Riftborne (Trilogía Esprithean 1) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—Sí, supongo que el entrenamiento ha dado sus frutos —murmuré, y al fin pude desviar los ojos. Era verdad. Las cosas que Baelor me había dicho un rato antes, en otro momento, me habrían hecho saltar, pero, de algún modo, sin siquiera darme cuenta, había controlado con firmeza mi foco.

El rubor me cubrió las mejillas cuando las acusaciones se repitieron en mi cabeza. ¿Qué pensaría Laryk si estuviera al tanto de los rumores que habían circulado hoy en torno a nosotros?

Yo desde luego no iba a ser la que sacara el tema.

Caminó hacia la pared que tenía armarios cerrados con llave, sacó una llave de su bolsillo trasero y la metió en una de las puertas. Cuando la abrió, sacó ropa negra arrugada.

Me lanzó una camisa de algodón antes de ponerse la otra por la cabeza. Otro rayo cayó justo fuera de las ventanas y alumbró la habitación. Los ojos se me fueron a la camisa antes de volver a él.

—Noto cómo tiemblas desde aquí, pero, por supuesto, si prefieres el cuero mojado, déjatelo —dijo con un suspiro.

Parpadeé.

Se percató de mi indecisión, se rio, se dio la vuelta e hizo un gesto con la mano.

—La habitación es tuya.

Aproveché la ocasión para quitarme con rapidez el top de entrenamiento de cuero y lo reemplacé por una cálida camisa holgada. Mis sentidos se vieron enseguida envueltos por el aroma a vetiver y a ámbar quemado. Era embriagador.

Hice que mi mente dejara de derretirse y me aclaré la garganta.

—¿Estás presentable? —preguntó. Sus palabras resonaron sobre mi piel.

—Mmm —solté, no muy segura de poder hablar.

Sin mirarme, agarró una silla y se colocó a unos metros delante de mí. Por un instante brevísimo, me pregunté si habría algún motivo para la distancia.

Alejé el pensamiento; sería más fácil concentrarme así. Era incapaz de imaginar lo que su proximidad podría desatar en mí ahora mismo.

Me sentí patética.

Nunca había necesitado o deseado a nadie antes. Y, por Fírinne, no quería empezar a hacerlo ahora.

La lluvia continuó cayendo torrencialmente sobre nosotros, salpicando por todo el techo y oscureciéndonos la vista del exterior de la calle. Él paseó la vista más allá de mí, con la mirada perdida.

—Pareces distraído —no pude evitar señalar.

—Están sucediendo muchas cosas ahora mismo.

—Sacudió la cabeza y volvió su atención a mí—.

He estado trabajando sin parar. Cuando me encontré contigo anoche, acababa de salir de una reunión que había durado todo el día.

Lo… siento si… fui un poco brusco. —Sonaba tan cansado como yo me sentía.

Cuando me miró a los ojos, vi algo suave en ellos.

—No pasa nada —me apresuré a responder.

Él lo sentía.

Yo sí que lo sentía.

Laryk se reclinó en la silla y se pasó las manos por los tirabuzones cobrizos.

—Pero tengo que hablar de algo contigo. —Carraspeó.

—¿Debería preocuparme? —Alcé una ceja, liberándome de mis pensamientos no deseados.

—No es algo que deba preocuparte por ahora, pero… —se calló, como si tratara de dar con las palabras adecuadas— me van a mandar a Stormshire mañana, y no sé cuánto tiempo estaré fuera. Podrían ser unas pocas semanas, un mes tal vez. Quizá dos.

—¿Ha ocurrido algo? —Me enderecé en la silla.

Se iba. Un torrente de emociones entró en conflicto en mi interior.

Bajó la vista y apretó los labios. Tras un momento, volvió a mirarme a los ojos, muy serio.

—Necesito que esta conversación quede entre nosotros. No quiero que cunda el pánico en el cuartel.

—Ahora me estás asustando. ¿Tan malo es? —Noté cómo un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Preocuparme por él me agitó, y me retorcí en el asiento en un intento de deshacerme de esa sensación.

Era un general. No le pasaría nada.

—Los espectros han logrado abrirse paso a través de nuestros guardias, por lo que hemos incrementado las torres de vigilancia a lo largo de la frontera para que no vuelva a ocurrir, pero debemos proceder con extrema precaución.

Tengo que estar allí para poder… —Apartó la mirada—.

Tengo que estar allí para ayudar. Mercer se quedará aquí.

Debéis acabar con vuestro entrenamiento.

Es vital que todos estéis listos para lo que venga.

Me quedé paralizada, observándolo.

