarle para derribar a este mamotreto de hombre.
Había pasado por muchas de las salas de sparring y visto la intrincada danza del combate cuerpo a cuerpo. Me sentía segura de todas las cosas que me habían enseñado hasta ahora, pero el corazón comenzó a irme a mil ante la idea de poner al fin esas lecciones en práctica.
—Puede que yo sea un contrincante formidable, pero no soy nada en comparación con nuestro enemigo.
Esperemos que ninguno de vosotros se acerque tanto a un espectro como para tener que utilizar estas habilidades.
Que yo sepa, solo existe un hombre que ha luchado y ha sobrevivido a un ataque directo.
—Mercer se tocó la cara en el mismo lugar que el general Ashford tenía la oscura cicatriz—.
Dicho esto, no os dejaremos sin preparación. Así que venga.
No tardó en emparejarnos. Mi primer oponente sería Draven. Tendría que tener un cuidado extra para no derramar sangre. No me apetecía que me paralizaran el primer día de sparring , la verdad.
Miré por encima del hombro a las demás parejas y vi que Briar y Raine estaban juntos. El último lugar lo ocupaban Nazul y el teniente Mercer.
Algo malvado dentro de mí se agitó, y contuve una sonrisa. Era superior a mí, me moría por ver cómo le daba una paliza a Nazul.
Empezamos la sesión tanteando nuestros movimientos.
Al principio, estábamos un poco torpes, pero enseguida nos movimos con facilidad, desviando los golpes del otro con maniobras calculadas.
Con cada movimiento de mis pies, me sentía con más confianza mientras esquivaba los ataques; un equilibrio delicado entre ataque y defensa.
Una vez que cogimos el ritmo en serio, Mercer nos llevó a todos a un lado y señaló a Raine y a Briar para que se pusieran en posición y los demás observáramos.
Vi cómo mis dos amigos daban vueltas el uno alrededor del otro, pero, en este instante, eran rivales, ambos determinados a poner a prueba las habilidades del otro.
—No te preocupes, chico de la naturaleza…, te lo pondré fácil —lo provocó Raine con un destello de desafío en los ojos.
—Venga, Raine, a ver lo fiera que eres sin las chispitas de tus manos —replicó Briar con una sonrisa de diversión.
Cuando se acercaron, Raine hizo el primer movimiento y lanzó de lleno una serie de ataques rápidos dirigidos a las defensas de Briar. Este reaccionó por instinto y desvió sus golpes con entrenada precisión.
No obstante, a medida que el combate progresaba, quedó cada vez más claro que Raine llevaba las de ganar.
Sus movimientos eran demasiado veloces y sus ataques demasiado precisos para que Briar pudiera defenderse.
A pesar de sus mejores esfuerzos, el chico se encontró todo el tiempo a la defensiva mientras intentaba seguirle el ritmo.
La frustración se acumuló bajo la superficie cuando la confianza de Briar comenzó a menguar.
Raine le dio un golpe tremendo en el vientre que hizo que Briar retrocediera tambaleándose.
El chico se tropezó tras perder el equilibrio y desorientarse.
—Parece que esta ronda he ganado yo —se mofó Raine con un brillo de triunfo en los ojos.
Briar apretó la mandíbula con una expresión amarga mientras aceptaba a regañadientes la derrota.
—Sí, sí. Has tenido suerte —musitó, alejándose del tatami.
El combate entre Draven y yo fue mucho menos interesante de presenciar, seguro. A pesar de la intensidad de nuestros movimientos, no pude evitar querer contenerme e ir con cuidado para no hacerle daño.
Después de lo que pareció un interminable tira y afloja en el que Mercer intervenía para comentar sobre el juego de pies o la colocación del cuerpo, acabó declarando un empate.
—Necesito ver más de vosotros dos. Es evidente que ninguno estáis dándolo todo —nos regañó. No podía negarlo, así que me limité a asentir y me hice a un lado, donde me tiré junto a Raine y Briar, que parecía haberse recuperado bien.
El combate del teniente y Nazul fue el último.
Me había esperado una paliza absoluta, pero saltaba a la vista que el selecto entrenamiento que Nazul había recibido de su familia estaba haciendo su tan esperado debut.
Aun así, el teniente Mercer lo superó, pero se le notaba el brillo del sudor en el ceño cuando terminaron.
Estaba bien que por fin pusieran a prueba nuestro entrenamiento. Sin embargo, no pude acallar la irritante voz en mi cabeza que me decía que daba igual lo fuertes que fuéramos, jamás estaríamos preparados para la batalla que se avecinaba.