—Dime algo, Fia, por favor. —Nunca lo había oído pronunciar mi nombre con tanta suavidad.

—Entonces… ¿nuestro entrenamiento individual quedará pausado de forma indefinida? —Mi voz sonó más débil de lo que me hubiera gustado.

La mirada de Laryk volvió a suavizarse.

—Por desgracia, sí. Aunque quiero que sigas practicando por tu cuenta. Has avanzado mucho. —Se movió como si fuera a acercarse, pero se detuvo y acabó bajando la mano al regazo.

—Ya. —No pude evitar el tono amargo de mi voz—. He avanzado mucho.

Arrugó el ceño.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Nada.

—Fia…

—No paras de decir que avanzo, pero ¡no es así! —solté a bocajarro—. Puedo invocar mi foco, sí. También puedo mantenerlo unos segundos. Pero en realidad no puedo usarlo. No puedo practicar el liberarlo sin… —hice un gesto de impotencia— sin que quepa la posibilidad de que mate a alguien.

—Por eso estás entrenando el control…

—¡El control no es suficiente! —Me levanté de manera abrupta mientras la frustración se apoderaba de mí—.

Cuando tenga que enfrentarme a los espectros, necesito saber que puedo luchar contra ellos de verdad.

No solo mantener mi poder en algún tipo de…

—Sacudí la cabeza—. No tengo forma de practicar la aplicación real en combate.

Me voy a quedar allí plantada paralizada.

O, peor, perderé el control y les haré daño a los nuestros.

Él también se puso de pie y cruzó en dos zancadas el espacio que nos separaba.

—No lo harás.

—Eso no lo sabes.

—Sí lo sé. —Ahora estaba cerca. Demasiado—. Porque has demostrado que eres capaz de detenerte.

—No estoy preparada —susurré—. Y, cuando te marches, me voy a quedar aún más rezagada.

—Eres demasiado dura contigo misma.

—Y tú eres demasiado blando porque te sientes culpable.

Se le endureció la expresión.

—¿Eso es lo que crees? —Su tono era bajo. Peligroso.

—¿Acaso no es verdad? —lo reté—. Me obligaste a hacer esto. Y ahora coges y te vas, y yo estaré…

—Tú estarás bien. —Me agarró los hombros con firmeza—. Eres más fuerte de lo que piensas. Más lista. Más capaz. —Apretó las manos—. Y sí, te obligué a hacer esto. Pero eso no significa que no seas una fuerza impresionante que tuviera que considerar.

Nos separaban unos centímetros. Sus manos me quemaban a través de la delgada tela de mi camisa.

—¿En serio lo crees? —jadeé.

—Sí. —La palabra salió ronca. Cruda.

La lluvia golpeaba las ventanas. Un trueno retumbó.

—Laryk…

Sus ojos fueron a mi boca y se quedaron ahí.

Deslizó una de las manos de mi hombro a la mandíbula y me inclinó el rostro hacia él.

—¿Ella va contigo? —no pude evitar preguntar. No tenía derecho a saberlo, pero quería.

—¿Quién? —replicó; la confusión le hizo fruncir el ceño.

—Narissa. —Noté cómo me ardían las mejillas. De pronto, quise salir fuera a que me ahogara la lluvia.

—Pues claro. Es mi tercera al mando. Una oficial, por detrás de Mercer. —Ladeó la cara mientras me analizaba y apartó la mano de mi rostro mientras retrocedía unos pasos.

Me arrepentí al instante de preguntar. Un dolor desconocido me invadió. Quería olvidar esta conversación. Ojalá pudiera retirar lo dicho. No quería sentirme de este modo.

—Fia, debes prometerme algo. —Sus ojos se volvieron serios y me dejaron con la guardia más baja aún—.

Tienes que prometerme que no te meterás en líos mientras esté fuera.

Recuerda dirigirte a tus superiores como corresponde, con respeto.

No intentes hacer amigos nuevos fuera de Veneno. No hagas nada peligroso.

La gravedad de sus ojos se transformó en una especie de súplica, casi como si estuviera desesperado por que sus palabras se grabasen en mi piel.

—No estaré aquí para protegerte —dijo en voz baja.

Abrí la boca y luego la cerré, sin saber qué decir. Me limité a asentir.

—¿Lo prometes?

—Sí —fue lo único que pude responder.

—Y debes continuar con tu entrenamiento. Ahora es más importante que nunca.

—Me aseguraré de tenerlo controlado del todo para cuando regreses. —Suspiré, y le lancé una mirada de confianza. Esperaba que pareciera auténtica.